"En el largo plazo todos estamos muertos" [1]. Esta respuesta de Keynes a la observación de que su teoría y respuesta de política económica no contestaba a los problemas del largo plazo del capitalismo debería ser recordada por aquellos que se congratulan con que todo el espectro político institucional y los sectores que dominan las comunicaciones y la economía se han vuelto repentinamente intervencionistas.
A nivel internacional un nuevo 'Consenso de Davos' intenta reemplazar al ahora difunto 'Consenso de Washington', así como éste reemplazó el esquema de acuerdos de postguerra.
Ante la crisis que desde su inicio financiero –recordad las subprime – avanzó, en sólo un semestre, a una parálisis del sistema bancario e industrial, y que culminará con toda probabilidad afectando el sistema monetario en su conjunto, la casi totalidad de los sectores que tienen derecho a palabra opinan que el Estado debe intervenir de manera rápida y profunda sobre el mercado.
En Chile el Gobierno se proclama keynesiano, y el Ministro de Hacienda abandona sus veleidades monetaristas. “Empleo, empleo, empleo”, dicen que han sido las instructivas para este período por parte de la Primera Mandataria Michel Bachelet. Es necesario salvar al mercado y ¿quién puede hacerlo sino el Estado?
La globalización nos ha traído a las puertas de un peculiar “Socialismo”. Éste no es la apropiación por los productores de sus condiciones de vida y el desarrollo de su autonomía. Es la socialización de las pérdidas que se reflejan en la caída de los valores de Wall Street desde un máximo sobre 11.000 puntos logrados al inicio del año 2001 a un mínimo que hoy, inicios de Marzo 2009, se ubica temporalmente en los 6.800 puntos. Si ello refleja la situación global significaría que se ha logrado destruir a esta altura un 40 % de la riqueza acumulada. No es poco.
Razonable parece, entonces, que todo Estado y forma institucional se planteen programas para salvar y rescatar el empleo. Las Municipalidades deberían estar diseñando programas, los Ministerios los suyos, pero sobre todo las empresas pues a fin de cuentas ellas representan el núcleo vital de un mercado que funciona, realmente, sólo si ellas funcionan.
En todo esto hay muchas paradojas y aspectos que observar y tratar de comprender, y sería imposible hacerlo en un corto artículo. Sin embargo adelantemos algunas observaciones.
Las respuestas a la gran Depresión del 29 no fueron construidas por la teoría de Keynes. Fue exactamente al revés, pues la crisis del 29 y la contracción del mercado fue respondida a nivel planetario, en particular en EEUU del New Deal, Rusia Stalinista y la Alemania Hitleriana, entre otros países, “empírica y pragmáticamente” a través de la expansión del rol del Estado en la economía y a través de la intervención y gasto deficitario. Así fue tanto en los gobiernos de Inglaterra como de España, Italia, Argentina, Chile o Venezuela, aunque en este último caso la expansión petrolera le permitió al sátrapa de la época hacer desaparecer la deuda externa.
El Keynesianismo resultó ser un buen resumen y racionalización de esos esfuerzos y su aplicación una estrategia conciente implementada por los países desarrollados durante el período de post guerra.
La crítica central de Keynes a la utopía del liberalismo clásico respecto a que los mercados por si solos no son capaces de resolver los problemas de la sociedad, ya había sido respondida por Roosevelt, Stalin y Hitler en los años previos. Su teoría es, por tanto, la comprensión por un pensador aristocrático y atento, del Estado como condición esencial del desarrollo de los mercados y el capitalismo modernos.
La idea que los mercados sólo pueden extenderse sobre espacios de librecambio cada vez más amplios e integrados, facilitó y explicó la globalización subordinada del planeta, la cual probablemente se cumplió en sólo tres décadas a partir de lo que fue una Guerra Mundial de reordenamiento de fuerzas. Ya para la década de los 70 ese proceso se imponía en Chile con la derrota de Allende y su Unidad Popular. Un capitalismo basado en la demanda interna de un estado-nación ya no era posible ni siquiera en China.
La utopía neoliberal de un mundo sin fronteras y sin la condición previa de un Estado mundial, reflejada en la teoría de Milton Friedman y los Chicago Boys, expresaba el logro de la movilidad global y la libertad alcanzada por el capital financiero y las grandes corporaciones a partir de esos años. El dinero había logrado la total ubicuidad, la mercancía su desplazamiento planetario y la mano de obra intentaría alcanzarlos en las décadas siguientes.
No es de extrañar entonces que, en su primera visita al Presidente Obama, el Primer Ministro de Inglaterra Gordon Brown proclame la necesidad de controlar tales enclaves si se desea conservar y fortalecer las instituciones financieras existentes tales como el Banco Mundial y el FMI. Hoy ese poder financiero controla, más allá de los propios estados nacionales, sobre el 70 % de la economía mundial y lo hacen en un 40 % desde los paraísos fiscales de Antigua, Islas Caimanes, Lichtenstein y otros enclaves planetarios.
Si en la posguerra la frase de orden había sido que lo que era bueno para la General Motors era bueno para EEUU en los años 90 se proclamaba que lo que era bueno para Lehmann Brothers era bueno para el mundo…
Keynes intuyó que el problema de largo plazo del capitalismo era la presión que hacían las unidades de capital sobre el salario y la demanda. La condición básica para que el sistema sea sostenible no fue a sus ojos la idea que las grandes masas de trabajadores asalariados deban vivir en condiciones de seguridad y bienestar, sino la necesidad de realización de la mercancía, es decir que la producción cumpla su ciclo, esto es, que se venda.
La demanda efectiva es una condición básica para que el sistema sea sostenible. NO importa si la gente necesita o no los bienes, ni tampoco si sobra capacidad instalada para producirlos, se trata de si existe capacidad y poder expresados en dinero, para demandarlos en el mercado.
En la crisis del 29 las políticas sociales fueron utilizadas como argamasa de fortalecimiento del Estado nacional, recuperación de la demanda efectiva, y en el caso de los países-centro de esfuerzos de consolidación de sus proyectos imperiales. En Chile las políticas del Frente Popular fueron un mecanismo de urbanización, industrialización, y regulación del mercado, estimulando su modernización y desarrollo competitivo. Desde luego fueron producto y expresión de una gran alianza de fuerzas progresistas y populares que nos trae al recuerdo al Presidente Aguirre Cerda y los Gobiernos del Frente Popular.
Intentar hoy aplicar políticas y reconstruir instituciones que aseguraron el funcionamiento eficiente y competitivo de los mercados durante la expansión industrial inicial, del ciclo económico de largo período, es en si una aventura y una incógnita en cuanto a sus resultados.
¿Nos encontraremos ad portas de una hiperinflación en los próximos años? ¿Bastará la nacionalización que se avizora de buena parte de la Banca internacional o los controles a nivel de la circulación monetaria y no de la producción misma, para salvar al mercado?
La distorsión productiva impulsada por la teoría neoliberal no es una introducción externa a la lógica del sistema. Su parasitismo y su perversidad, expresada en que hoy Directorios completos de grandes empresas se toman vacaciones de dos y tres años años, en tanto desemplean a millones, es expresión de un rentismo que aunque va a contrapelo de la lógica del capital productivo es consistente con la necesidad de éste de mantener al margen del poder y la posesión del planeta a la inmensa mayoría de esta humanidad.
La democracia y la república o están concebidas como la expresión de “ciudadanos” o son reducidas finalmente a un gran supermercado o centro de servicios en que el “consumidor” logra adquirir el objeto que le permite su bolsillo.
Si a nivel mundial la recuperación sólo es posible poniendo nuevamente en el centro al trabajo, enfrentar la crisis en Chile significa no sólo buscar reconstruir un Estado intervencionista, desmantelado por el neoliberalismo y la profesionalización de la política, sino impulsar la participación en las decisiones a adoptar.
09/03/09
– El autor es PhD en Economía de la Universidad de Kassel, Alemania.
* Fuente: Fortín Mapocho
Nota de la Redacción de piensaChile:
[1] La famosa frase de Keynes" "In the long run we all are going to be dead", que aparece aquí citada, creemos que debiera ser traducida como: "En el largo plazo todas vamos a estar muertos".
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