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La furia de Ségolène Royal 

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Viví diez años en Francia enviado, amablemente, por el tirano Pinochet; debo confesar que lo pasé pésimo que fue todo lo contrario del exilio dorado que algunos imaginan: siendo disléxico, lavé pisos y pasé la aspiradora escondiendo la mugre debajo de la alfombra; fui guardián del Museo Georges Pompidou y me robaron los cuadros de pintores ultramodernos; como guardia de supermercado, me dediqué a regalar comida a los pobres emigrados; además, fui monitor de niños del Magreb, donde nos divertíamos cantando garabatos que me enseñaron mis alumnos en un idioma que no entendía. Mis jefes se reían de mí, pues estaba realizando el doctorado de “la escoba”. La verdad, es que odié a Francia, culpando a la tierra del asilo de la desgracia de haber perdido mis raíces.

Mi tema de doctorado en historia, en la Sorbonne. El sujeto de mi investigación versaba sobre la comparación entre el Frente Popular chileno y el francés. Para mí, Francia siempre ha sido una mezcla entre grandes epopeyas burguesas, como la Revolución de 1879 y las sucesivas de 1830 y 1848, además de la proletaria Comuna de París, (1871). Junto a estas epopeyas coexistió siempre el espíritu pequeño-burgués campesino, un tanto avaro y ahorrativo, tan bien pintado por Honoré de Balzac.

Los foros presidenciales son, en la actualidad, un verdadero juego de imágenes televisivas: hoy es imposible que se repita la hazaña de J.F. Kennedy, en la cual dejó por los suelos al bandido de Richard Nixon, de infeliz memoria para la humanidad. En el caso del foro del 2 de mayo del presente año, los periodistas no jugaron ningún papel, todo lo contrario de lo que ha ocurrido en nuestros malhadados foros presidenciales, donde los periodistas dominaron, a su antojo, a los candidatos y candidatas. En el caso de Francia, Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy actuaron a su antojo, interrumpiéndose permanentemente; claro que son personas bien habladas y no destruyen el idioma como nuestros políticos y periodistas – usted no encontrará jamás los pronombres o adjetivos, como los quieran utilizar aquí, “el cual, la cual, los cuales, las cuales, o muletillas como “poh” o “les voy a decir lo siguiente”, o errores de concordancia “hubieron” por hubo y otros tantos errores de gramática y sintaxis; desaciertos que se explican por nuestra pésima educación a todos los niveles -.

Es evidente que Sarkozy y Royal tenían la misión de atraer el 18% de los votos de Francois Bayrou. El candidato de la derecha hizo, en la primera vuelta, una campaña neoliberal y atlantista, como amigo que es  de Georges Bush y se proponía quitarle votos al fascista Le Pen; Royal, por el contrario, debía acercarse a los trotskistas,  comunistas y ecologistas. El centro político se ubicó en la candidatura de Bayrou. Para la segunda vuelta, a realizarse el domingo 6 de mayo, el panorama  ha  cambiando radicalmente: se trata de conquistar el centro político, razón por la cual ambos candidatos han moderado sus discursos.

El mal de Francia es la cesantía y, sobretodo, la exclusión que explotó en la banlieu.

Durante los primeros minutos de debate Sarkozy quiso mostrarse como un técnico en economía, como ex ministro de Hacienda del actual gobierno: intentó tratar a Ségolène  como una párvula ignorante con respecto a las medidas económicas necesarias para terminar con el desempleo; todo su ataque se centró en las famosas “35 horas”, gran conquista socialista; como buen neoliberal, propone aumentar el tiempo de trabajo, para que los supuestos “emprendedores” ganen más dinero, en desmedro de la calidad de vida de los trabajadores, de los jóvenes y de las mujeres jefas de hogar. Después pasamos a los impuestos: Sarkozy, al igual que Bush, es partidario de reducirlos, salvo que, como buen populista de derecha, los dirige a las pequeñas y medianas empresas. En todas partes se cuecen habas, como podemos ver. Royal se luce al proponer aumentar los impuestos a las ganancias en las acciones; obviamente, Sarkozy quiere reducir el Estado a su más mínima expresión, mientras que Royal pretende, al igual que Michelle Bachelet, construir un Estado protector aumentando los puestos de trabajo en hospitales y escuelas, especialmente.

Ségolène  Royal se propone llevar a cabo una gran revolución educacional, algo parecido a lo prometido por Bachelet; la verdad es que en ambos países, manteniendo las proporciones, la educación pasa por un gran marasmo. Respecto a la Previsión, Francia es un país civilizado y con muchos años de historia y no troglodita como Chile: ningún candidato se atrevería a plantear, siquiera, el fin del sistema de previsión solidaria, por el contrario, lo que ambos candidatos plantean es terminar con algunos privilegios, por ejemplo, las pre jubilaciones a los 50 años de edad; en este plano, Sarkozy es mucho más liberal que Royal. Pienso que, en Francia, la Comisión Marcel no sería contratada ni por el ultraderechista Le Pen.

Ségolène  Royal mostró una cara bastante firme y asertiva, que a los machistas chilenos les gustaría verla en Michelle Bachelet; montó en cólera cuando se tocó el tema de los discapacitados, dejando a Sarkozy como un tipo frío e inhumano, un tremendo KO en plena mandíbula; ojalá le sirva para aumentar puntos para  la segunda vuelta. Un tema central, insinuado por Bayrou, es el cambio del sistema político; en este plano Royal tenía todas las de ganar, pues propone una Sexta República, con un rol más importante del Parlamento y las regiones.

La seguridad energética es, hoy, el tema un punto esencial en el debate mundial. Sarkozy es partidario de aumentar las centrales nucleares en el país, y Royal de explotar las energías limpias y renovables, como la eólica, solar, biomasa y geotérmica, entre otras. Interesante debate para Chile. Por culpa de los periodistas, el debate sobre temas internacionales fue bastante pobre, salvo cortas alusiones sobre el ingreso de Turquía a la Comunidad Europea, y el rechazo de Francia al plebiscito sobre la Constitución europea. No pudimos captar el atlantismo de Sarkozy ni, mucho menos, el europeísmo de Royal. Nos quedamos con una Francia monstruosamente provinciana, muy lejana su legado histórico-cultural ; en este plano, ambos candidatos mostraron un perfil bastante liviano.

Es difícil pronosticar el resultado del próximo domingo, pero me parece claro que el foro, a pesar de su larga duración –dos horas y cuarenta y cinco minutos – no va a incidir  mayormente en el sufragio de centristas e indecisos. Como la misión del historiador no es vaticinar, lo más prudente es esperar los tres días que restan para los comicios.
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