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El acceso comienza por la calidad de la información 

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Entrevista

Soledad Ferreiro, Directora de la Biblioteca del Congreso Nacional sostuvo que entregar documentos no es sinónimo de dar acceso a la información. Explicó que es necesario contar con un organismo –autónomo o no‑ que vele por la adecuada organización y conservación de los antecedentes en poder del Estado, así como por el derecho de los ciudadanos a llegar a ellos.

Acceso a la Información, sí; pero a una buena información. ésa parece ser la premisa de Soledad Ferreiro, directora de la Biblioteca del Congreso Nacional, quien se manifestó convencida de que para los ciudadanos es mucho más valioso recibir documentos de calidad que documentos en cantidad.

Enfatizó que el acceso a la información debe estar garantizado por un organismo –que puede ser autónomo o no‑ que vele tanto por el respeto de este ciudadano en términos legales como por aquello que ella estima fundamental: facilitarle a las personas los antecedentes que necesita, lo que no es lo mismo que entregarle los documentos donde ellos están contenidos.

Aquí falta un organismo que tenga fuerza para obligar a las distintas dependencias a entregar la información a la ciudadanía. Para ello, el Estado debería generar una institución autónoma o reforzar el rol del archivo nacional, de modo que éste pueda controlar y establecer pautas para los documentos que se van generando”.
— Es decir, que intervenga en cómo se procesa la información.
Claro, porque una cosa es tener acceso a la información y otra muy distinta es que alguien la procese y la entregue. No que vayan a dejar un camión con documentos, sino que le den al ciudadano aquello que necesita. Por eso, nunca habrá un buen acceso a la información si no se avanza primero en organizar los archivos en cada uno de los servicios públicos o dependencias del Estado.

Un requisito básico para generar acceso, es tener la información organizada, en un espacio físico o virtual, con herramientas de acceso, tener un ciclo de conservación previsto –algo en lo cual no se ha hecho mucho‑. En otras palabras, hay que definir un standard para organizar la información.
Hay que ver cómo transformar información compleja en simple, porque no hay ningún avance en abrir una base de datos legislativa, por ejemplo, si muy pocas personas van a ser capaces de entender las modificaciones. Esa información hay que hacerla comprensible para un público amplio. Esas son nuestras preocupaciones: organización, conservación y generar las mejores prácticas.

Ahora, es muy difícil tener toda la información disponible. Por eso, parte de la definición básica que deben hacer los servicios es saber cuáles antecedentes tienen que estar siempre disponibles y cuáles documentos (por la menor frecuencia de su solicitud, o por las dificultades para digitalizarlos) deben entregarse cuando el público lo solicite.

— ¿Cuáles son los principales desafíos para el futuro?
En nuestra tarea nos enfrentamos a tres tensiones. La primera de ellas se produce por el deber del Estado a informar y el derecho del ciudadano a estar informado. Esta tensión mueve a muchas sociedades en la que la rendición de cuentas y la transparencia están en el centro de su accionar.

La segunda tensión se refiere a las desigualdades, en términos de información disponible, que separan al Estado de los parlamentarios. El Estado en Chile es el mayor productor de información y conocimiento, porque todos sus organismos públicos tienen roles que cumplir y esos roles los cumplen generando documentos, estadísticas, informes actos, documentos y etc.

Además, la cantidad de asesores que tiene el Parlamento es muy inferior a la del Ejecutivo. Y cuando llegan las iniciativas importantes al Congreso se corta el flujo de información que las produjo. Entonces, hay un parlamentario que no conoce el abanico de antecedentes asociados a aquello sobre lo cual va a legislar.

La Biblioteca del Congreso, reconociendo esto, está constantemente tratando de suplir ese déficit para aminorar esta tensión, ayudando –de paso- a que los parlamentarios optimicen su tiempo. Esa información que recopilamos después se pone a disposición del público a través de nuestra página web.
Relación con la ciudadanía
Finalmente, existe una tensión entre el parlamentario con los ciudadanos, que le exigen que cumpla un rol que no es el que le corresponde, porque muchas veces se asume a los representantes legislativos como una extensión del Ejecutivo.

Ahí enfrentamos un problema de identidad, y nuestra meta es hacerle ver al ciudadano que el trabajo parlamentario tiene otro objetivo: crear una política pública que afecta su vida cotidiana. En la biblioteca estamos ayudando a trasformar las leyes en textos de fácil uso, generando folletos u otras presentaciones que contribuyen a brindar acceso a la información que tiene que ver con el proceso legislativo.

Aprovechando las oficinas parlamentarias, vamos recogiendo las demandas de la ciudadanía y tratamos de generar esta información de fácil uso. Con ello creamos una cadena de valor distinta, ayudando a que esa tensión de identidad en la relación con el ciudadano se alivie a medida que mejoramos el flujo de información.
Recomendamos visitar el sitio de ProAcceso
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