«Quisiera preguntarle, Señor Benetton: ¿quién compró la tierra a Dios?

Si, es esa misma empresa; la que hace publicidad mostrando generosidad, tolerancia, humanidad. La misma que compró 600.000 has que son de propiedad mapuche.

Al Sr. Luciano Benetton, Presidente de la Fundación Benetton de Estudios e Investigaciones

Y, por cortesía

Al Dr. Marco Tamaro, Director de la Fundación Benetton de Estudios e Investigaciones;

Al Arquitecto Luigi Latini, Presidente del Comité Científico de la Fundación Benetton de Estudios e Investigaciones; y

A todos los miembros efectivos y honorarios del Comité Científico de la Fundación Benetton de Estudios e Investigaciones

Señor Presidente:

Desde hace algunos años he extendido mi actividad científica y didáctica a América del Sur, en particular a Argentina, por lo que he visitado numerosas veces la Universidad de Buenos Aires (UBA). En este contexto, gracias a las informaciones recibidas de algunos colegas de la Facultad de Filosofía y Letras y a las recogidas por mí mismo en ocasión de un viaje a la Patagonia como estudioso del paisaje, he podido conocer en qué estado están allí los lugares de vida.

Una larga reflexión y un cuidadoso estudio de la documentación disponible (en su mayor parte, recogida por investigadores de dicha Facultad) sobre la actividad de la empresa Benetton en la Patagonia argentina, especialmente después de conocido el caso de Santiago Maldonado que ha golpeado las consciencias y provocado protestas en todo el país, llevando a que se realizaran en Buenos Aires grandes manifestaciones y a que se publicara en las redes una documentación excepcional, me han impulsado a escribir esta carta en mi carácter de miembro efectivo desde hace muchos años del Comité Científico de la Fundación Benetton de Estudios e Investigaciones en la que me desempeño desde poco después de su creación con la dedicación que se demuestra en mis publicaciones científicas.

Ya desde la época del histórico director Domenico Luciani y del Comité Científico presidido por el Prof. Lionello Puppi (quien promovió un excelente trabajo de estudio e investigación, para que se entienda el paisaje en su sentido antropológico más comprehensivo) he podido notar una sensible discrepancia entre la actividad de la Fundación y la desarrollada por la empresa que le da el nombre siendo que Ud., Sr. Luciano Benetton, es Presidente de la compañía y mecenas de la Fundación. No obstante, es preciso reconocer que Domenico Luciani supo en su momento separar claramente la Fundación de la empresa, lo que hoy en día ya no sucede tan claramente.

Quizás no todos conozcan la situación que realmente se da en la Patagonia (para no hablar de la Amazonia) en las propiedades de la familia Benetton, que alcanzan a 900.000 hectáreas que fueron adquiridas legalmente en 1991 en la época de la gran venta de la Argentina hecha por el entonces presidente Carlos Menem (véase al respecto el documental de Fernando E. Solanas, Diario del saqueo).

En parte de estos territorios vivían mapuches (cuyo nombre significa hombre de la tierra) en tierras que poseían ancestralmente, aunque ahora sean de propiedad de Benetton, y de las que fueron expulsados y siguen reclamando a pesar de la represión y de que se los acuse de terroristas. Uno de sus líderes, Francisco Facundo Jones Huala, imputado como terrorista y ya detenido, debe ser pronto extraditado a Chile. En este contexto, durante la represión de una manifestación pacífica contra Benetton y contra la detención de Huala, el 1º de agosto de 2017, desapareció Santiago Maldonado, defensor de los derechos de los mapuches, cuyo cadáver fue hallado algunas semanas más tarde.

Entre tanto, mientras que del otro lado del Océano se expulsaba a poblaciones locales de su tierra, la Fundación realizaba dos jornadas de estudio con el título Cuidar la tierra cuyos resultados fueron plasmados en una publicación que evidencia el vínculo estrecho entre el ser humano y la tierra. Le confieso, Señor Presidente, que en aquel momento yo no conocía a fondo el problema, pues, de lo contrario, habría intervenido en relación a los hechos que aquí me ocupan. La ética me lo impone, aquella ética que es superior a toda ley impuesta, tal como la enseña la tragedia griega. Éste es la cuestión: habitar implica existir. Yo habito en tanto soy, Señor Presidente, y si me quitan la tierra de mis antepasados mediante transacciones comerciales legales, pero de origen dudoso, no existo más: he perdido mi identidad y mi dignidad. Se trata de una ética superior que impone respeto por quien desde hace siglos habita un lugar donde ha enterrado a sus antepasados. Le pido que reflexione. Es preciso conocer y reconocer las culturas ancestrales, como son tuteladas actualmente por las constituciones de Ecuador y Bolivia.

Un lugar no es una mercancía. Tiene su historia y, aun si se lo ha adquirido con dinero, pertenece a quien lo habita en el tiempo y en el espacio y no se lo puede sustraer comercialmente a los habitantes de siglos, como ha sucedido en este caso.

Se me permita decir que todo esto lo he aprendido también gracias al trabajo en la Fundación. Estoy muy agradecido a Domenico Luciani, quien durante treinta años ha investigado la profundidad de los lugares y el carácter especial de los mismos del que no se puede huir.

Sé que un caballo de batalla de la Fundación lo constituyen los Lugares de valor, un tema que ha superado los confines nacionales. Y bien, Señor Presidente, no se puede investigar en un lado los lugares de valor y al otro lado del Océano negar el valor de los lugares de los nativos. ¿No se trata acaso de una fuerte contradicción?

La tierra es sagrada. Es la Pachamama, la madre tierra, que existe en comunión con sus hijos, tal como ha escrito el 13 de julio de 2004 Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, en una noble carta que ha dirigido a Ud., aunque me parece que Ud. nunca la respondió. Con palabras simples, Pérez Esquivel evidenció entonces el problema ético que supera toda justificación de la legalidad contra las culturas ancestrales.

En esta hermosísima carta, escrita con el corazón y un benévolo ánimo de paz, hay un pasaje que me permito citar con la débil esperanza de que golpee su corazón y su sensibilidad:

«Quisiera preguntarle, Señor Benetton: ¿quién compró la tierra a Dios?

Ud. sabe que los habitantes del lugar llaman su fábrica “la enagua de seis aros” que con acero se ha cerrado al viento, las nubes, las estrellas, el sol y la luna. De ella ha desaparecido la vida, porque todo se reduce al valor económico y no a la armonía con la Madre Tierra».

Creo que estas frases bastan, para entender que la primacía del mero valor económico se ha hecho tan evidente que anula todo valor de los lugares y las personas. Desde hace algunos años me estoy dedicando al estudio y la comprensión de la Pachamama, que con su extraordinaria profundidad reclama a gritos amor y reciprocidad, no explotación económica. Los primeros resultados de esta investigación se conocerán en breve en un volumen dedicado al jardín (gran tema de la Fundación) como metáfora de un mundo mejor: el jardín y la Pachamama. Éste es el punto de partida de mi batalla por un futuro sin liberalismo económico. En esta batalla estaré siempre al lado de los más débiles en defensa de su existencia y de su tierra, como me han enseñado los grandes maestros, un extraordinario don de la vida que llevo conmigo siempre y a todas partes, sin traicionar la dote de la libertad que me ha sido dada en herencia.

Es por estos motivos, que espero hayan sido claros y le hagan reflexionar, que presento mi renuncia irrevocable al Comité Científico de la Fundación Benetton de Estudios e Investigaciones que el Sr. preside, ya que mi nombre y mi historia no son compatibles con la política de la empresa que financia dicha Fundación.

Quizás sea una utopía, pero el único hecho concreto que podría hacerme desistir de esta decisión sería que Ud., Señor, y su familia donasen a esta Gente de la Tierra parte de la tierra que poseen y que es reclamada por los mapuches, accediendo de ese modo fraternalmente al pedido que hace tiempo hizo Pérez Esquivel. No creo que se trate de un gran sacrificio económico, pero estoy firmemente convencido de que se trataría de un enorme y noble acto ético que tendría un efecto muy positivo sobre la imagen de la familia Benetton; una imagen real y no la falsa que se difunde actualmente con la Fundación y la campaña United Colors. Sería una imagen que le permitiría entrar en la historia de los excelentes como fue Adriano Olivetti.

Los tiempos están más que maduros. A pesar de toda represión de Estado, la verdad sale a la luz. Aunque sea una utopía, repito, sería un acto extraordinario. Es Ud. Señor, quien tiene que decidirlo y ganarse la estima infinita del mundo. Hace pocas semanas se ha estrenado el documental El camino de Santiago, de Tristan Bauer, y la documentación sobre el tema se enriquece permanentemente. Reitero las palabras de Pérez Esquivel: «Todos estamos de paso en la vida; cuando llegamos, en realidad ya estamos partiendo y no podemos llevarnos nada con nosotros». No obstante, en nuestra breve existencia dejamos huellas, tal como lo recita el coro de la Antígona de Sófocles: hacia el bien o hacia el mal.

Pido disculpas a los colegas del Comité Científico, por no haber hablado antes con ellos sobre esta decisión, pero he obedecido a mi consciencia. Ante la consciencia toda persona debe responder por sí sola.

Con el debido respeto

Massimo Venturi Ferriolo

Milán, 27 de agosto de 2018

 

Massimo Venturi Ferriolo, filosofo, già professore ordinario di Filosofia Morale ed Estetica, ha lavorato presso le Università Urbino, Milano Statale, Heidelberg, Salerno e Politecnico di Milano. Ha partecipato alle attività didattiche dell’Università Complutense Madrid, dell’Università Autónoma Metropolitana Città del Messico, dell’Istituto Dumbartons Oaks Garden and Landscape Studies della Harvard University, dell’École des Hautes Études en Sciences Sociales (membre jury dottorato DEA Jardins Paysages Territoires) e dell’École Normale Supérieure Paris, dell’Universitade São Paulo, dell’Università Santa Fe e Cordoba, Argentina. Ha tenuto numerose conferenze e lezioni in varie università, tra cui la Facoltà di Lettere dell’Università Buenos Aires e FAU Santiago del Cile. Ha lavorato presso il Dipartimento di Architettura e Studi Urbani del Politecnico di Milano (incarico per contratto presso il Laboratorio di Urbanistica del paesaggio). Dal 1994 collabora con la Fondazione Benetton Studi Ricerche; dal 2008 è membro della Giuria del Premio Internazionale Carlo Scarpa per il Giardino; attualmente è membro del Comitato scientifico e collabora con la Fondazione IED, Istituto Europeo del Design.

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