De víctimas a bandidos: los medios de comunicación y Nueva Orleans
por James Petras (Rebelión)
21 años atrás 9 min lectura
Nada muestra mejor la «línea revisionista» de los medios que el lugar prominente que otorgaron a la orden gubernamental de «disparar a matar contra los saqueadores». No hubo ni una queja, ni una voz crítica: los medios convirtieron la ciudad desolada en una zona de guerra: Nueva Orleáns pasó a ser Faluya. Los medios se ocuparon de desenterrar cada rumor, cada habladuría, cada informe infundado de tercera mano sobre violaciones infantiles y asesinatos para proporcionar un contexto a la «nueva realidad»: la militarización de una ciudad devastada. Los medios están bien preparados para dicho guión: periodistas incrustados entre las tropas destacaron a soldados repartiendo raciones militares concentradas (completamente inútiles para niños pequeños y ancianos deshidratados), mientras que omitían las palizas que les propinaban a los negros sorprendidos con comestibles (los negros roban comida, los blancos la encuentran). Más de cien mil personas sin hogar, trabajo, dinero, agua, alimentos y condiciones sanitarias eran, ante todo, víctimas de la ocupación militar… para proteger de los «saqueadores» a los bancos, las pequeñas boutiques de moda y las joyerías. Dieciséis mil soldados y fuerzas especiales, con la ayuda de vehículos armados y helicópteros, tomaron la ciudad.
Los medios han perdonado la violación cotidiana de una ciudad, de toda una población vulnerable, pues mientras que mostraban a un testigo de la rumoreada violación de una adolescente de 14 años varios días antes, no se ocuparon de los informes de muertes masivas, aguas fecales contaminadas y bebés desfallecientes, deshidratados. La máquina de la propaganda estatal se centró en el Presidente firmando un decreto de ayuda y prometiendo ley y orden.
Si se considera el total abandono en que el gobierno dejó a las decenas de miles de pobres, de negros sin comida y sin hogar, era obvio que muchas personas se lanzarían a la búsqueda de alimentos y de agua. Al identificar de forma deliberada a los supervivientes como «saqueadores» y «violadores», la Administración sentó las bases de la posterior militarización y, de facto, de la ley marcial, fértil terreno para los asesinatos. Los primeros informes censurados de periodistas no incrustados daban testimonio de soldados de la Guardia Nacional apaleando a los supervivientes que buscaban ayuda. Los informes militares se hicieron eco la muerte de varios «francotiradores».
Al séptimo día después de la catástrofe humana, los medios se vieron inundados con las caras, las voces y la retórica compasiva de todos los voceros principales y secundarios de la Administración de Bush. Cada cadena importante de televisión, cada programa destacado presentó a Bush, Rumsfeld, Rice, Chertoff y a varios generales hablando con admiración de los esfuerzos hercúleos, de los valientes y generosos soldados de la Guardia Nacional, que ayudaban a la población.
Los comentaristas y entrevistadores de los medios cooperaron sin reservas en la despenalización del Estado. Los funcionarios culpables de crímenes contra la humanidad de ciudadanos pobres e indigentes se transformaron en salvadores humanitarios. No hubo ni una palabra de autocrítica por parte de los funcionarios y ninguno de los medios habló de ello. Las pocas voces críticas disidentes de los primeros días recibieron su castigo y desaparecieron de las pantallas de la televisió
n. Los medios de Estados Unidos fueron el único lugar de todo el mundo en donde se exoneró a los culpables.
Los medios de comunicación dieron un abrupto giro, adaptando y dando forma a las imágenes de la catástrofe vehiculadas por la Administración. En siete días, la magia de los medios transformó al equipo de Bush, que de líderes incompetentes e ignorantes pasaron a ser funcionarios decisivos y humanitarios. Al mismo tiempo, los desesperados, los agonizantes y los furibundos fueron convertidos en una muchedumbre rebelde, criminal, ingrata y caótica. El mensaje político estaba claro: la represión y la militarización eran las condiciones prioritarias para la supervivencia y la ayuda humanitaria. La ciudad tuvo que estar bajo una ley marcial de facto antes de que la pudiesen salvar. Vietnam y Faluya vienen a la mente. Al fin y al cabo, la contrarresistencia es lo que mejor hacemos en este país.
Publicado por Rebelión
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