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Las difíciles cuentas para la segunda vuelta 

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Las elecciones presidenciales y parlamentarias mostraron al Chile que cumple periódicamente el rito ciudadano de elegir representantes populares. Sin embargo, no es un Chile completo, ya que se han automarginado del sistema electoral más de un millón de mayores de 18 años que no se han inscrito. Haberlos incluido habría sido fácil y automático, pero faltó voluntad política para hacerlo.

También están fuera de este Chile ciudadano cerca de un millón de compatriotas que conforman una colonia que ha echado raíces en diferentes países. Las democracias maduras reciben el sufragio de sus connacionales residentes en el exterior y ello funciona rutinariamente, sin ningún drama.

Pero en nuestro país, la reticencia a integrar una gran población al universo de electores obedece a la incertidumbre del comportamiento de voto de esos amplios sectores automarginados del sistema electoral. Bastaría con la inscripción automática y el voto voluntario para que se ampliara la población ciudadana en Chile. Pero el statu quo resultó cómodo a ambos conglomerados, claro, hasta el domingo11 de diciembre.

En estas elecciones, en cierta medida se hizo justicia cuando prominentes figuras políticas, que se habían aclimatado al efecto invernadero del binominalismo, donde se puede hacer cálculos alegres sin correr riesgo de equivocarse, vieron con espanto que quedaban sin su querido sillón. Es que con el binominalismo, basta con manejar una máquina de militantes que pesen en las decisiones internas y lograr una nominación, para que lo demás sea una carrera corrida.

Pero, en estas elecciones el binominalismo castigó no al Partido Comunista, sino al hasta el 11 de diciembre, principal partido de la coalición de gobierno, la Democracia Cristiana. Las pérdidas fueron profundas y eso motivó, seguramente, el discurso del Presidente Lagos, reclamando en contra del sistema binominal, como causa de tal inequidad, donde un candidato más votado se pierde por no llegar el bloque al doblaje.

Extemporáneo resultó el planteamiento de un gobierno que, de haber priorizado sinceramente el punto, lo habría empujado con toda su fuerza política. Recordemos que durante el período de Lagos se legisló express, con un consenso pleno, para superar un error en la inscripción del PDC y se alcanzaron acuerdos políticos importantes que llevaron a modificar la Constitución, pero el binominalismo no se tocó.

Otro aspecto a considerar para la segunda vuelta es la abstención. Aproximadamente 250 mil personas inscritas habrían justificado su inasistencia a sufragar en la jornada del 11 de diciembre. Un número que demás marcaría diferencias en un desempate de segunda vuelta. Es tanta la adrenalina que ha provocado la llegada fotográfica de los dos bloques, que en la segunda vuelta muy pocos se excusarán de votar.

Un aspecto que debiera corregirse es el trato a los vocales de mesa, que han cumplido un deber ciudadano ejemplar, pero las autoridades han negado recursos para poder darles una mínima colación. Un muestra de los criterios que se aplican con la gente de a pie, cuando no hay cámaras y focos registrando el hecho. Mucha tele, dijo alguien. Acá los pobres vocales, muertos de calor y las autoridades sacando pecho como pato de silabario por la conducta cívica del chileno. Sí, mucha tele.

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