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Los cabros del Futuro

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La vieja Olivia le dice a otra: “Me acuerdo cuando sanamos heridas de la frente de los cabros, que aunque se ocultaban se los reconocía por las poleras con que envolvían sus rostros en la barricada, con esas mismas poleras jugaban a la pelota en la de tierra, o te daban el sudado abrazo de año nuevo”. Los muchachos del futuro, esos que pelearon contra la dictadura en una mezcla de conciencia, diversión y catarsis de pobre. Qué importa, los soldados y carabineros son unos gomas del sistema, reciben órdenes, en la calle los cabros recibían proclamas y versos tiesos de contenido político que significa todo en brazos de la ira y significa nada en este presente de calma y felicitaciones televisivas.

Esos cabros del futuro que se quedaron con la herencia del combate… sanar heridos, llorar caídos, y reconstruir con sus propias manos la tierra arrasada por milicos, políticos, arrepentidos y llorones, traidores y alterados. Esos cabros y cabras no tienen destino, lo perdieron, ni siquiera un título técnico, la mayoría deambula desde la construcción sin derecho a reclamo, la cesantía sin derecho ni a tarjeta jap, y la misma cancha donde sus hijos juegan hoy a que sus camisetas entierradas llegarán al Real Madrid. Esas canchas que el municipio pintó una o dos veces a costa de aguantarle cien discursos al alcalde de turno. Esa misma canchita donde se dieron vuelta a patadas a varios pacos, donde cayó el Daniel, donde incluso en antaño detuvieron a los abuelos y padres para el Golpe militar.

Esos cabros del futuro abren sus bocas sin dientes para gritar solo frente a un partido de fútbol desde el viejo sillón, para saludar a lo lejos al verdulero que perdió el negocio desde que llegó el súpermercado, para gritonear a la esposa que le pega como animal al cabro chico que le pega como animal al vecinito del frente que le pegó como animal al perro que ya no se siente tan animal.

Paz en la ciudad, ya ningún milico te viene a dar un tiro en la nuca por la avenidas de la pobreza, ahora son los mismos niños- adolescentes del barrio los que se encargan de ejercer la violencia, salidos de la dinámica sin futuro, sin conciencia, sin capacidad de lucha, sin esperanzas falsas, la cartera o la vida, sin enemigos millonarios, acá todo el mundo es enemigo dice el lienzo que cuelga desde los cielos. Paz, democracia, libertad… en este corral nos cuelgan letreros luminosos (que duran poco bajo los peñazcasos de lo niños) y los cabros del futuro ya casi olvidan tanta cosa que hicieron, para qué recordar si total el flaco hoy es concejal y se cambió de barrio hace años, el perico se salvó con un par de asaltos y nunca más apareció ni para dar las gracias por haberle limpiado los mocos y la sangre cuando llegó una mala tarde cocido a balazos. Para qué recordar tanto discurso que hoy no leen ni ciertos marxistas al sumar sus votos a la socialdemocracia que los expulsó al inicio de este circo político. Para qué recordar el miedo de años, el hambre de años que hoy no es tal (siempre hay un vecino que salva de vez en cuando), y hay fiado en el “Líder”, total los nietos pagarán con el sudor hereditario de la dinastía huachaca.

Paz en la ciudad, con buses de colores entre grises nubes de humo, con barristas y niños exaltados, con dueñas de casa adictas a los ansiolíticos, con empleaduchos de corbata barata que leen la cuarta y votan por la derecha, hastiados, ninguneados por derechistas e izquierdistas torrantes del mismo barrio que será el mismo corral subdesarrollado, cada vez más triste, enrejado y aislado. Paz en la ciudad entre la pasta base, equipos modulares que rompen los oídos, grifos bañando la necesidad de los cabros chicos, obreros insultando mujeres, mujeres insultando hijos, hijos pateando perros, perros que ya no quieren ladrar, subsecretarios de interior ladrando los votos, votos de gente conciente salvando el culo a una democracia que no salva el culo a nadie, salvo a empresarios, políticos, curas y milicos.

Los cabros del futuro aquí están, derrochando risas, votos, garabatos, sueldos de hambre en cantinas, en el futuro que se les pasó de largo, derechito a los bolsillos de los demócratas, que gastan en campañas electorales lo que son el sueldo de un año en estas veredas sucias y desoladas.

Los cabros del futuro y sus poleras guerreras de antaño que ni el más exéntrico museo pretendería salvar del olvido, ellos son hoy el destino eterno del sistema, que ha sido eterno del siglo como la gente que vota, como la gente que explota, que se deja explotar, que le da lo mismo, representantes del pueblo que negocian, transan y venden el alma (aunque sea en unas cuantas coyunturas puntuales), gente que reclama solo en los pasillos y en las orejas del cahuín, pobres y ricos que mienten, asaltan y violentan… eso sí los primeros por brutos, violentados e ignorantes, los otros solo por hijos de puta que son; aquella casta que apaga cigarrillos en un charco de sangre.
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