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Las catástrofes no afectan por igual a las distintas clases sociales

Las catástrofes no afectan por igual a las distintas clases sociales
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25 de julio de 2026

Porque cuando llueve sobre Chile, no se inundan los privilegios, se inundan las poblaciones

Cada invierno, los medios de comunicación de masas (en manos de la burguesía), hablan de «frentes de mal tiempo», «eventos climáticos extremos» o «desastres naturales». Sin embargo, para las pobladoras y pobladores, para la clase trabajadora y el pueblo pobre, la experiencia demuestra una verdad mucho más profunda: los temporales no son solo un fenómeno de la naturaleza. Son el espejo de un sistema de explotación y opresión que organiza la riqueza para unos pocos y distribuye los riesgos y las tragedias sobre las grandes mayorías populares.

No es la lluvia la que construyó viviendas precarias. No es el viento el que empujó a miles de familias a vivir en tomas, quebradas, laderas o terrenos inundables. No son los ríos los que privatizaron el suelo urbano y convirtieron la vivienda en un negocio para bancos e inmobiliarias. Todo ello responde al modelo capitalista que pone el lucro por encima de la vida y que condena a los sectores populares a sobrevivir en condiciones de permanente precariedad. Mientras los grandes grupos económicos, la burguesía y los dueños del poder y la riqueza, continúan acumulando ganancias, las y los trabajadores y sus familias enfrentan cada invierno con temor. El temor a perder la casa levantada con años de esfuerzo; a que el agua destruya los pocos bienes familiares; a quedar sin trabajo porque el empleo precario no reconoce licencias climáticas; a ver nuevamente suspendidas las clases de los hijos y las hijas porque los establecimientos educacionales no cuentan con infraestructura adecuada. Esa es la verdadera cara de la desigualdad de clases.

Las autoridades suelen responder con visitas a las zonas afectadas, anuncios de bonos, entrega de cajas de ayuda y promesas de reconstrucción. Son medidas que alivian necesidades inmediatas, pero que no modifican las condiciones que originan el problema. Año tras año se administra la emergencia sin enfrentar las causas estructurales que la reproducen. La política pública aparece cuando el desastre ya ocurrió, pero permanece ausente cuando se trata de garantizar el derecho a la vivienda, planificar las ciudades o invertir sostenidamente en infraestructura para los territorios donde habita la clase trabajadora y el pueblo.

El actual gobierno de Kast, ha insistido en presentar el crecimiento económico, la seguridad y la atracción de inversiones como prioridades nacionales. Sin embargo, desde nuestra mirada clasista y popular resulta legítimo preguntarse ¿a quién beneficia ese crecimiento cuando miles de familias continúan viviendo en condiciones de desigualdad y precarización frente a fenómenos climáticos previsibles? La persistencia de déficits habitacionales, de infraestructura insuficiente y de profundas desigualdades territoriales muestra que los costos de estos eventos recaen de manera desproporcionada sobre los sectores populares.

La vivienda deja de ser un derecho para convertirse en mercancía. La prevención de riesgos compite con las exigencias de austeridad fiscal. La inversión pública se subordina a las prioridades del mercado. Y cuando llegan los temporales, quienes pagan las consecuencias son siempre los mismos: las y los trabajadores, las pobladoras, las familias endeudadas y quienes sobreviven con ingresos insuficientes o sin empleo.

Desde el Bloque de Organizaciones Populares sostenemos que la clase trabajadora y el pueblo no puede seguir siendo tratado como destinatario de la caridad estatal ni de la solidaridad ocasional que emerge en cada emergencia. Las organizaciones territoriales, las ollas comunes, las juntas de vecinos, los comités de vivienda y las diversas expresiones de organización clasista y popular han demostrado una y otra vez que es el propio pueblo quien primero responde cuando el Estado llega tarde o resulta insuficiente. Esa experiencia reafirma la importancia de fortalecer la organización popular y la participación desde una perspectiva de clase en la construcción de respuestas frente a las crisis.

Cada temporal vuelve a confirmar una realidad incómoda para quienes defienden el orden existente: las catástrofes no afectan por igual a las distintas clases sociales. Allí donde algunos observan un fenómeno meteorológico, el pueblo experimenta las consecuencias acumuladas de décadas de desigualdad, segregación territorial y precariedad habitacional. Mientras el lucro continúe organizando el acceso a la vivienda, al suelo urbano y a la infraestructura no será posible enfrentar de mejor manera los eventos climáticos; Mientras el poder no esté en manos de las y los trabajadores cada invierno volverá a demostrar que las tragedias sociales no son inevitables.

Porque cuando llueve sobre Chile, no se inundan los privilegios. Se inundan las poblaciones. Se inundan los campamentos. Se inundan las casas de las y los trabajadores.

Bloque de Organizaciones Populares

Chile, julio 2026

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