Memoria histórica y toma de conciencia

Preocupante, Piñera, el símbolo de la corrupción y del abuso de poder se impuso en las elecciones primarias de la derecha, una consecuencia más del azote de la corrupción que soporta Chile. Con grandilocuencia, pero con un nauseabundo olor a podrido, ahora celebran y anuncian que van a gobernar “para bien de todos los chilenos y chilenas”. ¡Que descaro!

Orden de aprehensión contra Miguel Juan Sebastián Piñera Echeñique

Esta situación debería dejar establecido, con claridad, que el adversario político es la derecha, lo que constituye un desafío para las fuerzas progresistas, particularmente para la izquierda, aun disgregada, la tarea es convencerse de que la derecha y la aristocracia concertacionista no pueden volver a gobernar al país. Porque de hacerlo, se continuará administrando el modelo económico nacido en dictadura, lo que significa bienestar para unos pocos, pero más subdesarrollo, desigualdad social, vulnerabilidad y pobreza para la mayoría.

Por eso es urgente contrarrestar la influencia del voto de la derecha, arraigado en sectores populares, en donde los pobres votan por los ricos, encandilados y manipulados, aun, por un modelo que no les representa y perjudica. Por años, con un sistema educativo clasista, socialmente segregado, con medios de prensa al servicio de los grandes empresarios, con la anuencia de la concertación, el engaño actuó, devorando las mentes de hombres y mujeres, quienes aún viven dentro de la irrealidad, algunos seguramente cómodos.

La derecha y la concertación crearon el mito del crecimiento económico, transformándolo en el pilar fundamental de sus ideas y propuestas para Chile, el que, sin lugar a dudas, es la llave de funcionamiento del sistema neoliberal. Pero la realidad es otra, con esta visión de país, la evolución de la economía se transformó en un proceso patológico, que se nutre de la desigualdad social y la destrucción ambiental.

Crear un millón de empleos como dice el tramposo de Piñera, es posible, pero son empleos precarios, que mejoran temporalmente la situación de vida de un sector de la población, medidas económicas que tienen una eficacia limitada y aleatoria. Cuando se producen, al mismo tiempo, las políticas macroeconómicas tienen como efecto acrecentar la precariedad de los trabajadores y concentrar la riqueza.

La toma de conciencia,

Repetidamente se dice que “los pueblos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, lo que es una gran verdad, más aún en nuestro país, en donde el olvido fue instaurado. Impidiendo que, en el sistema educativo, en los colegios y universidades, se enseñara sobre las violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura.

Intencionalmente en los primeros gobiernos de la concertación, separaron la historia, una parte la dedicaron a reconocer lo que era imposible de ocultar, que, si hubo violaciones a los derechos humanos, a lo que se le llamo “los excesos cometidos por las FFAA. Aplicando medidas de justicia parciales, “en la medida de lo posible”, destinadas a reparar esos “excesos” cometidos por un estado terrorista, pero sin reconocerlo como tal, tendiendo un manto de impunidad que aún protege a los autores intelectuales del golpe cívico militar de 1973 y, a la mayoría de quienes cometieron crímenes de lesa humanidad.

La otra parte de la historia fue contada para blanquear el modelo económico, construyendo un relato que separo los (supuestos) “éxitos” de la forma como este modelo se le impuso al país. Negando que Chile fue el escenario de un profundo experimento económico y social, iniciado a la fuerza por el golpe de Estado cívico militar de septiembre de 1973, con una cruenta represión de dirigentes políticos, sociales, estudiantiles, militantes de la izquierda.

Pero la verdad siempre aflora, por primera vez en años, en una franja electoral, del Frente Amplio, se dijo una verdad evidente, que la sabemos, pero que no se decía en voz alta ni en TV, que el “éxito” del modelo económico dictatorial administrado por la Concertación y sus gobiernos, encubre una enorme catástrofe social para los más amplios sectores del pueblo chileno. Que se oculta la grosera depredación y saqueo de nuestras riquezas, mostrando cifras que son impresionantes, como, por ejemplo, que las grandes compañías mineras extranjeras se han llevado de Chile más de 180.000 millones de dólares en ganancias en los últimos años.

Sin duda un aporte inicial, que ayuda a romper el bloqueo cultural en el que estamos sometidos, pero hay que seguir demostrando la verdad, como también, mostrar que hubo chilenos y chilenas que resistieron la instauración de este modelo de país, compatriotas que han sido olvidados. Con el olvido hemos sido injustos y malagradecidos con quienes lucharon por derrotar a la dictadura cívico militar y para conseguir la democracia que hoy tenemos, hombres y mujeres que fueron encarcelados, torturados, asesinados por sus ideas, otros y otras, quienes perdieron sus vidas luchando en contra de la dictadura, todos ellos y ellas, han tenido que pasar por la indiferencia y el desprecio de buena parte de sus contemporáneos.

Con el olvido impuesto, hechos tremendamente y significativos van quedando en el pasado, enterrados por la indiferencia, un ejemplo, hace solo unos días, se cumplían 31 años de ese día fatídico, 2 de julio de 1986, cuando tropas militares quemaron vivos a dos jóvenes chilenos en una protesta en contra de la dictadura. Quienes no olvidamos estas atrocidades cometidas, si rendimos homenaje a estos dos jóvenes, a Carmen Gloria Quintana y a Rodrigo Rojas, tal cual como lo hicimos en esos días posteriores al que se cometió este crimen horroroso.

Solo un paréntesis, en el FPMR, una organización que fue ejemplo de dignidad, que se atrevió a desafiar y luchar contra la tiranía en su terreno, levantando la justa bandera de la rebelión, quisimos tres meses después, en septiembre de 1986 hacer justicia, para este hecho y para los cientos de miles de asesinados cobardemente por la tiranía. La rabia contenida, la impotencia y la decisión de luchar para terminar con la dictadura, en esos momentos, estuvieron presentes en la decisión y en el intento de ajusticiar al criminal número uno de Chile, el tirano Pinochet.

Pero el tiempo olvida, tal como sucedió con Carmen Gloria y Rodrigo, se aleja la imagen de Víctor Jara, de Salvador Allende, de Raúl Pellegrin, así también lo vivido por miles de chilenos y chilenas, quienes fueron tomados prisioneros, torturados, encarcelados algunos exiliados. Ellos y ellas, hoy son simplemente los ex presos políticos y ex presas políticas, solo un grupo de personas, quienes, a pesar de ser los sobrevivientes de las políticas de represión y exterminio, cada vez despiertan menos y menos respeto y solidaridad para sus demandas.

Así llegamos a límites de indiferencia que año tras año van siendo cada vez más intolerables, lo que hoy se refleja en la actitud de este gobierno, el que a pesar de ser encabezado por la hija de un general patriota, Alberto Bachelet, que fue torturado y que murió en la cárcel defendiendo al gobierno de Allende, ni siquiera opina con respecto a la situación de precariedad que viven los chilenos y chilenas que ayer fueron los presos políticos en dictadura.

Ante esta indiferencia estos compatriotas ocuparon el Instituto de Derechos Humanos, en un nuevo intento por ser escuchados. Ellos y ellas llevan años reclamando sus derechos de justicia, de reparación y porque se levanten los 50 años de silencio obligado, e impunidad, impuestos por el ex presidente R. Lagos, sobre las torturas y crímenes de la dictadura.

Esta es nuestra historia, lamentablemente ausente en los programas de quienes se presentan como futuros gobernantes, la que debe recordarse porque así aprenderemos del pasado, no para estimular venganzas, sino que, para saber y obrar acorde a nuestra condición de ciudadanos y ciudadanas libres. Las nuevas generaciones de jóvenes tienen el derecho de conocer la historia reciente, así como, el legado de dignidad y de valentía, de quienes combatieron a la dictadura cívico militar, y su innegable condición de héroes del pueblo, porque lucharon por la libertad de Chile.

Si estamos convencidos, que sin memoria no hay identidad, entonces aquí nadie ni nada se olvida, asumiendo así nuestra historia y estando dispuestos a mirar al futuro con la misma honestidad con la que abordamos nuestro pasado.

Esa es la manera de hacer algo significativo, para que lo sucedido nunca más ocurra, porque la ruptura del orden democrático, el exterminio y represión llevada a cabo como política de estado, dañó al país en su conjunto y eso no puede volver a suceder.

¡Nunca más! ¡Ni perdón ni Olvido!

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