Francia: El triunfo de la derecha como consecuencia del carácter reformista de la izquierda
por Jorge Rossel (Chile)
19 años atrás 19 min lectura
Menos de un año después de las movilizaciones de masas contra el CPE, la izquierda tenía una excelente oportunidad de ganar, tanto las presidenciales como las legislativas. Es normal que la victoria de Sarkozy haya provocado cierta sorpresa y desconcierto y, por lo tanto, es importante arrojar luz sobre lo sucedido. Después de las elecciones han aparecido todo tipo de teorías, unas encabezadas por un sector de la burguesía europea que ve en el triunfo de Sarkozy el presagio de un nuevo período de conservadurismo social en Europa. En el otro extremo, sectores de la izquierda han sacado conclusiones pesimistas, incapaces de comprender lo ocurrido y hablando del "giro a la derecha" de la clase obrera francesa.
¿Cómo es posible que mientras cada vez más sectores se incorporan a la lucha y giran a la izquierda, la dirección reformista de los principales partidos obreros gire cada vez más a la derecha? Esto sólo refleja el alejamiento que existe entre los dirigentes reformistas, su política y su programa, de los verdaderos problemas a los que se enfrentan los jóvenes y trabajadores, y por lo tanto su absoluto fracaso a la hora de ofrecer una alternativa seria. Esto se podía ver en una encuesta entre simpatizantes de la izquierda publicada por el periódico Libération el 22 de mayo y que decía lo siguiente: "Las clases populares son más severas con el programa de la candidata, el 42% de los obreros y trabajadores atribuyen a él la responsabilidad de la derrota".
Otro aspecto importante a analizar de estas elecciones ha sido el hundimiento electoral del Partido Comunista. Después de la campaña que hizo el partido en el referéndum contra la Constitución Europea y las movilizaciones contra el CPE, parecía que el PCF podría ser el gran beneficiado de la situación, pero no ha sido así. La causa hay que buscarla en la política de la dirección del partido que ha abandonado cualquier pretensión de derrocar al capitalismo. Por ejemplo, el programa electoral, en su versión original, no incluía la renacionalización de EDF y GDF (las empresas estatales de gas y electricidad privatizadas recientemente), tuvo que incluir esta reivindicación después de que lo hiciera el PSF. El socialismo ha desaparecido de su programa y su alternativa al paro, la pobreza, la temporalidad, etc., son ajustes técnicos en la economía, distinguiendo entre capitalistas "buenos", a los que hay que premiar, y capitalistas "malos" a los que se debe castigar.
Durante la campaña electoral los medios de comunicación hicieron una enorme campaña por el "centrista" Bayrou, que consiguió el 18,5% de los votos, presentándole como una alternativa a una sociedad dividida entre derecha e izquierda y como una manera de superar esta división. Incluso en un momento determinado le daban más votos que al PSF, despertando de nuevo el espectro de las presidenciales de 2002, cuando el candidato socialista, Lionel Jospin, no consiguió pasar a la segunda vuelta, en ese caso a favor del fascista Le Pen. Su campaña se centró en promesas de "renovación política" e incluso llegó a proponer una "revolución naranja". Finalmente no consiguió pasar a la segunda vuelta aunque consiguió más de 6 millones de votos. Estos resultados dieron pie a que se hablara mucho de la necesidad de una alternativa moderada, de nuevo se presentó la necesidad de tener una alternativa de "centro". Pero el "centro" como tal, es sólo una abstracción política y este tipo de alternativas sólo representan la cara amable del sistema, y la burguesía recurre a ellas precisamente para aprovechar el descontento que existe con la política defendida por los dirigentes reformistas.
La apuesta de la burguesía francesa por un candidato como Sarkozy, conocido por sus ideas reaccionarias, es algo que debemos analizar y que marca un punto de inflexión en la política francesa. Desde que fue elegido candidato en enero de este año, ha utilizado una retórica típicamente bonapartista, intentando situarse por encima de las clases para ampliar así su base electoral. En su primer discurso como candidato dijo lo siguiente: "Durante mucho tiempo la derecha ignoró al trabajador y la izquierda, identificada con el trabajador, finalmente le traicionó. Quiero ser el presidente de Francia que sitúe de nuevo al trabajador en el centro de la sociedad (…) El trabajo no está suficientemente recompensado, el poder adquisitivo es demasiado bajo…", además de hacer referencias constantes a León Blum, el dirigente socialista de los años treinta. Pero este tipo de fraseología no puede engañar a los trabajadores porque detrás de estas palabras está la ideología de la derecha dispuesta a acabar con todos los derechos conquistados por la clase obrera.
Las encuestas publicadas por Le Monde el día posterior a las elecciones sobre la composición del voto demuestran gráficamente qué sectores ha arrastrado Sarkozy: el 57% de los votantes entre 25-34 años, el 77% de los autónomos, el 82% de los pequeños comerciantes y el 53% de los trabajadores del sector privado, fundamentalmente del sector servicios. Mientras que Royal consiguió el voto del 60% de los jóvenes menores de 24 años, el 57% de los trabajadores del sector público (que son la mayoría de la fuerza laboral), el 75% de los parados, el 58% de los estudiantes y la mayoría de los trabajadores de cuello azul.
Durante toda la campaña Sarkozy ha hecho continuas referencias a la figura de Charles de Gaulle. La misión de Sarkozy, al igual que la de De Gaulle, es aplastar a la clase obrera y sus organizaciones sindicales. Los capitalistas franceses necesitan recuperar su tasa de beneficios y necesitan introducir toda una serie de contrarreformas, enfrentarse a la clase obrera y acabar con la combatividad y capacidad de lucha que han mostrado los jóvenes y trabajadores franceses durante los últimos años. Para esta tarea la burguesía ha optado por lo que para ellos es el candidato al que no le temblará la mano. Pero la diferencia es que cuando De Gaulle llegó al poder, Francia todavía disfrutaba de una situación económica que le permitió hacer algunas concesiones durante los primeros años, aunque eso no le salvó de los acontecimientos revolucionarios de 1968. Pero en la época actual, con estancamiento económico y unas perspectivas de crecimiento que apenas superan el 2%, Sarkozy no podrá hacer concesiones ni aumentar el nivel de vida de las masas.
El 10 y el 17 de junio se celebran las elecciones legislativas y si no se produce un cambio significativo, todo apunta a que la derecha de nuevo conseguirá una victoria histórica en el parlamento. Pero por si acaso, Sarkozy se está dando prisa por concentrar la mayor cantidad de poder posible en sus manos, a una escala sólo comparable a De Gaulle.
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