Acerca del incendio en el «Centro Arte Alameda» el 27 de diciembre 2019

Sin duda que lo sucedido la tarde del 27 de diciembre del año pasado con el Centro Arte Alameda, habiendo transcurrido diez semanas desde el inicio de las jornadas de manifestaciones de los días viernes en el entorno de Plaza Baquedano, impactó tanto a la opinión pública como al mundo de las artes y la cultura en nuestro país.

Ante la ocurrencia de cualquier tipo de siniestro, lo recomendable sería esperar el resultado de los peritajes realizados por las instituciones autorizadas para conocer las causas que lo originaron. Pero teniendo en cuenta que nos encontramos en la era digital, en casos como el ocurrido con el incendio que prácticamente acabó con el Centro Arte Alameda, contando con los antecedentes que se encuentran al alcance de cualquier ciudadano es posible efectuar un análisis de lo ocurrido.

Origen del siniestro 

Lo declarado por Roser Fort, directora del centro cultural, después de consumado el incendio permitió a la opinión pública hacerse una idea del papel que desempeñaba el centro cultural en el contexto de las manifestaciones: “desde hace casi dos meses que nuestro centro cultural era sede del SAMU y recibía lesionados y heridos producto de los enfrentamientos con la policía”. El día del siniestro el local se encontraba operativo, con dos de sus salas de cine en funcionamiento y con público cercano a las cincuenta personas, las que afortunadamente lograron ser evacuadas sin contratiempos.

El Centro Arte Alameda forma parte de un grupo de edificios de fachada continua, que se ubican con frente hacia la Alameda Bernardo O’Higgins, entre las calles Irene Morales por el oriente y Namur por el poniente. Entre otros edificios de departamentos y de servicios allí se encuentra una sucursal del Banco del Estado, el preuniversitario Pedro de Valdivia y la sede nacional del Colegio de Arquitectos. El terreno en que se inscribe el centro cultural está construido en su totalidad y por ello es que cuenta con muros cortafuego en cada uno de sus medianeros.

Los registros audiovisuales efectuados ese día en el entorno del centro cultural son bastante elocuentes y dos de ellos en particular nos permiten extraer importantes conclusiones. El primero corresponde a una transmisión en directo de El Ciudadano TV (1), la cual fue realizada desde la vía pública y en primera instancia logró captar una imagen bastante llamativa de una bomba lacrimógena surcando los aires, la cual avanza humeando hacia un objetivo indeterminado. Se trata de un video captado en el cruce de Alameda con Namur y en donde no se alcanza a visualizar con exactitud el origen y destino del proyectil, pero se aprecia que proviene desde el costado sur de la Alameda, sector en donde se encuentra la Plaza de Carabineros de Chile, que cruza en diagonal (de poniente a oriente) la Alameda por sobre un edificio de departamentos de nueve pisos ubicado en la esquina y que describiendo una parábola se dirige hacia los edificios ubicados al costado norte de la Alameda, precisamente hacia el sector en donde se ubica el Centro Arte Alameda. La particularidad de dicho registro es que, tanto el relator como el camarógrafo se desentienden de la lacrimógena por unos instantes, una vez que el objeto se pierde de vista, pero pasados casi tres minutos vuelven a enfocar hacia el mismo sector y no pueden disimular su sorpresa al percatarse que desde el interior de la manzana comienza a asomar hacia Alameda una inmensa nube de humo por encima de los edificios, la que da cuenta que se ha desencadenado un voraz incendio al interior de la manzana.

El otro registro corresponde a imágenes captadas desde un celular por un vecino residente en un edificio de seis pisos con acceso por calle Coronel Santiago Bueras (2), el cual deslinda con el costado norte del Centro Arte Alameda. Las imágenes fueron registradas desde uno de los pisos superiores del edificio de departamentos, por lo que se logra apreciar que al fondo del centro cultural se ha alojado un artefacto humeante sobre la techumbre y que se ha producido una llama incipiente. A continuación, desde la calle Bueras se observa una columna de humo que se eleva por sobre los edificios circundantes, lo cual evidencia que el incendio ya se ha declarado. En una secuencia posterior se aprecia que el edificio ha sido consumido por las llamas y que la techumbre ha colapsado.

Aunque en el segundo video no se alcanza a visualizar directamente el artefacto incendiario, es posible deducir lo siguiente; se trata de un objeto lanzado por algún sistema de impulsión a larga distancia, ya que se instala en una zona bastante particular del edificio, ubicada sobre una pequeña canaleta de evacuación de aguas lluvias, encajonada a pocos metros del límite del edificio (deslinde norte), entre un sector de la techumbre y un muro cortafuego del vecino poniente, el cual sobrepasa en un par de metros la altura del muro del edificio. Se observa claramente que el artefacto emite humo blanco y a la vez que se ha generado una diminuta llama a raíz de la combustión de alguna materia alojada sobre la canaleta. Posteriormente y luego de transcurridos sólo algunos minutos, se pueden apreciar los estragos causados en el edificio por el sorpresivo incendio. Sin lugar a dudas que el lugar en que se inicia el siniestro no está al alcance que cualquier tipo de proyectil, al menos no para un artefacto lanzado manualmente desde alguna de las calles circundantes. Por tanto, en este caso habría que descartar de plano la utilización de una bomba molotov o de algún artefacto similar, los cuales cuentan con características que no se observan en este caso.

En consecuencia, es posible afirmar que son pocas las ocasiones en que los peritos encargados de investigar el origen de un siniestro podrán contar con evidencias tan claras como las imágenes capturadas en el incendio del Centro Arte Alameda.

El gas lacrimógeno es un disuasivo químico incapacitante, agente utilizado por la policía para disolver protestas y/o disturbios. Y aunque en estricto rigor corresponde a un arma química, curiosamente es considerada un arma “no letal”. Los dispositivos son lanzados manualmente cuando los manifestantes se encuentran a corta distancia, pero cuando se requiere un mayor alcance la unidad de Fuerzas Especiales de Carabineros utiliza armas portátiles. El fusil o carabina lanza gases es un arma con capacidad de expulsar un cartucho de agente químico hasta una distancia de 150 metros. Las lacrimógenas están compuestas por cartuchos de aluminio calibre 37 y 38 mm, los cartuchos tienen un sistema de encendido, el cual cuenta con un tiempo de retardo de 15 segundos y el tiempo de emisión de gases suele ser de 25 a 40 segundos. Como toda arma de fuego, la carabina lanza gases es inherentemente peligrosa y se debe manipular con suma precaución por parte de personal entrenado. Existe un conjunto de reglas y recomendaciones para utilizarlas minimizando la posibilidad de accidentes. Cuando se dispara la idea debe ser no intentar apuntar a los manifestantes, sino que realizar disparos hacia el área en donde ellos se encuentran, sólo con el objetivo de dispersarlos.

En el caso de la policía uniformada existe un “Protocolo para el mantenimiento del orden público” de diciembre del 2012, en donde se especifica el empleo de disuasivos químicos. El responsable de su utilización en cada caso es el jefe de servicio, quién debe evaluar factores como el espacio físico donde se va a hacer uso del gas, si se trata de un espacio abierto o cerrado, la dirección del viento, etc. También se sugiere hacer advertencias a través de altavoces antes de usar los disuasivos químicos. Así mismo, el protocolo establece que “en el sector central de las ciudades estará restringido el uso de dispositivos lacrimógenos de mano y cartuchos lacrimógenos”, los que sólo se utilizarán frente a “necesidades imperiosas y luego de haber utilizado los demás medios dispersores”. Además, se pide tener especial cuidado del entorno, sobre todo en el caso de existir centros de salud y establecimientos educacionales.

A pesar todas las precauciones que se puedan tomar, quienes manipulan las bombas lacrimógenas y las carabinas lanza gases son conscientes de que continuamente se exponen a todo tipo de imprevistos, entre los que es posible llegar a lastimar personas y/o dañar instalaciones, independiente de que estén o no involucradas en las manifestaciones, lo que puede llegar a ser el resultado de una equívoca y/o indiscriminada administración del tipo de armamento que se les ha encomendado.

Se desencadena el incendio 

De acuerdo a lo señalado, en el origen del incendio del Centro Arte Alameda prevalece la evidencia captada por los registros realizados ese día; el primer video da cuenta de una secuencia de hechos con una relación de causa y efecto: lanzamiento de un proyectil antidisturbios hacia un sector determinado al interior de una manzana -en donde no hay manifestantes- y posterior e inmediata señal de un incendio que se desencadena. Y en el segundo video un lúcido vecino grabó un artefacto que cayó sobre la cubierta del centro cultural, en la parte posterior del edificio y logró captar el preciso instante en que el incendio se desata a raíz de la transmisión de calor hacia la techumbre del edificio.

Los balines utilizados para las lacrimógenas son metálicos (de aluminio), por lo que son muy buenos transmisores del calor. Una vez encendidas las lacrimógenas se produce una reacción química denominada exotérmica, la que corresponde a cualquier reacción que desprende energía, ya sea como luz o calor. Por tanto, una vez encendidas pueden llegar a alcanzar temperaturas superiores a los 100 °C (grados centígrados). Sin el calor suficiente, el fuego no puede comenzar ni propagarse. En consecuencia, existe certeza de que las lacrimógenas encendidas pueden provocar incendios.

Antes de la inauguración del Centro Arte Alameda en dicho lugar funcionó por muchos años el recordado Cine Arte Normandie, cuya sala de cine era un recinto de grandes dimensiones y que contaba con una capacidad para 880 espectadores. Para el proyecto del Centro Arte Alameda, se consideró la utilización parcial de la sala original, la cual pasó a conformar una nueva sala de cine con capacidad para 411 personas, conocida como Sala 1. Uno de los principales aportes del nuevo proyecto lo constituyó el espacio central cubierto de doble altura y flanqueado por un puente, denominado Plaza Interior, el que se constituyó en un lugar de encuentro y punto neurálgico de muchas de las actividades realizadas en el centro cultural.

Según consta en los antecedentes del permiso de edificación aprobado en 1996 ante la municipalidad de Santiago (3), la edificación destinada a centro cultural cuenta con un primer piso totalmente edificado (100%) y el segundo piso cubre un área equivalente al 40% del terreno. Además, el inmueble cuenta con una franja adicional de terreno que conecta el centro cultural con la calle Coronel Santiago Bueras, la cual se constituye en una vía de evacuación de emergencia.

La estructura soportante del edificio se caracteriza por combinar los muros perimetrales (cortafuegos) existentes, en albañilería de ladrillos reforzados con elementos de hormigón armado y los muros interiores de hormigón armado incorporados posteriormente, los que se complementan con losas del mismo material. En el caso de la techumbre del edificio, se optó por conservar la configuración original del edificio, compuesta por vigas soportantes, entablados y costaneras de madera, así como también la cubierta, en que predominan las planchas de acero, junto con planchas de fibro cemento onduladas en algunos sectores. En la plaza interior se intervino la techumbre para permitir la iluminación de dicho espacio, para lo cual se reforzó la estructura con elementos soportantes de acero, se suprimió el cielo falso y se reemplazó la cubierta por planchas translúcidas de policarbonato alveolar.

Si efectuamos una suerte de radiografía de la carga combustible existente en el edificio, considerando tanto el aporte de los materiales de construcción, como del mobiliario interior, nos encontraremos con que dicha carga avanza de forma progresiva, de menos a más, comenzando desde la fachada hacia el interior del conjunto. Es decir, el sector de ingreso al edificio era el de menor riesgo, mientras que la sala de cine ubicada al fondo, era la zona más vulnerable en caso de incendio. Dicha condición, junto a la provisión de los sistemas de seguridad contra incendio con que el edificio contaba, a un diseño de evacuación expedito, fue lo que permitió al centro cultural funcionar por muchos años sin haber sufrido mayores percances en lo que a la posible acción del fuego se refiere. Pero hay incendios que se originan por donde no está previsto y el artefacto que desencadenó el incendio se alojó precisamente sobre el sector más vulnerable del edificio, es decir sobre la techumbre de la sala de cine.

No tenemos certeza acerca del componente específico que comenzó a combustionar por la acción del artefacto lanzado al edificio, pero es posible vaticinar que los elementos que contribuyeron a la propagación del fuego en la gestación del incendio, fueron los compuestos de madera que formaban parte de la estructura y elementos complementarios de la techumbre del edificio.

Una vez iniciado el incendio en el entretecho, bastaron unos pocos minutos para que la sala de cine comenzara a arder. Comúnmente los incendios de desarrollan desde abajo hacia arriba, pero en este caso el proceso fue a la inversa, al quemarse primero la techumbre, luego por gravedad comenzaron a desprenderse piezas encendidas, las que cayeron hacia el interior del recinto, con lo cual el incendio se retroalimentó de forma acelerada. Las butacas rescatadas del otrora cine Normandie y compuestas por soportes de madera, relleno de espuma y tapiz de lana-acrílico, ardieron con suma facilidad, al igual que las terminaciones interiores de la sala, compuestas por piso de alfombra, paneles de listones de madera y cielo acústico con planchas de madera terciada, sumados al escenario de madera, cortinas de tela y telón de proyecciones de polyester. Cuando un incendio alcanza el punto en que ya no es posible de contener, se le denomina “flashover” y es el momento en que el incendio alcanza su máximo desarrollo. El incendio se generaliza, la sala de cine fue consumida y el fuego comenzó a buscar por donde expandirse. A pesar de la existencia de algunos muros de separación, el fuego encontró espacios para volcarse hacia la plaza interior, especialmente a través de la techumbre. Los sectores afectados de la plaza interior fueron las vigas estructurales del techo y la cubierta de termoplástico, además de los revestimientos interiores de madera (entablados) e incluso un sector importante del puente interior de madera. Mientras que la sala de cine sufrió el colapso de toda la techumbre, desaparecieron sus revestimientos y la totalidad de sus butacas, con lo cual quedó convertida en un acopio de residuos a cielo descubierto y sólo contenidos por los muros cortafuego originales del edificio.

Gracias a la intervención de bomberos el incendio no alcanzó a consumir el local por completo, pero los daños fueron de consideración, al punto que se está evaluando efectuar la reposición del edificio. Y para la velocidad con que se propagó el incendio al interior del lugar, debemos consignar que fue un gran acierto la premura con que actuó el personal del local para evacuar oportunamente a todo el público asistente a las funciones habituales del centro cultural.

Debemos admitir que, en edificios con este tipo de configuración, es recomendable la provisión de un muro cortafuego interior que permita confinar la sala de cine, para aislarla del resto del edificio (incluyendo la techumbre) y así contribuir a la contención de los incendios, ya que con ello se evita el avance del fuego hacia otros sectores. Y aunque todos los elementos constructivos de cualquier edificación siempre se ven afectados de alguna u otra forma por la acción del fuego, cabe señalar que, en el caso del centro cultural, los materiales de terminación utilizados por razones de acústica y estéticas, si bien no se vieron involucrados en el origen del incendio, si contribuyeron a su propagación al interior del edificio.

Que los edificios destinados a la cultura están siendo objeto de ataques en las manifestaciones implica un gran perjuicio para la ciudadanía, independiente desde donde provengan dichas agresiones. Además, ello supone que en un futuro próximo se tendrá que incorporar un factor de riesgo adicional al momento de concebir dichos edificios.

Acerca del proceder policial

A partir de la revisión de registros captados por los propios ciudadanos, ha sido posible ratificar que una de las bombas lacrimógenas disparadas desde una carabina lanza gases por personal de las Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile fue el artefacto que se alojó sobre la techumbre del edificio, para en pocos instantes dar origen al siniestro que consumió casi la totalidad del centro arte Alameda. El hecho de que carabineros haya lanzado bombas lacrimógenas hacia dependencias que se utilizaban para recibir y atender a los heridos durante las manifestaciones, a cargo de personal voluntario de la salud, es a lo menos un indicador de que su desempeño no corresponde a una postura imparcial ante los acontecimientos.

Durante el transcurso de las manifestaciones en el entorno de la denominada Zona Cero, la plaza interior del Centro Arte Alameda se convirtió en un improvisado espacio de atención médica, en donde personal del SAMU (Servicio de Atención Médico de Urgencias) brindaba atención de primeros auxilios de forma voluntaria a las personas que lo requerían, situación que ya era de público conocimiento. De acuerdo al derecho humanitario internacional, el ataque deliberado contra centros de atención médica es considerado un crimen de guerra en un conflicto armado, lo sucedido en el centro cultural sin duda que es diferente, ya que no se trata de un hospital ni de un centro médico oficial, pero tomando en consideración el uso con fines de apoyo y asistencia hacia los lesionados que se ofrecía en el lugar, el ataque del cual fue objeto el centro cultural por parte de la policía corresponde, a lo menos, a una grave falta a la ética profesional policial, tanto de parte de quienes autorizaron dichas acciones, como de los encargados de ejecutarlas.

En términos generales, las normas establecidas en materia del uso de fuerza por parte de Carabineros, señalan que esta “sólo debe aplicarse cuando sea estrictamente necesaria y en la medida requerida para el desempeño de las funciones policiales”. La instrucción general es que se debe aplicar, en la medida de lo posible, medios no violentos antes de recurrir al uso de la fuerza, tales como la utilización de tácticas de persuasión, negociación y mediación; reservando las actuaciones por medio de fuerza para aquellos casos en que no es posible llevar el actuar de Carabineros por medios pacíficos. Asimismo, esta debe ejercerse “de manera gradual y proporcional para el logro de objetivos” (4).

La postura acerca del accionar de carabineros fue expuesta por el general Enrique Bassaletti al día siguiente del ataque al centro cultural, quien ante la consulta periodística acerca de si ¿es correcto el uso de la escopeta, en este caso del lanzamiento hacia arriba, porque prácticamente cae en la parte posterior del Cine Arte Alameda? El general aseveró que “las bombas lacrimógenas tienen dos maneras de funcionar, unas son a través de lanzamiento de granadas manuales y otra a través de estos proyectiles que se disparan de forma parabólica, es la manera técnica en que se tienen que lanzar”. Más que responder la pregunta, lo aseverado por el general Bassaletti corresponde a una aclaración, ya que es efectivo que existe una técnica específica que se requiere utilizar al efectuar los lanzamientos y que los proyectiles describen una parábola para alcanzar su objetivo y de paso no lastimar tanto a las personas como tampoco dañar algún tipo de equipamiento o posible infraestructura ubicada en las cercanías. Pero convengamos que un lanzamiento con las características del que alcanzó al centro cultural, es decir, considerando la distancia entre el punto de disparo y el objetivo alcanzado, superior a los 130 m, la gran parábola descrita por el proyectil, con un punto de altura máxima superior a los 40 m, la dirección buscada y la localización finalmente alcanzada por el proyectil, resulta evidente que en ningún caso el objetivo del disparo tenía relación alguna con la disolución de manifestantes, así como tampoco resulta verosímil afirmar que nos encontremos ante un caso de error de cálculo o de un lanzamiento involuntario, como de alguna forma se pretendió establecer, considerando que como complemento a su respuesta, el general señaló que “también hay que entender cuál es el contexto en que esto se da”. En este caso dicho argumento sencillamente no aplica, ya que se trató de un lanzamiento efectuado de forma preconcebida, realizado con suma precisión, considerando la gran distancia cubierta por el proyectil y con el claro propósito de dar alcance a un objetivo predeterminado. Sería más pertinente afirmar que, justamente el lanzamiento de esa lacrimógena fue el suceso que esa tarde estuvo “fuera de contexto”.

Lo que la ciudadanía espera de parte de la fuerza policial, es que en el desarrollo de su accionar y particularmente ante los manifestantes, ellos sean precisamente los encargados de imponer la sensatez y la cordura; por lo que, cuando ello ocurra, lo más probable es que se produzca un cambio en la forma en que la gente percibe el desempeño de la labor policial.

En todo caso resulta sintomático que en países subdesarrollados como el nuestro, en donde los espacios destinados a la promoción de las artes y la cultura son realmente escasos, existan lugares como el Centro Arte Alameda, que se encuentran expuestos a sucumbir, inclusive ante los embates de quienes, se supone, son los encargados de resguardar por la seguridad de la infraestructura destinada al uso público.

-El autor, Ricardo Riquelme Alvaro, es arquitecto y especialista en protección al fuego

 

Referencias:

1.  «Video de una transmisión en directo de El Ciudadano TV»

 

2) «Video captado por vecino de calle Santiago Bueras»

 

3)  Permiso de Edificación N° 9919 de 1996. Dirección de Obras de Santiago.

Permiso 9919_1996

4) Protocolos de la actuación policial en Chile. Guillermo Fernández.

Protocolos de la Actuación Policial en Chile

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