Estamos en el momento decisivo, si tendremos un Chile con TPP, o un «Chile mejor sin TPP»
por Raúl Claro (Chile)
4 años atrás 5 min lectura
Amigas y amigos:
Estamos en el momento decisivo, si tendremos un Chile con TPP, o un «Chile mejor sin TPP». Me permito por eso algunas reflexiones algo más en profundidad. Es mucho lo que está en juego, el porvenir de Chile.
Sabemos que el presidente Boric fue y es contrario a la ratificación del TPP, junto con parte de su gobierno y organizaciones de la sociedad civil. Pero se ve bajo una fortísima presión de muchos grupos de gran influencia en el país: empresarios, partidos políticos, medios de comunicación, para que se firmen y ratifiquen de una vez estos tratados. Hasta un alto funcionario de la Unión Europea, preocupada, lo visitó meses atrás y ahora, pasado el plebiscito, le pide que acepte y firme – a más tardar en noviembre.
¿Se trata de un capricho, o una desviación ideológica de Boric y los «detractores»?
Por cierto que no. Resumido en una frase, el problema está en el desequilibrio del «modelo» entre el corto y el largo plazo. Lo que los países industriales le piden a Chile con la firma es que siga renunciando a sus intereses de largo plazo – el desarrollo, producción con más valor agregado – para volcarse sólo al corto plazo – rápidas inversiones, más exportación, más importación. Esta preferencia por el corto plazo es lo que estos tratados van a perpetuar hacia el futuro
La preocupación de los partidarios de las firmas no es infundada, porque en el Ministerio de Economía, con el ministro Grau, Miguel Ahumada y Carlos Figueroa hay una conciencia de este desequilibrio y sus consecuencias, como no la hubo en una larga serie de gobiernos anteriores. Por eso con el nuevo gobierno se abría la posibilidad de un cambio, tardío pero esperanzador.
Lo que está en juego no es menor. El desarrollo fue una meta desde la vuelta a la democracia en la década de los 90. Y con razón, si se quiere para la ciudadanía en general una vida digna en el mundo de hoy.
Frei presidente habla en 1994 de una «segunda fase del desarrollo exportador», en la cual se les incorporaría a los productos de exportación «más valor agregado».
Otros, en 1995, plantean el «modelo nórdico» para superar la fase exportadora de materias primas.
Joseph Ramos introduce en 1998 la idea de formar «complejos productivos» como medio de llegar a las “segunda etapa” de producción inteligente.
Y ya en el nuevo siglo (2002) el «grupo de los quince» (parlamentarios) publica «La Concertación de Chile por un Desarrollo con Justicia», muy preocupados por un modelo concentrado en exportar productos naturales y proponiendo caminos reales al desarrollo.
Pero no ha servido de nada. El impulso hacia un sistema productivo más «inteligente» parece haber desaparecido. En su lugar, todo el interés parece puesto en firmar tratados internacionales «de libre comercio» al margen de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Ahora bien, la OMC permitía (al menos en teoría) que los países pobres en desarrollo técnico-industrial avanzaran hacia el desarrollo. Las liberalizaciones para facilitar el comercio podían ser «asimétricas», permitiéndoles a los países no industriales favorecer sus industrias nacientes. No así los nuevos tratados bi- y multilaterales, que exigen «reciprocidad». Los tratados prohiben favorecer al productor local en competencia con el extranjero.
Como una ilustración, acá el comienzo del Art. 15.4 del Capítulo «CONTRATACIÓN PÚBLICA»: Principios Generales – Trato Nacional y No Discriminación
1. Con respecto a cualquier medida relativa a la contratación cubierta, cada Parte, incluidas sus entidades contratantes, otorgará inmediata e
incondicionalmente a las mercancías y servicios de cualquier otra Parte y a los proveedores de cualquier otra Parte, un trato no menos favorable que el trato que la Parte, incluidas sus entidades contratantes, otorgue a:
(a) las mercancías, servicios y proveedores nacionales; y
(b) las mercancías, servicios y proveedores de cualquier otra Parte.
El tratado le prohibiría al Gobierno chileno comprarle, por ejemplo, uniformes para enfermeras y enfermeros de los hospitales públicos de preferencia a un proveedor nacional. Tiene que tratar por igual a todos los proveedores nacionales o extranjeros si vienen de los países firmantes. Recíprocamente, las empresas chilenas podrían participar en compras estatales de los firmantes. Pero, ¿hay igualdad real de condiciones, de nivel productivo, que justifique la reciprocidad? ¿Qué empresas, de qué países, van a salir ganando en la competencia desnuda?
Personalmente, lo más grave a mi juicio, es el desconocimiento general del problema que significa este desequilibrio. Cada año que pasa, este se hace mayor y más difícil de superar. Más y más importaciones que son cada vez más difíciles de pagar con exportaciones. ¿Hasta dónde llegaremos por ese camino?
No, la resistencia en el Gobierno a firmar no es una veleidad izquierdista que haya que superar a toda costa para que Chile «se una a este grupo de países». Al contrario, es una preocupación central por el futuro, por el largo plazo, porque el futuro acaba por llegar y previsiblemente será muy negro.
Saludos
Raúl
Más sobre el tema:
El economista y académico José Gabriel Palma conversa con Fernando Paulsen sobre el Tratado Integral Progresista de Asociación Transpacífico o TPP 11. “Todo el argumento a favor del TPP11 ha sido de una generalidad en el peor sentido de la palabra, de una vaguedad que es sorprendente. Refleja una mediocridad ideológica sorprendente”, afirma.
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Pregunta Raúl Claro:
«Se trata de un capricho, o una desviación ideológica de Boric…?»
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