Helmut Frenz, un alemán que hizo del Chile humilde su patria

HELMUT FRENZ:  EJEMPLO DE SOLIDARIDAD

Helmut Frenz nació el 4 de febrero de 1933, en Allenstein, Alemania.   Estudió teología en las Universidades de Bonn, Goettingen y Kial.  En 1959 fue ordenado pastor de la Iglesia Luterana  Se vio conmovido por la pobreza de los países del Tercer Mundo.  Quiso, por tanto, ser consecuente con el Dios de los cristianos que había conocido y con quien se había comprometido a ser uno de sus discípulos.  Llegó a Chile en 1965, a la ciudad de Concepción.  Allí fue capellán de la Cárcel de Menores y conoció la vida de los pobladores de los campamentos.  La madre de uno de los niños de la cárcel llegó un día a su casa a pedirle que bautizara a otro de sus hijos más pequeños, puesto que el sacerdote católico del lugar se había negado a hacerlo debido a que ella habitaba en un campamento denominado “Lenin”.  Este episodio significó uno de los hitos de la vida del pastor.

Frenz se encontraba a cargo de la Iglesia Evangélica Alemana, donde su antecesor había permanecido durante 35 años y había sido integrante del partido fascista, al igual que la mayoría de los alemanes que frecuentaban la Iglesia, donde todas las actividades se efectuaban en idioma alemán y la feligresía se reducía a alemanes y sus descendientes que también eran afines a la citada ideología.

Frenz aprendió español y comenzó a presidir la misa y otras ceremonias en este idioma, permitiéndose así el acceso de otro tipo de feligreses, lo  que provocó un choque en la asamblea.  Ello es ejemplificado por una madre que afirmaba que “enseñar la oración del Padre Nuestro en español equivalía  a lanzar perlas a los perros”.

Extrañamente, Frenz fue nominado obispo de la Iglesia Luterana, por lo que debió trasladarse a Santiago en 1970.  A fines de aquel año, los representantes de las Iglesias visitaron al recién electo Presidente  de la República Salvador Allende.  Este, con la grandeza de espíritu que le caracterizaba, pidió a las Iglesias que, mientras se legislaba al respecto, acogieran a los numerosos refugiados políticos que entonces vivían en Chile.  Helmut Frenz se abocó a dicha tarea fundando la Organización Ecuménica “Diaconía” que, tras el golpe de Estado de 1973, se transformó en la Comisión Nacional de Ayuda a los Refugiados (CONAR) que posibilitó la salida del país  de más de 7.000 refugiados extranjeros.

En octubre de 1973, junto al obispo católico Fernando Ariztía, presidió el Comité para la Paz en  Chile.  El 13 de noviembre de 1974, a las 9,45 horas, según señala el mismo Frenz, “visité, acompañado del obispo Fernando Ariztía, al general Augusto Pinochet.  Nos era conocido que la policía secreta DINA usaba lugares de tortura ocultos para adiestrar técnicamente a sus verdugos.  (…) Pinochet nos recibió sin ningún acompañante de su parte en su despacho oficial. Le entregamos la documentación a la que él le echó una mirada interesada.  Cuando comenzó la conversación empleando la palabra “apremio físico”, él nos interrumpió con la pregunta: “¿Ustedes quieren decir tortura?”.  Nosotros contestamos afirmativamente y pudimos emplear a partir de este momento claramente la palabra “tortura”, tras lo cual Pinochet dijo: “El bacilo del comunismo ha contagiado al pueblo.  Por esta razón tengo que combatirlo y aniquilarlo.  Los comunistas más peligrosos son los miristas.  Es preciso torturarlos, pues si no se hace,  no hablan.  La tortura es necesaria para exterminar el comunismo”.

Tras estas palabras del tirano, se incrementó en Frenz su convicción de lucha contra la represión, pues “el que ha sido torturado no vuelve a encontrar una  vida normal en este mundo”, porque la tortura lo ha desposeído de algo que es tan esencial para el hombre como el aire para respirar.  “Ha perdido la fe y la confianza en la humanidad de las personas”, dijo Frenz, agregando que “no es posible explicar con palabras lo que es la tortura”.

En este contexto, en 1975 Frenz dio inicio a la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), mientras desarrollaba acciones de solidaridad con los presos políticos y los perseguidos a través de una red clandestina, cuyos integrantes recién hoy están saliendo a la luz pública.

El 3 de octubre de 1975, Helmut  Frenz fue expulsado de Chile, volviendo a su natal Alemania.  Allí ejerció como Secretario General de Amnistía Internacional durante 10 años, desde donde inició las denuncias contra la complicidad con la dictadura de Pinochet de parte de Colonia Dignidad.

Posteriormente, fue Director del Departamento de Refugiados del Estado Federal de Schleswig Holstein, siempre en Alemania.

En 2003, la Comisión Etica contra la Tortura (CECT-Chile) invitó a Helmut Frenz a visitar Chile por segunda vez desde su expulsión.  El pastor regresó para quedarse, colaborando con su Iglesia y con la CECT, habiendo sido decisiva su participación en la instauración de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura (Comisión Valech), destinada a establecer verdad, justicia y reparación a los sobrevivientes de tortura bajo la dictadura pinochetista.

En 2005, Frenz integró la Comisión Calificadora de Prisión Política y Tortura de la Fundación Salvador Allende de España.  En 2009 recibió la nacionalidad chilena por gracia y el doctorado Honoris Causa de la Universidad ARCIS, todo ello en medio de múltiples otras actividades de solidaridad con víctimas de la injusticia, tales como el pueblo mapuche y las personas detenidas en manifestaciones públicas.

Resulta significativa la similitud entre Frenz y otro gran testigo de la fe: Dietrich Bonhoeffer, también pastor y teólogo luterano, alemán, ecuménico y quien también se vio en la urgencia de adoptar posturas claras respecto del entonces régimen nazi.  En 1934, Bonhoeffer y otros teólogos y pastores se apartaron de la Iglesia oficial y constituyeron la “Iglesia confesante”, buscando ser fieles a los datos bíblicos y a la tradición protestante, así como a una mejor transmisión del mensaje revelado de acuerdo a los condicionamientos de su tiempo.  La Iglesia confesante resistió al nazismo y, en 1943, Bonhoeffer fue detenido.  Sin acusación y sin proceso, fue ejecutado el 9 de abril de 1945.

También en Chile, el golpe de Estado de 1973 ha sido justificado por muchos como un bien, o a lo menos, como un “mal menor”.  Frenz afrontó este dilema y se preguntó por el rumbo que debería adoptar: huyendo de todo conflicto, se podría haber refugiado en sus virtudes individuales, cerrando los ojos y los labios ante la injusticia cometida a su alrededor.  Pero todo autoengaño no le habría tranquilizado por todo lo que habría dejado de hacer, pues aquello le habría convertido en un fariseo.  Habría podido encerrarse con resignación o entregarse incondicionalmente al más fuerte.  Podría haberse puesto  innumerables disfraces para esconder la irresponsabilidad ante su propia conciencia, aceptando una conciencia tranquila en lugar de una conciencia digna.  Habría podido aceptar  lo malo para evitar lo peor, sin visualizar que allí se encuentra el principio de las tragedias.

Frenz reconoció que Dios esconde siempre en el fondo de los cimientos del mal, la voz tenue pero insoslayable de la justicia que, en lenguaje bíblico, era su misión: dar la vida por la justicia.

Afectado en su salud y entristecido por un Chile post dictadura caído en “la felonía, la cobardía y la traición”, en 2010 Frenz regresó a Alemania, falleciendo en la ciudad de Hamburgo el 13 de septiembre de 2011, tras haber manifestado su deseo de que sus cenizas retornaran a Chile para permanecer junto a los pobres y olvidados, con quienes está aquel Dios del que fue su fiel discípulo.

Desde 2013, la Comisión Etica contra la Tortura (CECT-Chile) y la Iglesia Evangélica Luterana en Chile (IELCH) se han unido para sistematizar y difundir la obra de Helmut Frenz, creando el Centro HELMUT FRENZ de Educación y Documentación en Derechos Humanos, para la formación de las nuevas generaciones, en búsqueda de “la solidaridad perdida”, puesto que “lo que amamos en los otros es lo que hay de divino en ellos.  Y lo que los otros aman en nosotros, es lo que nosotros tenemos de Dios”.

Hervi Lara B.

Centro HELMUT FRENZ
Comisión Etica contra la Tortura (CECT-Chile)

Santiago de Chile, agosto de 2016.

 

 

 


AL CANSADO, UNA PALABRA DE ALIENTO.

Palabras de Hervi Lara en el homenaje a Helmut Frenz e inauguración de la sede del Centro HELMUT FRENZ de Educación en Derechos Humanos.

Sábado 10 de septiembre de 2016.

I

Antes de la llegada de los conquistadores europeos, las tierras de América eran habitadas por cerca de 60 millones de personas.  En menos de un siglo, dicha población disminuyó a 10 millones, debido a las guerras, la esclavitud y el contagio de enfermedades.

En 1581, un tercio de los indígenas había sido aniquilado.  Los que sobrevivían estaban obligados a pagar tributo por los muertos.  Los indígenas eran comprados y vendidos.  Dormían a la intemperie.  Las madres mataban a sus hijos para salvarlos del tormento de las minas.  Eran considerados “como animales sin dueño”, “hombres degradados” que perecían al “soplo de Europa”.

Los colonizadores destruyeron el universo simbólico y la razón de vivir, provocando alienación, sumisión y fatalismo, sometiendo el espíritu de los pueblos del sur, cuestión que se ha proyectado hasta hoy.

 

II

No obstante, desde las cenizas y contra toda esperanza, se experimentan impulsos de solidaridad.  Durante los años 70 y 80 del siglo pasado, las dictaduras militares eran una constante en el continente, con sus secuelas de detenidos-desaparecidos, ejecutados, torturados, exiliados, amenazados, etc…  Entonces, los movimientos sociales lucharon por la liberación de los pueblos.

Después se sucedieron los conflictos de América Central, en los que además de las violaciones anteriores, fueron desplazadas comunidades enteras con miles de refugiados por el clima político extremadamente violento.

Más tarde, los movimientos y organizaciones sociales tendieron a consolidar instituciones  a través de elecciones libres.

Otra etapa posterior se relaciona con grupos, colectivos, comunidades y pueblos que han defendido y continúan defendiendo derechos específicos frente a las amenazas del capital y del mercado, a lo que se suma la lucha por la protección y garantía de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales frente a las grandes corporaciones transnacionales y a los grupos económicos nacionales que les son afines.

 

III

Es así como se han constituido espacios organizados para la defensa y promoción de los derechos humanos, entrelazándose vínculos solidarios por la causa de la justicia, la paz y la dignidad.

En este mosaico de experiencias de lucha contra la tortura, la impunidad, la criminalización de la protesta social encaminadas a la liberación, se han articulado la Comisión Etica contra la Tortura (CECT-Chile) y la Iglesia Evangélica Luterana en Chile (IELCH).

En ambas entidades existe la convicción de que los derechos humanos, además de ser universales, son integrales, indivisibles e interdependientes.  Es lo que ha conducido a otorgar “al cansado una palabra de aliento” en los procesos de toma de conciencia de la opresión y de la lucha por liberarse de la injusticia.

Hemos confluido para continuar caminando con los pueblos excluidos, levantando la voz indignada frente al abuso del poder y acompañando de manera solidaria a los grupos históricamente marginados.

De esta forma ha nacido el Centro HELMUT FRENZ de Educación en Derechos Humanos, definiéndose partidario de la transformación de estructuras deshumanizantes y por “otro mundo posible”, buscando propuestas nuevas y eficaces ante la profunda crisis espiritual, cultural y ética en que la sociedad chilena y el mundo están inmersos.

HELMUT FRENZ es el nombre de este Centro.  Es un nombre significativo.  No es un nombre al azar.  Se trata de la memoria de un hombre que unió la fe y la razón, así como también la contemplación y la acción, habiendo permanecido siempre atento a los avatares del devenir histórico, haciendo de la justicia un asunto de fe y de la fe una expresión de justicia, en un mundo en que “la riqueza de pocos está hecha a costa de la pobreza de muchos”.

Frenz comprendió que en la historia desgarradora de este nuestro “continente de la esperanza”, en nombre de Dios las minorías privilegiadas emplean todos los medios para defender sus posesiones obtenidas “con mano ajena”.  Y en nombre de Dios, las mayorías resisten en condiciones inhumanas para sobrevivir a la erosión de la pobreza.

Frenz buscó las huellas de Dios no entre los poderosos, sino entre la muchedumbre de pobres y marginados, con sus privaciones y sus esperanzas.

Son las huellas del Dios del pan y del vino, contrario al hambre.  De la alegría, contra el llanto.  De la amistad, contra la soledad.  De la liberación, contra la opresión.  De la vida en abundancia, contra la muerte.

 

IV

Es éste el espíritu que el Centro HELMUT FRENZ de Educación en Derechos Humanos quiere proyectar desde el edificio proporcionado por el Ministerio de Bienes Nacionales,  y que será compartido con el Centro Cultura y Soberanía y el Archivo Miguel Enríquez.

Existe también un deber de gratitud y reconocimiento hacia quienes han confiado en nosotros: el Ministro de Bienes Nacionales, señor Víctor Osorio.  El Secretario Regional Ministerial, señor Felipe Morales.  El Director del Departamento de Derechos Humanos de la misma repartición, señor Rafael Venegas.

Vaya un reconocimiento especial a Alejandra Arriaza, abogada de derechos humanos, compañera de lealtad y generosidad encomiables.

En iguales términos debemos mencionar a los directivos, funcionarios y socios de Amnistía Internacional, que han brindado hospitalidad a la Comisión Etica contra la Tortura (CECT-Chile) durante 15 años.

Agradecemos a los miembros de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile (IELCH) que han confiado en nosotros. De manera particular agradecemos la buena disposición de Josaphat Jarpa e integrantes del Observatorio Iglesia y Sociedad (OIS).   Y a todos quienes han sido partícipes de este proyecto que hemos iniciado emulando al patriarca Abraham: “Yavé proveerá”.

 

V

Estamos conscientes de la responsabilidad asumida.  Nos comprometemos ante la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia y que son el resultado de injusticias seculares y de amarguras increíbles, haciendo nuestras las palabras de Gabriel García Márquez, quien señalara la convicción de  que “frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida.  (Porque)  Ni los diluvios ni las pestes; ni las hambrunas ni los cataclismos; ni siquiera las guerras eternas, a través de los siglos y los siglos, han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.

Como hemos hecho hasta ahora, continuaremos dando “al cansado una palabra de aliento”.

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