La peste negra y la peste verde. Reflexiones sobre la ontología del capitalismo globalitario (III)
por R.O.W. (Chile)
4 años atrás 9 min lectura
Parte I: Ver al final de este artículo
Parte II: Ver al final de este artículo
Las rentas desde el poder político
Más visible resulta la ventaja -ilegal e ilegítima- que perciben empresas privadas desde las esferas políticas. La continua apropiación privada de diversos bienes (o servicios) comunes, bienes comunales o públicos, entregados a la explotación privada, constituye otra fuente adicional de ganancias privadas. Un ejemplo clásico es la transformación de un parque urbano en superficie comercial con párking. Por lo general, estas transformaciones de lo público en privado van unidas a una grave reducción de bienestar general.
La argumentación oficial es siempre igual: hacer un uso más eficiente y racional del espacio urbano y crear puestos de trabajo. ¿Pero, cuál era el “producto” del parque y qué valor tenía? ¿Estaba simplemente ocioso allí, sin producir nada? Su producto era una mayor calidad de vida de los ciudadanos, un lugar de descanso y tiempo libre, de distensión psíquica, de mayor salud general y también de felicidad…, todo es ignorado, simplemente. ¿Su valor?, seguramente inconmensurable, pero es un valor igualmente perdido y no detectado por los mercados y, por lo tanto, de coste cero. La mentalidad neocapitalista, infestada por la peste verde, puede y quiere ver sólo aquello que señala un mercado, lo demás es eliminado en forma reduccionista y es subordinado al dictado del conformismo practicado por la clase política e impuesto en beneficio del capital en contra de la sociedad.
Otro ejemplo muy actual proviene del sector de la salud. Un gran número de hospitales, otrora en manos comunales han sido privatizados, curiosamente en forma simultánea en varios paises europeos, siguiendo la argumentación neoliberal y con el pretexto de lograr una mayor eficiencia en el sector de la salud. Sin embargo, los resultados en cuanto a la calidad y amplitud del servicio de salud han sido por doquier desastrosos, dejando en claro que el interés de ganancia privada no se corresponde en absoluto con el interés comunitario. Vale aquí recordar que muchos de estos hospitales han sido vendidos a privados en forma escandalosa a valores muy inferiores a su valor real de mercado corriente, provocando así una importante transferencia de la propiedad comunitaria hacia manos privadas. Incluso el Tribunal de Cuentas de Baja Sajonia, en Alemania, por ejemplo, tuvo que llamar la atención a los gobiernos locales en los 2000 por la “venta” a precios ganga de varios hospitales de ese Land.
Lo mismo puede verse en otros sectores vitales, como el de la vivienda, en el cual se han realizado vergonzosas operaciones de privatización de miles de pisos comunales o sociales, entregados a fondos buitres a precios ganga y pese a una extendida crisis habitacional en las grandes ciudades. Igual suerte ha encontrado el plan de privatizacion de los ferrocarriles (Gran Bretaña, Alemania) y de los llamados proyectos de cooperación entre el Estado y el capital privado (Public-Private-Partnership). Siempre se ha esgrimido como justificante la supuesta mayor eficiencia de la “iniciativa privada” ante la propiedad pública o comunal, pero en la mayoría de los casos se ha obteniddo justamente lo contrario, una menor eficiencia y no pocas veces, una transferencia encubierta del patrimonio público a manos privadas.
Como se ha señalado arriba, el sistema ideológico neoliberal es incapaz de considerar aspectos no materiales del bienestar social, de afecto o dignidad del humano, o sea, elementos que, no obstante, son indispensables para la vida. Tampoco los costes reales de la explotación planetaria por entropía transferida (Negentropía) aparecen en ninguna cuenta de resultado o en el precio que pagan los consumidores, éstos desaparecen de nuestra consciencia, simplemente.
Por ello pareciera que se ha expandido por el mundo una especie de bloqueo mental, una perezosa barrera al proceso conceptual hacia una alternativa al capitalismo, o mejor dicho, a la forma de vivir actual, a los valores corrientes materialistas, a la forma de organizarnos y de relacionarnos. ¡Si todo lo que vemos y vivenciamos parece ser tan natural y único, sin alternativa…! Ha llegado el momento de empezar a concebir una respuesta a estas cuestiones, a entrar –por así decirlo-, en el mundo cuántico del campo de vacío (Vakuumsfeld) y modificar el “spin” de los cuantos hacia nuevas realidades humanas.
Desde las alturas institucionales
Uno de los más notables procesos a lo largo de los últimos decenios ha sido la continua y progresiva apropiación de las intituciones internacionales por parte de los exclusivos intereses del neocapitalismo, nuestra peste verde. Esto no soprende demasiado en instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, cuya misión de partida siempre fue el apoyo a la expansión o a la estabilidad de las condiciones de acumulación del capital privado p.ej. mediante créditos de financiación a los Estados de medidas de política económica estabilizadoras o para refinanciar créditos e intereses acumulados de períodos anteriores. Muchos países han caído por esta vía en una espiral de endeudamiento y dependencia de estas instituciones, las que normalmente imponen condiciones abusivas en detrimento de la población.
En todo caso, esta mencionadas instituciones fueron creadas abiertamente para eso, siendo inapropiado, por lo tanto, criticarlas por eso. Lo que estas instituciones sí han perdido es el barniz progresista de su discurso y su márketing, que antes lucían en pos del progreso y el bienestar general.
Algo distinto ocurre con otras instituciones, muchas de ellas envueltas en un aura de altruismo y de dedicación al progreso humano, a la libertad, etc., pero que, en realidad, operan de acuerdo a un plan muy exclusivo y lejano a la imagen que desean proyectar. Allí tenemos en primera línea las Fundaciones privadas de grandes magnates del sistema, como la Open Society, la fundación Gates o Rockefeller, o las grandes Administraciones de Fondos Privados, como Goldman Sachs o Blackstone, seguidas de organizaciones privado(-públicas), como el Foro Económico Mundial de Davos, entre muchas otras.
Los grupos de interés allí reunidos despliegan una influencia y control omnímodos sobre los medios de comunicación de masas, sobre gran parte de los gobiernos nacionales, las universidades y del mundo científico. Constituyen, por así decirlo, un Politburó o un Parlamento exclusivo, que nadie ha elegido, pero que gobierna vastamente sobre la sociedad y que nadie puede controlar ni tampoco contradecir.
Uno de los engendros más notorios de las élites mundiales confabuladas aparece en la alta esfera del poder económico-político como el llamado New World Order (NWO), un plan de transformación radical del mundo entero de acuerdo a sus particulares deseos y a los nuevos requerimientos del neocapitalismo a ultranza, una “agenda”, por lo demás, que podrá cambiar radicalmente nuestras vidas y nuestra sociedad, pero que jamás ha sido objeto de debate y es, en su esencia, secreta. Este plan avanzará paralelamente a la realización de la llamda Agenda 2030 de la ONU, también un plan de transformación global que simula realizar objetivos de progreso humano, como alimentación, educación, medio ambiente, suministro de agua limplia, etc.
Entre diversas instituciones de carácter público, pero que sirven igualmente intereses de grandes corporaciones internacionales, aparte del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, mencionados arriba, se encuentran algunos órganos subordinados de la Oganizaciones de las Naciones Unidas, de la Asamblea General o de sus Consejos, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), cofinanciada también por capitales privados, como la Fundación Bill & Melinda Gates-, la OIT o la FAO.
Un ejemplo muy actual: Esta última organización, la Food and Agriculture Organization (FAO), de la Naciones Unidas, planea para 2021-22 una “Cumbre para la Alimentación”. Allí se discutirá la forma de alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 de la ONU en base a una “agricultura sostenible”, según se declara. Simultáneamente nos encontramos con formulaciones similares del exclusivo Foro Económico Mundial, que dirige Klaus Schwab, de acuerdo a su plan de ejecutar un “Great Reset” de la economía mundial.
Para la agricultura se ha ideado una “New Vision for Agriculture” (NVA), una nueva visión, ya preformulada en el objetivo genérico de una agricultura “sostenible”. Nótese que aquí se usa una terminología positiva, casi eufemística, por lo que hay que preguntarse: ¿qué es lo nuevo?, ¿qué es sostenible en la agricultura?
El caso de la India es particularmente importante, en donde la existencia de aproximadamente 700 millones (la mitad de su población actual) dependen directamente de la agricultura. El gobierno de Narenda Modi ha intentado ejecutar esta NVA mediante tres expeditas leyes de reforma agraria, suscitando un vedadero levantamiento nacional de rechazo, al dejar a millones de agricultores abandonados a su propia suerte frente a este gran poder oligopólico mundial.
En 2017 pertenecían a la iniciativa “Nueva Visión para la Agricultura” nada menos que Bayer Crop Science, empresa que compró recientemente a Monsanto, líder mundial de la producción de agrotóxicos y de semillas transgénicas, Cargill India, filial del gigante Dow Agro-Science (perticidas),
DuPont (agroquímicos y semillas transgénicas), el cártel de trigo Louis Dreyfus, Walmart India, Mahindra&Mahindra India, así como Nestlé, PepsiCola, Rabobank, Swiss Re, etc. En esta NVA no aparece ninguna representación de los agricultores indios (5).
Estas leyes apuntan a una “deregulación” de los mercados -actualmente bajo protección estatal con precios mínimos garantizados-, abrirían finalmente el mercado interior indio a los grandes consorcios mundiales de la alimentación, el Big Agrobusiness, dándoles ahora la libertad de comprar tierras, de almacenar productos y recursos, con lo cual se les garantiza el dominio sobre los pequeños agricultores. Éstos podrían ahora –así la argumentación oficial- “negociar libremente” sus precios con el cártel NVA.
El Tribunal Supremo de Justicia del país ha paralizado temporalmente estas leyes, las que –sin embargo- podrán ser reactivadas en un futuro próximo, aunque recientemente Modi ha optado por retirar formalmente los proyectos de ley. Los agricultores, no obstante, continuarán atentos hasta que el Parlamento retire definitivamente estos desastrosos proyectos.
Esta inmensa construcción del neocapitalismo globalitario–que ya nada tiene que ver con la llamada economía de libre mercado– recuerda fatalmente las promesas de otra construcción, la AGRA (Alliance for a Green Revolution in Africa), creada por la fundaciones de Bill Gates y David Rockefeller en la idea de revolucionar la agricultura africana mediante la introducción de semillas transgénicas y de agropesticidas.
Después de casi dos lustros ha quedado evidenciado el fracaso de este intento a un altísimo coste de dependencia, endeudamiento y bancarrota de miles de pequeños agricultores. Se calcula que en un espacio de quince años Agra no sólo no cumplió con el desarrollo prometido, sino que produjo un empobrecimiento general del campesinado africano de un 30% promedio, medido en el número absoluto de personas bajo el mìnimo de subsistencia (100,5 mill. en 2005, 131,3 mill. en 2016. (5)
Notas:
5. Byung-Chul Han, Müdigkeitsgesellschaft (La sociedad del cansancio) , Berlin 2015
Capítulos I y II:
La peste negra y la peste verde. Reflexiones sobre la ontología del capitalismo globalitario (I)
La peste negra y la peste verde. Reflexiones sobre la ontología del capitalismo globalitario (II)
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