Gabriela Mistral en Naciones Unidas (1956).
Todos los países dejan de ser patrias solidarias, cualquier ideal parece sospechoso. Los filósofos, los poetas, los sabios, los artistas, no sólo son peligrosos, sino que están demás. Su presencia molesta a los traficantes de baratijas, de drogas, de armas, de personas, a los dueños de la “celestina universal” que trabajan por lucro y avaricia. Los valores y las cosas del espíritu son despreciados, sus defensores son excepciones de la regla y no llegan a inquietar a las mediocracias protagonistas. Siempre hay mediocres. Son perennes sumisos protagonistas, concensuales que no se inmiscuyen en nada y aparecen como neutrales y apolíticos, pero se arrebañan en partidos políticos y sectas.
La persona que estudia, lee, es igualada al analfabeto, el rebelde al cipayo, el poeta, el filósofo al prestamista, etc. La mediocridad se condensa, se convierte en un sistema globalizado que para sus epígonos es incontrastable. Estos últimos protagonistas, pillos bribones se encumbran, pues no florecen los genios. La mengua política que dirige el destino de la Humanidad se disfraza con exceso de pompa/ boato. Acállase cualquier protesta social, cultural, etc. La base de sustentación de la sociedad consumista/ enajenante es la mentira generalizada: se miente la Justicia, se miente el Arte, se miente con la anuencia de todos, cada individuo mediocre pone precio a su complicidad, este oscila entre un empleo y la seguridad. Esta última la obtuvo cambiándola por su libertad y en definitiva se quedó sin ninguna de las dos.
¿Habrá un plazo antes del cual esa ambigüedad no puede disolverse? Puede que ese plazo no llegue a cumplirse y el individuo se pierda definitivamente en el infinito de su negación irredimible. A esto nos está conduciendo el sheriff del imperio yanqui globalizado. Naciones Unidas una marioneta al igual que la Organización de Estados Americanos con dos consejos supremos manejados a su amaño por el sheriff: el Consejo de Seguridad y ahora el Consejo de Derechos Humanos. Todo esto producto de la cobardía y el oportunismo del individuo consumista y enajenado de una época histérica, patética, llena de jactancias, y atropellos a los derechos y dignidad del ser humano.
Berlín, Febrero 2006
El artículo fue enviado a PiensaChile por la Asociación Americana de Juristas (AAJ- Valparaíso-Chile).
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