Misión internacionalista en la Revolución Sandinista

“MISIÓN INTERNACIONALISTA, de una población chilena a la Revolución Sandinista”, presentación en Casa Bolívar, Valparaíso.

Compañeros gracias por la asistencia, en especial a Pedro Piñones escritor de Cabildo y Leandro Torchio dirigente del MPMR – Frente Popular, por sus cometarios del libro, publicado por primera vez en 2010 con Editorial Latinoamericana,  yo quiero referirme a las razones de hacerlo.

Quizás la primera sea la lealtad a la memoria de los compañeros que entregaron la vida en este largo camino recorrido, que para nuestra generación empezó con la participación en la Unidad Popular de Salvador Allende, con la formación militar en Cuba, la revolución sandinista, la lucha clandestina en el FPMR y todos estos años. No se puede permitir que el tiempo y la muerte silencien las vivencias de la experiencia que culminó con el triunfo sandinista en julio 1979, ello nos hermanó para siempre e hizo ver un futuro de justicia posible para nuestro pueblo.

Considero una obligación ética contrarrestar el olvido intencionado de muchos dirigentes de la izquierda chilena acerca de la participación de militares chilenos en el triunfo del pueblo nicaragüense en contra de la dictadura de Anastasio Somoza en 1979, omiten el tema, quizás, para ocultar que la génesis de la formación militar, aquella que permitió que estuviéramos en condiciones de combatir exitosamente en Nicaragua, era para impulsar políticas revolucionarias en nuestro país.

Por otra parte, la experiencia combativa de esta generación de jóvenes en los años ochenta, en guerras de verdad y en la propia resistencia en el interior contra la dictadura de Pinochet, por parte de cientos y cientos de chilenos, con todo tipo de medios y formas de lucha, pone en entredicho el carácter de tabú con que los que sustentan el poder en Chile rodean a lo militar, como si esta ciencia fueran patrimonio exclusivo de las Fuerzas Armadas chilenas.

Mantener viva la memoria combativa y de la vida de nuestros héroes, es parte también de la lucha ideológica de este período, no solo para recordar y reconocer vivencias personales legítimas, si no para mantener en la retina popular lo que como pueblo llegamos a dominar, en otras palabras, no podemos olvidar el arte de lucha alcanzado en la práctica combativa desarrollada en el país en esos difíciles años. Eso es vital. A los teóricos de la “transición” les interesó siempre victimizar a los combatientes que cayeron durante la dictadura, así como de calificar de terroristas a los luchadores que no aceptaron la salida pactada de finales de los años noventa, para finalmente mentir, al aseverar que fue un “lápiz y un papel” lo que sacó al tirano del gobierno. Sostengo, que la experiencia histórica de lucha adquirida, es un gran logro popular y que no debemos permitir que las nuevas generaciones lo desconozcan. Y por último, como nadie habla de aquello, los que deben hacerlo son los que combatieron, especialmente aquellos profesionales que estudiaron el arte y la ciencia militar y lucharon en las filas del pueblo chileno.

Demás está decir que hoy Chile no está bien, imperan el abuso y la corrupción en el accionar político, actitudes tan distantes de la moral y la ética de los que murieron y lucharon para terminar con la dictadura de Pinochet, los chilenos fuimos engañados por los políticos que pactaron la “Transición Democrática”.

Por ello esta edición es dedicada a ELISA ROJAS y a sus compañeros, Daniel Melinao y Juan Pablo Likan del Wente Winkul Mapu. Ella es acusada por el gobierno de Bachelet, las policías, los empresarios forestales y los fiscales anti mapuche, de atacar una comisaría, de incendiaria, de encapuchada, piden para ella muchos años de cárcel. Debemos defender a esta valiente mujer chilena que abrazó la causa de nuestro pueblo mapuche. Libertad para Elisa Rojas.

También está dedicado a Mauricio Hernández Norambuena, destacado combatiente rodriguista preso en Brasil. Y nada más atingente es citar lo que en una carta reciente escribió Ramiro, valorando la participación de muchos compañeros a cara descubierta en un reciente documental de televisión: “Vale también el haber podido reencontrarnos en cada recuerdo y recuperar un poco nuestros deseos de forjar mundos, si no, ¿cómo será posible vencer estos días cargados de incertezas, egoísmo y ausencias?”. Libertad para Ramiro.

Hay otras razones que hacen imprescindible rescatar la historia vivida de forma escrita. Somos seguidores de Manuel Rodríguez y él dejó un legado, al expresar: “Por mi parte es juro que mientras mi patria no sea libre, que mientras todos mis hermanos no se satisfagan condignamente, no soltaré la pluma ni la espada, con que ansioso acecho hasta la más difícil ocasión de venganza. Os juro que cada día de demora se doblará este deseo ardiente para sacar de los profundos infiernos el tizón en que deben quemarse nuestros tiranos y sus infames, sus viles secuaces». Palabras citadas por el historiador Ricardo A. Latcham, autor de Vida de Manuel Rodríguez: el guerrillero, Santiago, Editorial Nacimiento, 1932. Este texto se encuentra en los documentos del Archivo del General argentino José de San Martín.

En los seis años desde que se publicó este libro, ha recorrido muchos lugares,  en Santiago, Quillota, La Ligua, Cabildo, Valparaíso, Concepción, Talca, Chiloé, voló a Cuba, a la Casa Salvador Allende de La Habana, luego llegó a manos de varios compañeros del Ejército y del FSLN en Nicaragua. En Venezuela solidariamente se publicó la Segunda Edición por organizaciones del Movimiento Social Bolivariano. He recibido muchos comentarios de lectores chilenos y de algunos países, incluso lejanos, como Canadá y Australia, hasta allá han llegado ejemplares del libro.

Sinceramente mi mayor preocupación al escribir el libro, era saber ¿cómo reaccionarían mis compañeros? Por suerte la mayoría fueron opiniones positivas, recibí críticas por olvidar algunas anécdotas, o que en tal suceso faltó nombrar a alguien en particular. Como excusa he argumentado que prefería obviar un detalle, antes de escribir algo que no recordara bien.

Los compañeros caídos en Nicaragua, El Salvador y Chile, están con sus nombres verdaderos. A los que sobrevivieron los identifico solamente con seudónimos para resguardar su anonimato, debido a que no fueron consultados. Debo reconocer que en dos casos no cumplí esa premisa, me tomé la libertad de dar los nombres reales de Galvarino Apablaza y Jacinto Nazal. Lo hice en el caso de Apablaza, “Salvador”, como una muestra de cariño, admiración y respeto a su extraordinario aporte a la lucha en el Frente Sur en Nicaragua, luego contra la dictadura de Pinochet y por la convicción de lucha que nos trasmitió siempre. Jacinto merecerá siempre el reconocimiento por su papel decisivo en la formación política e ideológica de nuestro colectivo de internacionalista.

De los combatientes que rememoro, tres muy queridos han fallecido recientemente, “Juaco”, “Rucio” y “Cipriano”. Raúl Escudero, Francisco Del Rio y Pedro Marín, sus verdaderos nombres. Tuve el honor de conversar con ellos de este testimonio y recibí sus opiniones. Nunca los olvidaré, quedarán para siempre sus ejemplos de vida.

En esta tercera edición he modificado solo pequeños detalles, no me desdigo de nada, sigo orgulloso de mi pasado y de mis compañeros. Esta tradición de los chilenos de apoyar causas justas de otros pueblos es poco conocida, espero contribuir, aún más, a divulgar la noble causa del internacionalismo, de la cual el Comandante Ernesto “Che” Guevara es unos de los máximos exponentes. Se debe conocer en Chile la historia de los combatientes y de los internacionalistas, es una tradición no solo de nuestra generación, hay casos destacables en la independencia de Cuba, en los tiempos de la República española, la guerrilla del Comandante Guevara en Bolivia, en la lucha revolucionaria de varios países de Latinoamérica y también en otros continentes.

Construyamos un Chile Digno. José M. Carrera  @JMCarreraC

Valparaíso, Chile, agosto, 2016

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