¿Quién es el vasallo?

“Si quieres comprender la política de una nación, consulta el mapa”. La cita suele atribuirse a Napoleón.

Es un buen consejo.

Si vive uno en Israel hoy en día, tendrá la sensación de que el enorme Estado de Israel es el que dicta la política de Estados Unidos respecto a Irán.

El presidente Donald Trump escucha y obedece. Si Bibi el Grande le ordena romper el acuerdo nuclear sin motivos aparentes, él obedece. Al pobre hombre no le queda otra.

Pero después consulta uno el mapa y descubre para su sorpresa que los Estados Unidos son un país enorme mientras que Israel es diminuto, tanto que el nombre lo tienen que poner fuera, en el mar.

Entonces, ¿cuál es el problema? La geografía, por supuesto, no es el único factor. Israel cuenta con varios millones de fieles defensores que son ciudadanos estadounidenses y tienen mucho dinero. Y aun así…

Donald Trump es el Nerón de nuestros días, el emperador de la Nueva Roma.

¿Puede ser que no hayamos comprendido la situación? ¿Puede ser que Trump no sea el vasallo de Netanyahu sino al revés? ¿Puede ser que el que mande sea Trump y Netanyahu, por muy fanfarrón que sea, obedezca?

No sería la primera vez. En la antigüedad, los líderes de la comunidad judía de Palestina trataban por todos los medios de complacer al emperador de Roma. A Nerón, por ejemplo, aquel hombre al que le gustaba incendiar su ciudad, y el mundo entero, mientras tocaba la flauta, o lo que fuera.

Donald Trump es el Nerón de nuestros días, el emperador de la Nueva Roma.

El principal objetivo de la vida de Trump es salirse del acuerdo nuclear, el “peor acuerdo de la historia”. ¿Por qué? He estudiado al asunto con atención y he llegado a la conclusión de que el motivo es tan solo que quien forjó el pacto fue Barack Obama, el predecesor al que tanto odia.

¿Qué otra razón había para anular el acuerdo? No veo ninguna. El acuerdo evitaba que Irán continuara construyendo una bomba nuclear. Todos los expertos sin excepción (incluso los israelíes) han confirmado que Irán estaba cumpliendo sus compromisos meticulosamente.

Bibi se despierta por las mañanas con Irán y se acuesta por las noches con Irán

De hecho, el mundo entero, con la evidente excepción de Estados Unidos e Israel, ha decidido seguir adelante con el acuerdo. Alemania, Francia y el Reino Unido, tres potencias no precisamente insignificantes, creen que hay que mantenerlo. Al igual que Rusia y China, dos países que no son tampoco unos miniestados.

Excepto Israel. Ah, Israel…

En Israel, la mayor parte 
de la población cree que Binyamin Netanyahu, Bibi el Grande, tiene a Trump metido en un puño. Es tal su poder sobre Trump que el presidente estadounidense tiene que seguir los mandatos de Israel.

Bibi está obsesionado con Irán. Se despierta por las mañanas con Irán y se acuesta por las noches con Irán.

A nadie se le ocurre preguntar por qué.

Volviendo a Napoleón y a su mapa: entre Israel e Irán no parece haber un conflicto de intereses. No hay fronteras comunes. No hay territorios del uno que el otro desee. Tampoco uno de ellos tiene recursos naturales que el otro ambicione.

Una prueba: hasta hace no tanto tiempo, era yo ya un hombre maduro, Irán era el máximo aliado de Israel, a excepción de nuestro vasallo estadounidense, por supuesto. En Irán gobernaba el shah, con su bello uniforme y su bella esposa (por favor, queridas feministas, no me critiquen por esto).

Mi amigo Amiram Nir llevó personalmente el cargamento de armas a Teherán

Como decimos aquí, Israel e Irán robaban pollos juntos. Los iraníes nos ayudaban a infiltrar nuestros espías en el Kurdistán iraquí para causar problemas al dictador del lugar, Saddam Husein. Más tarde nosotros ayudaríamos a Irán en la guerra con Iraq, desencadenada por el mismo Husein.

En uno de los mayores escándalos de su época, el así llamado Irán-Contra, Israel transfirió armas estadounidenses a Irán. Estados Unidos utilizó el dinero del negocio para financiar a la Contra, la guerrilla que se enfrentaba al gobierno izquierdista de Nicaragua. Mi amigo Amiram Nir, un periodista reconvertido en asesor militar del gobierno, llevó personalmente el cargamento de armas a Teherán. A su homólogo estadounidense, Oliver North, lo acaban de nombrar presidente de la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA).

En fin, basta ya de divertidas anécdotas. Entre ambas naciones no hay un antagonismo básico dictado por la geografía. ¿Cuál es el problema, pues?

Bueno, está la ideología. Los actuales gobernantes de Irán son islamistas chiíes radicales. Quieren convertirse en los amos del mundo árabe musulmán. Los árabes odian a Israel, principalmente por su ocupación de Palestina. Por eso los iraníes fingen ser el mayor enemigo del “Pequeño Satán”, su más bien insultante modo de referirse a Israel para distinguirlo del Gran Satán, que es naturalmente Estados Unidos.

Francamente, a mí me parece que a los gobernantes iraníes Israel no les importa un comino, excepto como instrumento útil. El odio por Israel es un arma más en la batalla con el mundo árabe suní, liderado por Mohammad Bin Salman, el hiperactivo príncipe heredero saudí.

(El conflicto entre suníes y chiíes se remonta casi a la época del Profeta, hace más de 15 siglos)

Entonces, ¿por qué está Bibi obsesionado con Irán hasta el punto de ordenar a su vasallo americano que desencadene la Tercera Guerra Mundial?

La respuesta depende del grado de cinismo de cada uno.

Tanto Bibi como Trump están metidos hasta el cuello en sus casos de corrupción

Los muy cínicos dirán que tanto Bibi como Trump están metidos hasta el cuello en sus respectivos casos de corrupción. Con un poco de suerte, puede que ambos acaben entre rejas.

No hay forma mejor de desviar la atención de sus súbditos que una guerra. Es un precepto que se ha usado una y otra vez desde que el mundo es mundo y casi nunca falla. ¿A quién le importan los escarceos de Trump con actrices porno o los regalos que Bibi haya recibido de millonarios (estadounidenses) cuando están en juego las vidas de nuestros jóvenes que sirven en el ejército?

Estados Unidos está aún lejos de una guerra con Irán, pero Israel no. Quizá ya estemos metidos en ella sin creerlo.

Estos últimos días, o quizá debería decir estas últimas noches, nuestros valientes soldados han bombardeado instalaciones iraníes en suelo sirio. De momento Irán no ha reaccionado, salvo por un débil intento que ha provocado un masivo ataque aéreo israelí.

¿Qué hace Irán en Siria? Siria es parte de su objetivo de crear una esfera de influencias iraní desde Irán al Mediterráneo. En Iraq, con su población mayoritariamente chií, ya es la potencia dominante. Con la ayuda de Rusia, casi ya lo es también en Siria. En Líbano, su aliado, el movimiento chií Hizbulá, controla gran parte del país y acaba de ganar las elecciones.

A Estados Unidos todo esto no le gusta nada. Es cierto que Trump ha decidido retirarse de Oriente Medio (es demasiado caro), pero no quiere que el vacío dejado por él lo ocupe Vladimir Putin. En absoluto. Así que manda a sus soldados a casa pero le dice a Israel que les haga la vida imposible a los iraníes en Siria.

Por mucho que el actual régimen de Irán saque pecho, practica una gran contención

Eso es jugar con fuego (para los israelíes). Hasta ahora Irán se ha limitado a responder a nuestros bombardeos de sus fuerzas con amenazas y la ineficaz respuesta de esta semana. Pero ¿cuánto puede durar?

Irán es un país prudente. Por mucho que el actual régimen saque pecho, lo cierto es que practica una gran contención. No olvida que recientemente (hace solo unos 2500 años) era una potencia global. Sabe esperar. No cumple las expectativas de Trump. Al fin y al cabo, ¿cuántos años hace que existen los estados Unidos?

Así que nosotros nos ocupamos de los bombardeos. Y ellos responden con amenazas. Y Trump está contento.

¿Y qué dice el público israelí?

Se pregunta uno si existirá tal cosa.

Algunos comentaristas locales se preguntan ya si los ciudadanos israelíes se han convertido en meros súbditos.

Israel se encuentra evidentemente en pie de guerra. Para los iraníes el bombardeo nocturno de sus fuerzas es un insulto a su orgullo nacional. En nuestra región el orgullo nacional es un asunto muy serio. Nuestro ejército ha ordenado a la población que abra los refugios antiaéreos y los tenga listos para su uso. Se ha desplazado una gran cantidad de fuerzas antiaéreas a la frontera con Siria.

No hay oposición efectiva a Bibi ni en la Knesset, ni en la prensa popular ni en TV

¿Y qué dicen los israelíes? Se encogen de hombros. Saben muy bien que Bibi es todo un showman. Acaba de hipnotizar a la opinión pública israelí y mundial con un soberbio espectáculo televisivo en el que ha revelado una enorme cantidad de información sobre las actividades nucleares iraníes. Los valientes jóvenes del Mossad se hicieron con este tesoro en Teherán y lo trajeron a Israel arriesgando sus vidas.

Maravilloso, salvo porque el tesoro estaba compuesto de documentos obsoletos anteriores al acuerdo que solo demuestran lo que todo el mundo sabe: que Irán quería imitar a Israel y producir su propia bomba nuclear. Ocurre que impedirlo era uno de los principales objetivos del acuerdo.

Pero ¡menudo efectismo! ¡Menuda escenografía! ¡Qué inglés (americano) tan perfecto! ¡Qué coordinación con la decisión de Trump de salirse del acuerdo! ¿Puede ser que el espectáculo lo ordenara Trump?

Algunos comentaristas israelíes han dejado todo esto claro. Sin embargo, no hay oposición efectiva a Bibi ni en la Knesset, ni en la prensa popular ni en la televisión.

La gran mayoría de la población en Israel, y en el resto del mundo, se pone en posición de firmes en cuanto se pronuncia la palabra “seguridad”. De acuerdo, quizá Bibi sea un poquito corrupto, quizá haya aceptado un par de sobornos de aquí y de allá, pero es nuestro comandante en jefe. Él es quien envía a nuestros soldados al combate. Así que saludemos a nuestro jefe.

¡Hail Bibi!

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 12 Mayo 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente

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