El triunfo sandinista de 1979 se debe recordar siempre

El 19 de julio de 1979 es una fecha que mas allá de los análisis políticos, de las criticas y de las distintas apreciaciones sobre la Nicaragua actual, merece y necesita ser recordada, porque si bien es cierto que fue un triunfo del pueblo nicaragüense, por su importancia y oportunidad, fue también una victoria para la izquierda latinoamericana. Eran los tiempos en que la izquierda latinoamericana y en nuestro país, a pesar de los golpes recibidos después del golpe de estado en 1973, infundía ánimo y orientaba a millones de personas quienes confiaban y se comprometían en la posibilidad de una revolución social, en la conquista del poder y en la construcción de un sistema distinto al capitalista, el socialismo.

El pueblo de Sandino despertó el cariño y la admiración de millones de personas en distintas partes del mundo, enviando un mensaje que continúa siendo valido, indicándonos a todos y todas, qué si era posible organizarse, luchar y vencer a un enemigo, por poderoso que este fuera, en condiciones siempre adversas. Porque lo sucedido no fue fácil, se derrocó a una dinastía de dictadores que desde 1936 había dominado Nicaragua y que se fue pasando de padres a hijos, lo que significó una gran miseria para el pueblo nicaragüense, fueron años de enfrentamientos en desigualdad de condiciones, para derrocar finalmente a una dictadura creada y apoyada por Estados Unidos, que asesinó a mas de 50.000 nicaragüenses, la mayoría de ellos civiles desarmados y combatientes.

Pero los momentos históricos se tienen que analizar en la época en que estos suceden, intentando percibir y sentir la realidad que se vivía en esos momentos, cuarenta años después del triunfo sandinista que derrocó a la dictadura somocista y que fue también una derrota significativa al imperio norteamericano, vivimos una historia diferente. Hoy no existe el contrapeso al mundo unipolar que significaba el mundo socialista en Europa, su caída estrepitosa significó también el surgimiento de una idea de sociedad omnicomprensiva, que comprende todo y que ha intentado construir los límites de la cultura actual, en la cual los valores de solidaridad, del respeto al ser humano y a la autodeterminación de los pueblos desapareció.

Esto creó las condiciones para que una buena parte de la izquierda renunciara a su historia, a su identidad y principios, olvidando que el problema de la emancipación del pueblo trabajador y proletario esta estrechamente relacionado con su capacidad de construir una organización independiente y de vanguardia. Con eso renunciaron a la lucha de clases, sumándose a los ecos neoliberales actuales, pregonando que la ideología es perversa y que todo aquel que piense distinto, o se resista de aceptar el orden de cosas como está, es un o una terrorista.

Definiciones políticas que naturalizan hechos y situaciones aberrantes a través de esta nueva cultura y lenguaje neoliberal moderno, cuyo objetivo es abrir espacios al despliegue insaciable del capital más internacionalizado y altamente concentrado, mediante la violencia y el despliegue del aparato técnico militar, más sofisticado que haya conocido la historia, transformando al mundo en un campo de disputa en el cual las empresas más poderosas luchan por imponer la fuerza de su tecnología y su capacidad financiera y comercial.

Con respecto a Nicaragua y mientras este proceso de dispersión y desmantelamiento ideologico de las fuerzas de izquierda sucede, Estados Unidos, autor y gestor de todas la dictaduras que impuso en nuestra america latina, continúa por el mismo camino. Insistiendo en someter a los pueblos que reclaman por el derecho a su autodeterminación y continúa haciendolo con los nicaraguenses, tal cual lo hizo durante todo el siglo XX, por el interes geopolitico que este país tiene para sus intereses.

Lo hizo instaurando la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza y luego, después del triunfo de la revolución en 1979,  Ronald Reagan organizó una operación de tráfico ilegal de drogas y armas para financiar las operaciones contras, que consistió en  la preparacion de miles de mercenarios para invadir Nicaragua y terminar con la joven revolucion, intentos que no prosperaron solo debido a la resistencia que el pueblo sandinista opuso a esos objetivos demenciales y que fue parte de una estrategia para desgastar e impedir la consolidacion del proceso revolucionario.

Estos hechos no pueden quedar en el olvido, son enseñanzas que han quedado como herencia a las generaciones de jóvenes revolucionarios, por ello es válido recordar el 19 de Julio de 1979, de la misma manera que es necesario recordar, que en Chile hubo un gobierno socialista que fue derrocado con participación de los mismos que atacaron y atacan a Nicaragua, que bloquean a Cuba y que están dispuestos, porque así lo han demostrado invadiendo militarmente, a neutralizar cualquier intento de un pueblo que en cualquier lugar del mundo sea entendido de interés económico o geopolítico.

Estas son realidades que no pueden quedar fuera del agudo análisis que se hace de Nicaragua y sobre la gestión actual del gobierno nicaragüense, es cierto que este país hermano vive una crisis profunda y que no se puede ocultar. Pero la cómoda critica destructiva no es útil, esta será útil si nos ayuda a rescatar las lecciones que son valiosas para los futuros proyectos de cambios sociales que seguirán surgiendo en nuestra América Latina.

Mas aún, en momentos en que la política chilena hoy no es ejemplo para nadie, porque representa una falsa solución sin una base moral sólida que la sustente, que reclamo con base moral podemos hacer nosotros desde nuestro país, si aquí la política se ha transformado en una disputa por el botín del gobierno y del Estado. Es para un encuentro de acuerdos con los que nos oprimen o les sirven a estos para hacerlo, separándola, a la política, de su razón de ser, que es la lucha por el poder, con vocación de poder, para cambiar el sistema económico neoliberal, no para administrarlo, con el acomodamiento de las cúpulas dirigentes, rodeados por y vinculados con la corrupción galopante que afecta a toda nuestra sociedad y sus instituciones.

Con que fuerza reaparecen y suenan las palabras de Allende en este contexto, el presidente que prefirió morir antes de claudicar sus principios y rendirse ante el enemigo del pueblo “la historia es nuestra la hacen los pueblos” y las revoluciones, pero en la mayoría de los casos, las pierden o las negocian los dirigentes de los partidos.

Las experiencias vividas si nos indican, que desde la izquierda aun somos incompetentes en la critica férrea a lo que provocó y provoca su desmantelamiento ideológico, al culto del personalismo, a la megalomanía, al abuso de poder, al nepotismo, al llamado pragmatismo con el cual se resbala fácilmente hacia la renuncia de los principios y al respeto a la opinión de los demás. Allí esta el centro de una critica valida, para ayudar a limpiar la casa y volver a reconstruir una opción de cambio social junto al pueblo. Como también, es necesario oponernos a que se olvide nuestro pasado, para impedir el intento que se hace, por reemplazar con discursos vacíos e imágenes de héroes con pies de barro, aquellas ideas y obras de los revolucionarios transformadores que hicieron funcionar el mundo en las décadas mas duras del siglo pasado, cultores de una izquierda aguerrida, pero humilde, diametralmente opuesta a estos antivalores propios de este modelo y cultura neoliberal.

Verdades todas que no deben opacar los grandes esfuerzos y los logros que en un momento alcanzaron los nicaragüenses, inolvidables, además, para quienes llegaron y llegamos allí a entregar el aporte internacionalista, haciéndonos parte, con entusiasmo, de la lucha libertaria y de la reconstrucción del país. Allí aprendimos y luego lo experimentamos, que cada triunfo revolucionario cuesta mucho alcanzarlo, por pequeño que sea o haya sido, estos siempre estarán acompañados de grandes sacrificios y pérdidas de vida valiosas, como sucedió aquí en Chile y le sucedió a buena parte de la dirigencia sandinista.

Por eso y con un profundo respeto recordamos la gesta libertaria que los y las nicaragüenses crearon, impulsaron y lograron hacer realidad, en especial para quienes murieron asesinados en el camino recorrido, antes del día del triunfo revolucionario. Ellos y ellas dejaron escrito el mensaje que es aún imperecedero, que cuando el pueblo se organiza, se convence de que la lucha es justa y ve en sus dirigentes, hombres y mujeres comprometidas y comprometidos con ellos, con su futuro y felicidad, si el triunfo revolucionario es posible.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional ( F.S.L.N. ) fue creado como “un Partido Revolucionario, socialista, solidario, democrático y antiimperialista de composición plural, para defender los intereses populares y recoger las tradiciones de lucha histórica del pueblo nicaragüense por la soberanía nacional, la paz y la independencia patria: el objetivo del F.S.L.N. es alcanzar la felicidad de todos los nicaragüenses, edificando una sociedad con democracia política y económica, justicia social y un verdadero estado de derecho”

Por ello, son los y las nicaragüenses quienes deben decidir continuar con esta herencia, transformando estas definiciones en realidades, sin demagogia, haciendo del himno de la unidad sandinista y de su principal consigna, una nueva decisión de vida, para mantener los logros alcanzados con muchos sacrificios y con miles de vidas entregadas por esta noble causa.

Quienes respetamos y queremos al pueblo de Sandino y de Fonseca, a sus hombres y mujeres, solo nos resta acompañar una decisión que compartimos en los campos de batalla y en la reconstrucción nacional, que la revolución lograda, es tal, cuando es capáz de hacer realidad los derechos de su pueblo, entregándole la libertad, eliminando la explotación y aumentando su felicidad.

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