Guarequena Gutiérrez y la diplomacia de la estafa
por Cristian Joel Sánchez (Chile)
7 años atrás 5 min lectura
“En estos tiempos, un diplomático no es más que un jefe de camareros a quien, de cuando en vez, se le invita a sentarse”. Es una frase que en estos días calza a la perfección con una corte de seudo diplomáticos que, en el mundo, representan a un fraudulento sujeto que no es más que una marioneta tirada por múltiples hilos cuyos extremos los mueve Mr. Trump. La frase de marras, antes que se me olvide, pertenece a Peter Ustinov, el célebre actor inglés que seguramente los mayorcitos recuerdan bien. Pero no importa quién la dijo, sino porque ella, la frase, me sirve para comentar con usted un hecho aberrante de las relaciones internacionales que atañe en estos días a nuestro país. Para quienes leen esto en otros lares, en Chile —también en otros países— se tiene la hipócrita costumbre de que una vez al año el presidente de turno va hasta el Parlamento a entregar una cuenta acerca de las maravillas que su gobierno ha realizado a favor del pueblo durante los doce meses de mandato. De ahí viene lo de hipócrita porque la mayoría de las veces la cuenta es una latosa sarta de mentiras.
Bueno, como también ocurre en otros lados, al tedioso acto que este año se realizará el 1° de junio, se invita a representantes de la elite más “honorable” del país, religiosos, militares, jueces, diputados, senadores y a todo el cuerpo diplomático acreditado ante el gobierno. ¿Y el pueblo, dice usted? ¡no sea ingenuote! Lo normal es que, al menos en Chile, el pueblo esté cada año en las afueras del Congreso protestando contra los que están adentro, siendo reprimidos por la policía en un festival de manguerazos y gases lacrimógenos. Pero sigamos. Ocurre que este año habrá un convidado de piedra, o una convidada mejor dicho, al circo de los demócratas. Y esto porque el gobierno derechista del magnate Piñera, que las ha emprendido hace tiempo, junto con sus hermanos oligarcas, y otros fascistoides de América Latina, en contra de la Revolución Bolivariana, se le ocurrió saltarse la vetusta tradición diplomática del país e invitó a propósito de escopeta, a doña Guarequena Gutiérrez, que no es ni milica, ni monja, ni jueza, ni parlamentaria, y mucho menos diplomática. Es decir, no representa a nadie, protocolarmente hablando.
En realidad estoy equivocado. Me corrijo de inmediato. Doña Guarequena sí representa algunas cosas: en primer lugar con sus rubios cabellos, de piel inmaculadamente blanca, “ojos septentrionales” donde “no hay cuervo que manche la geografía de nieve de su carne que surge temblorosa y desnuda” como dice un bello poema de Nicolás Guillén, esta “catira” representa más a la derecha chilena que la invitó que a la gran mayoría del pueblo venezolano, aquel que es heredero de aquellos esclavos negros traídos desde Africa que, como dijera también Guillén, “pasó el mar entre cadenas, y entre cadenas pasó el mar”. Pero no importa, dirá usted, ¿acaso el mundo del celuloide, televisión o cine, no nos llena del estereotipo de doña Guarequena? Claro, desde este punto de vista ella está “in”, así es que dejemos de lado esta odiosa discriminación epidérmica en la que he caído. ¿Pero quién es Guarequenita, si me permite este paternalismo? Me dirijo otra vez a los que están lejos de Chile. Ella es la representante “oficial”, sin cartas credenciales, pero eso tampoco importa, del títere de mister Trump del que hablábamos al comienzo, a ese que se le ocurrió investirse de “presidente designado” de Venezuela, un cargo tan falso como el de “diplomática” con el que se quiere investir a doña Guarequena.
Como en este país aún quedan algunos seres dignos en la política, el senador Jaime Quintana, presidente del Senado chileno, y por lo tanto anfitrión del acto del 1° de junio, le advirtió al desatinado Piñera con sus no menos descriteriados asesores, que el embajador oficial de Venezuela en Chile es Arévalo Méndez Romero, representante del gobierno legítimo de Nicolás Maduro en el país y que la invitada de Piñera tendrá que sentarse entre los asistentes comunes que concurren a estas ceremonias. Pero hasta este momento no se sabe a qué subterfugio recurrirá don Sebastián y el que es su más cercano amanuense en política exterior, un reconvertido comunista y hoy recalcitrante derechista que oficia de ministro de relaciones exteriores, para encumbrar de alguna manera a Guarequena Gutiérrez a la calidad de diplomática como representante del presidente de utilería, aquel que se ha ido desinflando como “caucho ponchado”, según dicen por el Caribe, después de su ridículo intento de golpe de estado del 30 de abril en Venezuela.
Este gesto desubicado de Piñera, que se agrega a una cadena de desatinos que lo tienen hoy con una aprobación por el suelo según las encuestas, tan repudiado como su colega Macri en Argentina y Bolsonaro en Brasil, no será el último con el cual se agrede al esfuerzo sobrehumano del pueblo de Venezuela por resistir el vendaval de ataques al que diariamente lo someten los “demócratas” continentales. Lo interesante será observar cuál será la conducta de los tambaleantes izquierdistas que, también con muchas ganas de reconvertirse, se han alineado contra el socialismo venezolano, como Isabel Allende a quien ofendió que se comparara a su glorioso padre con Hugo Chávez, o la supuesta líder de la izquierda doña Beatriz Sánchez, o el “pendejo” Insulza como lo tildó Chávez, sólo por nombrar algunos.
Usted, mi amigo, si el primero de junio, aburrido de la cadena televisiva pasea distraído su mirada por los no menos aburridos asistentes, ve un nido de cabecitas rubias en el sitio donde se concentran los representantes de la derecha chilena, léase UDI, Renovación Nacional y otros, no exento de dificultad podrá reconocer ahí a Guaraquenita, la convidada de piedra de la derecha chilena.
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