Todo a favor para meter en vereda a Marruecos
por David Bollero (España)
5 años atrás 5 min lectura
28 de octubre de 2021
Históricamente, España ha ido a remolque de Marruecos. A pesar de que sobre el papel y como miembro de la Unión Europa (UE) nuestro país cuenta con más bazas de presión, siempre hemos bajado la cabeza mostrando sumisión; incluso en tiempos de Aznar, con episodios como Perejil como meras pataletas. Ahora, con la reciente sentencia europea que tumba los acuerdos de pesca y comerciales, la ruptura oficial de relaciones entre Argelia y Marruecos y la amenaza de corte de suministro del gaseoducto Magreb-Europa, España tiene todo en su mano para llamar al orden y la legalidad al régimen de Mohamed VI. ¿Lo hará o volverá a meterse bajo su chilaba?
Desde la pasada sentencia del 29 de septiembre que anulaba los acuerdos Marruecos-UE en virtud de los cuales se expolian los recursos naturales del Sáhara Occidental, el tiempo transcurre de manera inexorable hacia ese plazo de dos meses y, oficialmente, el titular de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, no ha mantenido conversaciones con el Frente Polisario.
La congoja a enrabietar a Mohamed VI hace que, en el mejor de los casos, se cubran de opacidad unas negociaciones que son esenciales para el futuro de la flota pesquera España y, en el peor, que ni siquiera se hayan tenido. Nada tiene por qué cambiar para esos cientos de familias que viven de faenar en los bancos del Sáhara Occidental: lo único que han de hacer España y la UE es negociar con quien la Justicia europea ha determinado que es legítimo, el Frente Polisario, que ya ha se mostrado públicamente abierto a esa negociación. Quien sí tiene mucho que perder es Marruecos, que al dejar de robar al pueblo saharaui va a dejar de embolsarse cerca de 90 millones de euros al año y una baza de presión.
Paralelamente, la ruptura de relaciones entre Marruecos y Argelia también puede fortalecer la posición española si se sabe aprovechar. Hace décadas que el Magreb está fracturado, pues la rivalidad entre los dos países vecinos es máxima desde hace años, perjudicando a sus propios intereses. En lugar de beneficiarse de su proximidad y complementariedad en determinados bienes, ambos han de importarlos desde el otro lado del Mediterráneo.
En lo que a España se refiere, es cierto que Marruecos es el primer destino de la inversión española en el continente africano, pero Argelia también es estratégico, no sólo porque el año pasado las importaciones de combustibles que hacemos desde Argelia supusieran el 92% del total, sino porque más de medio millar de empresas españolas se han establecido allí y, según datos de Eurostat, España fue el año pasado el cuarto proveedor de Argelia… y eso que, a diferencia de lo que nuestro país hace con Marruecos, el desplome de nuestras exportaciones a Argelia fue en 2020 de más de un 34%, situándose en algo menos de 2.000 millones de euros frente a los casi 7.400 millones de euros de exportaciones a Marruecos.
Así pues, parece que nuestro país no está sabiendo aprovechar el potencial de un mercado mucho mayor que el marroquí y que nos recibe con los brazos abiertos. Algo tiene que ver en este freno a las relaciones comerciales nuestro histórico sometimiento al régimen alauita. Y no caigan en la tentación de atribuir el descenso de exportaciones al endurecimiento de aranceles que el año pasado inició Argelia, porque si miramos a los cinco primeros capítulos de exportaciones que realiza España a Argelia, ni los vehículos, ni el hierro o el acero están sujetos a estos aranceles y en otros como la maquinaria y aparatos mecánicos sólo se aplica en el 60%. Dicho de otro modo, las relaciones comerciales España-Argelia están infraexplotadas y cambiar eso puede suponer otra baza de presión para Marruecos. En nuestra mano está.
Culminando la tormenta perfecta, llega el gas. Tras su viaje a Argelia, la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, asegura el abastecimiento de gas. En este punto, sorprende que su visita haya sido necesaria apenas unos días después de que el propio Albares viajara a Argel y viniera con la misma cantinela: «Argelia garantiza el suministro de gas a España y satisfará la demanda», aseguró.
En tres días expira el contrato de suministro de gas a través del Gasoducto Magreb-Europa (GME). Su no renovación viene motivada por la ruptura de relaciones Marruecos-Argelia y aunque se nos ha querido mostrar como uno de los grandes perjudicados de la no renovación del contrato, no es del todo así. ¿Por qué? Sencillo, porque hay alternativas para que Argelia nos siga suministrando gas, ya sea licuado en barcos o, especialmente, a través de otro gasoducto, el Medgaz, que desde 2011 une directamente los yacimientos argelinos de Hassi R’mel con Almería.
De nuevo y como sucede con los acuerdos de pesca y comerciales sobre el Sáhara Occidental, ¿quién es en realidad el principal perjudicado? Marruecos, que también recibe gas a través del GME. Por eso desde Rabat se ha encargado a nuestro gobierno que priorice la renovación del contrato. Una nueva fortaleza para España con la que contrarrestar el histórico chantaje que Mohamed VI ha venido realizando contra nuestro país en materia de migración, narcotráfico o terrorismo. Si no se renovara, además, España tendría que suplir de electricidad a Marruecos vía submarina.
Parece evidente que la actual coyuntura beneficia mucho más a España que a una Marruecos, cuya imagen está más deteriorada que nunca, casi tanto como la de su monarca, un sátrapa que ha demostrado ya en demasiadas ocasiones como su bienestar prevalece sobre el de su propio pueblo.
España y la misma UE han de meter en vereda a Marruecos, que ha asumido el papel de niño consentido de la Comunidad Internacional. La violación del Derecho Internacional durante 46 años con la ocupación ilegal del Sáhara Occidental y la guerra que ha iniciado ahora o el modo en que actualmente, tal y como revelaba ayer mi colega Sonia Moreno en El Español, Mohamed VI maniobra con Israel para que ésta busque petróleo y gas en pleno Sáhara y aguas de las Islas Canarias, son buena prueba de ello.
La gran pregunta es: ¿tendrá España la suficiente astucia geopolítica para romper de una vez por todas la soga que Marruecos nos ha puesto al cuello y acabar con esta relación de dependencia tan artificial e innecesaria? Viendo al pusilánime Albares, que sigue la estela de sus antecesores, he de decir que no soy nada optimista. Todo indica que será otra oportunidad perdida.
*Fuente: Público
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soy español sahar es marroquí no metes donde no cabes desde cuado España es de africa