Alguna vez el sujeto migrante indeseable, en Iquique, asociado a la criminalidad, fuimos nosotros, los chilenos
por Karelia Cerda (Iquique, Chile)
5 años atrás 3 min lectura
Hacia fines del siglo XIX, las transformaciones económicas ligadas al desarrollo de la industria salitrera atrajeron a masas peonales que se movilizaron desde la zona centro y sur de Chile hacia el Iquique peruano, en busca de mejores condiciones de vida empleándose en distintas faenas y labores tanto en la emergente ciudad portuaria, como en la pampa.
Estos hombres y mujeres del mundo popular eran principalmente gañanes, personas sin oficio determinado y de conductas morales que transgredían los parámetros de las élites, fueron protagonistas de constantes desórdenes, hechos de violencia y delincuencia que perturbaron la vida en la creciente ciudad de Iquique, incomodando a las élites y autoridades.
Estas debieron tomar medidas para castigar y, especialmente, disciplinar a esta mano de obra y volverla funcional a las necesidades del desarrollo económico.
Los partes policiales de la época dan cuenta de las tensiones generadas por la presencia de chilenas y chilenos pobres en este puerto: ofensas a la moral, embriaguez, pendencia, robos, asesinatos… Es bueno tener presente que alguna vez el sujeto migrante indeseable, asociado a la criminalidad, fuimos nosotros mismos: las y los chilenos configurábamos esa otredad de “viciosos y malentretenidos”.
En el actual contexto, pareciera que migración y delincuencia son un mismo fenómeno, esta idea ha sido instalada sin mayor reflexión ni mucho menos atención al desarrollo histórico de nuestra ciudad.
Los flujos migratorios son parte de la construcción de la sociedad iquiqueña, este proceso no ha sido armónico y carente de conflictos, muy por el contrario, las tensiones entre la sociedad local y grupos migrantes de diversos orígenes –incluidos europeos y asiáticos- han existido en el pasado, así como también las posibilidades de diálogo e integración.
Es importante reflexionar sobre qué mecanismos y de qué forma podremos canalizar las relaciones con los grupos migrantes actuales desde un enfoque intercultural y de derechos, considerando como primera urgencia una nueva ley de migración.
Es innegable el aumento de hechos delictuales y niveles de violencia en las calles de Iquique, como también en todo el país, pero ello no puede ni debe atribuirse al fenómeno migratorio, pues sus orígenes son multidimensionales y se relacionan con problemas estructurales de este modelo socioeconómico que produce marginación, desigualdad, pobreza y violencia.
La criminalidad no está en el ADN de ninguna nacionalidad, basta con pensar en esos chilenos y chilenas migrantes en el Iquique peruano y comprender los procesos sociales que hemos atravesado para convertirnos en la sociedad que somos hoy.
El problema de la delincuencia y la seguridad pública requiere de un trabajo colaborativo entre distintos actores sociales para la formulación de políticas públicas eficaces en la prevención de delitos, como también una reforma a las policías y sistema judicial. Este es un problema es estructural y complejo que no resolveremos con discursos de odio xenófobo.
-La autora, Karelia Cerda, es Historiadora
*Fuente: Edición Cero
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