Brigadas Internacionales o la ternura de los pueblos

04 de noviembre de 2017
Con motivo del 81 aniversario de la llegada de la XI Brigada Internacional a Vallecas y Vicálvaro y tras años trabajando por recuperar la memoria de voluntarios y voluntarias de todo el mundo que vinieron a defender Madrid del ataque del fascismo, la Asociación de Amigos de la Brigadas Internacionales (AABI) inaugura este domingo en Vicálvaro un monumento en reconocimiento a las Brigadas en el Jardín que lleva su nombre, creando un nuevo Lugar de Memoria en Madrid. 

Otro paso más en la creación de una Ciudad de Memoria que el Ayuntamiento de Madrid construye, recogiendo las demandas del movimiento memorialista y a pesar de los impedimentos que los nostálgicos del franquismo intentan imponer. 

Más de 35.000 voluntarios procedentes de unos 50 países llegaron a España para luchar contra el Golpe de Estado que dio Franco con la ayuda del Nazismo y el Fascismo. Recuperar la memoria de personas que se unieron para defender los valores de solidaridad y fraternidad entre los pueblos es esencial para construir la identidad de nuestra región, valores tan importantes para la convivencia en el presente. 

Por ello es condición necesaria que esa recuperación sea con perspectiva de género. Entre esos 35.000 voluntarios se calcula que hubo unas 700 mujeres extranjeras que lucharon en la Guerra Civil, según la investigación que hizo la historiadora austríaca Renée Lugschitz, ya que como ocurre con la represión en España, no existen investigaciones oficiales exhaustivas.

Muchas de esas mujeres vinieron por ideales políticos, eran enfermeras, traductoras, periodistas, doctoras… y también estuvieron en primera línea, e incluso lideraron batallones, como el caso de la argentina Micaela Feldman, conocida como Mika, La Capitana. Mika llegó a España en 1936 y se unió junto a su marido al Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), donde lideró una columna en frentes como Sigüenza y Moncloa. 

La historia de Mika la recupera la escritora argentina Elsa Osorio en una biografía que visibiliza a las mujeres en el lugar que nos corresponde en la Historia, ya que hemos sido marginadas del relato, como el caso de La Capitana, quien también sufrió el machismo como recoge el libro: “No he venido al frente para morir por la revolución con un trapo de cocina en las manos. Las muchachas que están con nosotros son milicianas, no criadas. Estamos luchando todos juntos, hombres y mujeres, de igual a igual, nadie debe olvidarlo”. 

Mika y todas las brigadistas son esos referentes que debemos recuperar en el presente para sentirnos orgullosas como sujetos políticos en defensa de la solidaridad, fraternidad y sororidad. 

La solidaridad no sólo vino desde fuera en el pasado, en el presente nos llega también desde otros pueblos para recuperar la Memoria, como es el caso de la Querella Argentina contra los crímenes del franquismo, donde no sólo interviene de forma determinante el Juzgado Nº1 de Buenos Aires de la Jueza Servini, sino también la inmensa labor de la abogada argentina Ana Messuti y del añorado e irreemplazable Carlos Slepoy. Desde la otra orilla también llega el apoyo de las mujeres y hombres que conforman la Plataforma Argentina a esta Querella, y la solidaridad del trabajo mundialmente reconocido del Equipo Argentino de Antropología Forense para poder identificar las muestras de ADN que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica recoge de las exhumaciones que el Estado no hace. Exhumaciones financiadas con la donación de un Sindicato Noruego de electricistas que hizo posible reparar a la familia de Timoteo Mendieta. O como el caso de los estudiantes mexicanos cuyas prácticas en verano permiten realizar excavaciones en las trincheras de Ciudad Universitaria y que no hace el Gobierno de Cifuentes en la Comunidad de Madrid.

Madrid ha demostrado históricamente ser una región abierta y solidaria y con el monumento a las Brigadas Internacionales, reconoce además no olvidarse de la ternura de los pueblos que lucharon juntos contra el fascismo. Desde aquí, también el agradecimiento a todos los que en el presente nos ayudan a construir una cultura de los derechos humanos.

-La autora, Manuela Bergerot, es experta en políticas de Memoria

*Fuente: Publico.es

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