Matar al Che

El 18 de agosto de 1961 a las 11.30 de la mañana luego de ocho años de ausencia, el Che Guevara pisa suelo Argentino, para asistir a una reunión secreta con el presidente Arturo Frondizi. El Che pone su vida en riesgo durante esta breve estancia en su país natal.

El documental cuenta porqué el Che vino al Río de la Plata en ese frío agosto de 1961. Él era Ministro de Industria de Cuba, en abril de ese año la revolución cubana había aplastado la invasión norteamericana en Playa Girón, y la guerra fría estaba en su apogeo. Kennedy era el nuevo presidente de EEUU, y es quien luego del fracaso armado, propone en el plano económico la “Alianza para el progreso”.

A través de entrevistas con personas que compartieron este momento histórico con el Che, y en sus propias palabras, relatan los sucesos ocurridos ese agosto de ’61. Sus posteriores consecuencias para Cuba y los países latinoamericanos que, como la Argentina, se negaron a la expulsión de Cuba de la OEA.

Durante el relato se recorren los lugares donde estuvo el Che por última vez en Buenos Aires, y se acerca a entender porqué la figura del Comandante Che Guevara fue, es y será, uno de los referentes políticos más relevantes de la Revolución Cubana, y de toda Nuestra América.

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  • oscar varela

    Hola!
    Comentario (hoy) de un amigo, cubano, exiliado en su momento.
    “Muy Bueno el documental sobre un incidente extraordinario en tiempos extraordinarios y una amenaza que desafortunadamente el tiempo materializó.
    No puedo imaginar cómo se puede dar la orden de matar a alguien tan fríamente. Quizás se aprende, quizás se desaprende todo lo que lo impide o hace difícil… ¡Qué extraña cosa la parte destructiva de nuestra naturaleza humana!
    Pena que en Cuba la sombra del personaje mayor nos privó de ver de más cerca a otros personajes incluso de mucha mayor importancia, como el Ché, cuya propia modestia y realismo también le hizo marginal.”-

  • oscar varela

    Hola!
    El mismo amigo, me cuenta:
    “Hay cubanos cuyos familiares, privados del derecho universal a un procesamiento judicial válido, murieron en el paredón de fusilamiento dela Fortaleza de La Cabaña, La Habana, bajo el mando del Ché Guevara y tienen derecho a su rencor, a prolongar su dolor si lo desean o lo necesitan.
    Hay cubanos cuyos familiares y quizás ellos recibieron de manos del Ché libertad y tienen derecho a su gratitud, a celebrarle si lo desean o necesitan.
    Personalmente no condeno al Ché Guevara por los muertos que pudo causar o no impidió; ni le absuelvo por las libertades que gestionó y me abstengo de juzgarle. Es mi derecho.
    ………………………
    Me tocó vivir los últimos tres o cuatro años de la dictadura batistiana que Ché Guevara ayudó a derrocar y me alegro y lo agradezco. Demasiado dolor infligido por los sicarios batistianos; demasiada corrupción heredada y perpetuada por el gobierno cubano anterior al de Batista y a éste mismo: Terror que no quiero olvidar.
    ………………………
    La guerra es como es y la lucha política es sin cuartel cuando un bando no termina por corromper y corromperse con el otro en contra del pueblo.
    No sé si alguna vez la violencia ha acabado bien.
    ………………………
    Me parece moralmente obligatorio reconocer aquello que haya de valioso y de verdadero en el enemigo. El Ché recorrió muy joven el continente sudamericano guiado por la solidaridad en contra de la injusticia social, y en México comprometió su existencia en una aventura cuyo éxito era muy poco probable.
    Después, no se le conocieron riquezas indebidas ni a él ni a su familia. Y terminó su existencia todavía luchando por la causa que creía justa.
    ………………………
    No puedo, ni tengo, que perdonarle ningún crimen como no puedo ni tengo que condonar la injusticia social contra la que luchaba el Ché.
    Veo una diferencia grande entre los Castro y el Ché, a favor de este último, y reconozco el criminal saqueo estadounidense de la América al sur del Río Grande, incluyendo a Cuba. Esto es una sola realidad tan indivisible como incontrovertible.
    Por toda esta mezcla de circunstancias, comprendo que haya quienes, libres de ellas, celebren y recuerden con admiración al guerrillero argentino. Yo reclamo mi derecho a guardar silencio.