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Anthony, el joven lanzado al río por Carabineros: «Nuestra lucha ha sido en vano» 

Anthony, el joven lanzado al río por Carabineros: «Nuestra lucha ha sido en vano»
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18.10.2021

El joven de Bajos de Mena que fue arrojado al río desde el Puente Pío Nono acaba de cumplir 18 años. Está estudiando en un dos por uno y ha vuelto a jugar al fútbol, una de sus pasiones. Dice que si bien está disponible para volver a salir a la calle, desconfía de aquellos que están más preocupados por el 10% que por los presos del estallido. Acá, repasa este intenso último año de su vida, cuenta por qué no va a votar en las próximas elecciones y la sensación que tuvo cuando vio las imágenes suyas precipitándose al Mapocho. “Todavía me sigo viendo muerto en las fotos…yo no sé que hago aquí”, asegura.

El viernes 3 de octubre del año pasado, Anthony salió de su casa sin alcanzar a almorzar. Su madre, Deisy Alvear, le dijo que se cuidara y él partió con la intención de juntarse con su tío y algunos amigos en “Plaza Dignidad”.
Aquella vez recuerda que tuvo un presentimiento de que algo le podía pasar. Sus amigos ese día le gritaban que tuviera cuidado, pero él no les hizo caso. “Yo no me daba cuenta. Me estaban advirtiendo que me iba a pasar algo, y al final me pasó lo peor”.

-¿Qué recuerdas de ese día?
Que me fui en micro hasta la Plaza de Puente y después tomé el metro y me bajé en Parque Bustamante, de ahí me fui caminando y me junté con todos. Cuando empezó la represión me empecé a mover pa’ todos lados, tratando de cuidar a mis amigos y amigas. Siempre me preocupaba de los demás y después de mí.

-¿Qué pasó después?
Nos comenzaron a tirar para el puente, yo agarré a mis amigas y las dejé al otro lado. Después me devuelvo a seguir combatiendo, como siempre, y comienzo a avanzar demasiado. No pescaba a nadie, no escuchaba a los demás que me estaban advirtiendo, estaba tan enceguecido con el palo que pensaba que no se iban a acercar, cuando de repente me doy vuelta, cinco segundos, y veo a un piquete atrás del guanaco que comienza a correr. Ahí pensé que, sí o sí, me iban a pillar. Y si me pillaban, me iban a masacrar. El que más se expuso ese día fui yo. Les di cualquier jugo, por eso creo que fue intencional, que me venían siguiendo.

-Pero una cosa es que te sigan y otra que te tiren desde el puente…
Sí poh, por eso arranqué. Me acuerdo que sentí primero que me agarraban de la espalda y después una especie de empujón y levantamiento. Y como él venía con tanto impulso, choqué contra la reja sin ni siquiera tener una oportunidad de afirmarme. Ahí se me borró todo, quedé inconsciente de una.

-¿Después de ese episodio qué recuerdas?
Desperté en una camilla abajo del puente. Y como tenía tanta adrenalina me quería parar y, en mi mente, quería seguir luchando, guerreando hasta el final. Estaba tratando de levantarme cuando un rescatista me dijo «no, no, no podís», y de repente me doy cuenta, hago «así» en mis labios, y estaba lleno de sangre. Me ví las muñecas y no las podía mover.

-¿Tenías fractura expuesta?
No alcancé a ver, tenía todo cubierto y esa cuestión en el cuello para no moverme. Me levanté un poquito y miré para los lados, y ahí quedé. Quería puro tomar el celular para que mi familia supiera que estaba reaccionando.

-¿Pudiste ver las imágenes cuando caíste al lecho del río?
Las ví como tres días después, quedé pa la cagá, mal. Sentí rabia, porque ahí entendí todo lo que había pasado y nadie me pidió disculpas. Después prendí la tele y quedé más shockeado. Decían que tenía antecedentes. Al principio me reí. No le tomé tanta importancia porque yo sé que no tengo nada. Trataron de dejarme mal.

-¿Qué pensaste cuando empezaron a decir que te tiraste sólo?
Cómo voy a querer tirarme yo sólo. Estuve toda la tarde ahí en la plaza, ya había pasado por el puente a comprarme unas cosas pa tomar, pero de ahí a decir que me tiré, fue algo estúpido.

-De hecho, pudiste haber muerto.
Yo me veo muerto en los videos, todavía me sigo viendo muerto en las fotos, en todo… Yo no sé qué hago aquí. Gracias a Dios tuve la oportunidad de vivir y tengo que seguir adelante, aunque me cueste.

-Te acuerdas que después aparecieron unos audios donde un carabinero  aconsejaba a otro que dijera que no te había tirado.
Los escuché en cuanto salió a la luz. Siempre van a tratar de defenderse entre ellos mismos y dejar mal a la persona. Ahí se ve como son entre ellos, si el otro paco dijo “yo ya lo he hecho». Quedé pa’ la caga, sentí cualquier rabia, ¿cuántas veces más lo habrán hecho?

-¿Has recibido apoyo de la gente?
Sí, eso ha sido emocionante. La preocupación se dio en el momento y todavía se sigue dando. Aún me llegan mensajes de apoyo de los que están en el movimiento del estallido social. Cuando me ven, me abrazan. La gente que estuvo presente, que me vio abajo, no esperaba verme de nuevo. Se sorprendieron.

-¿Qué fue lo más emocionante que viste?
Ver a mi mamá al tiro. Me sentí feliz, me sentí seguro, de que no me iba a pasar nada malo, pese a que tenía miedo de que me llevaran detenido después, a pesar de tanta maldad que me habían hecho.

-¿Qué piensas del carabinero que te arrojó al río?
Es un asesino, él no debería seguir en la institución. Hay que disolver carabineros, por todo el daño que han hecho. Han matado a mucha gente, no deberían seguir.

-Sebastián Zamora tiene un poco más de edad que tú, ¿qué le dirías si lo tuvieras al frente tuyo en el juicio?

Lo que más quiero es estar en un juicio con él, cara a cara. Quiero verlo, a ver qué me dice. Si me dice algo yo voy a responderle. No faltándole el respeto, no me gusta faltarle el respeto a la gente, pero lo miraría fijamente y le diría «mira, aquí estoy, estoy vivo gracias a Dios. ¿Y tú? te cagaste tu vida. Trataste de matarme y no pudiste, por una institución de mierda asesina que te lavó la mente. Mira lo que erí ahora, todo el mundo te odia. Nadie te va a querer jamás en la vida.

 

“¡Mataron al Pancho!”

Anthony Araya odia las poses. Detesta a todos aquellos que van a las marchas a sacarse fotos y luego desaparecen del mapa durante meses. Por eso tampoco se considera un verdadero primera línea, a pesar de que siempre estuvo presente en la vanguardia de las manifestaciones. Cuenta que se motivó para salir a protestar luego de ver a cientos de jóvenes saltando los torniquetes del metro y comenzó a manifestarse pocos días después cerca de la plaza de Puente Alto.

-En un comienzo se especuló que eras un barrista. ¿Con quién salías a protestar?
Al principio empecé a ir solo, porque siempre me ha gustado andar solo por todos lados. Después empecé a conocer gente en el camino que iba a Plaza Dignidad. Tomaba la 209, que sale de acá y me dejaba en Santa Lucía.

-¿Por qué decidiste participar en las movilizaciones?
Me motivé por el futuro de mis hermanos que vienen recién entrando al colegio y no quiero que les cueste tanto salir adelante. También por la jubilación de mis abuelos y por mi mamá que siempre ha estado presente en todo, apoyando a sus cinco hijos y  sacándose la mugre por nosotros toda la vida.Trabaja, vende plumones, sábanas, de todo. A veces trabajaba con mi tía afuera del colegio vendiendo sopaipillas. Nunca ha estado quieta.

-¿Te han faltado muchas cosas en tu vida?
Mi papá… hace años que lo necesitaba pero después empecé a crecer, me di cuenta como era y ya no lo necesité más. Ellos se separaron cuando yo tenía como ocho años, con mis hermanos veíamos a mi papá y nos decía «ya, vamos a salir»… y uno ahí siempre con las ganas y la ilusión, pero llegaba el momento y nada.

-¿Qué significa para tí haber vivido en Bajos de Mena?
Es una población en que cuesta salir adelante con tanta mierda, no por la población en sí, sino por la gente que vende. Hay demasiada droga, mucho tráfico. Por eso mi papá estaba perdido. Cuesta salir de acá por eso mismo, por la droga.

-Sabías que la población se construyó sobre un basural…
Si po, el parque que está ahí era un potrero. Yo no sabía que habían mandado a la gente acá y que no había nada cuando llegaron. Tampoco la policía se mete. Tienen miedo. El Estado tampoco. Mi abuela llegó acá antes que yo naciera, venía de Ñuñoa. Yo creo que acá los abandonaron, los dejaron a un lado, tirados.

¿De qué aprendiste a cuidarte en un lugar así?
No meterse en atados, eso es lo principal. Pero, bueno, el que quiere se mete y el que no, no, como en todos lados. Uno que lleva años acá, no se cuida tanto porque toda la gente ya me conoce.

-¿Has visto amigos que han caído en la tentación?
Sí, muchos. Amigos de cuando era chico que están metidos en la droga. Están ahí, los veo siempre. Por eso yo soy el ejemplo de la casa, porque no me he metido en eso, en todo lo malo que hay en la población.

-¿Hay mucha estigmatización por venir de Bajos de Mena?
Sí, hay gente que dice que por venir de acá somos rotos. Lo he escuchado incluso de la misma gente de Puente Alto que a veces te mira en menos. Y no sólo la gente de acá. Porque yo he recorrido harto Santiago, he ido a hoteles del barrio alto siguiendo a algunos artistas. Y ahí me di cuenta que había otro Chile, que había partes muy distintas a Bajos de Mena. Y uno al final se devuelve a la casa pensando en todas esas diferencias, las oportunidades, las injusticias.

-¿Cómo fue vivir tu infancia allí?
Fue bonita, pero a la vez mala, pero no por mí… por la familia. Porque como el vicio está acá, igual llegaban los problemas. Lo bueno es que me dí cuenta que eso no era para mí y me alejé.

-¿Cómo fue tu regreso a casa después de varias semanas en la clínica?
Yo pensé que no iba a haber nadie, quería descansar, pero me estaba esperando toda mi familia y amigos que supieron que llegaría. Y yo ahí, mal, mareado porque no me podía parar por el golpe en la cabeza. Igual me sorprendí de ver tanta gente. No me acuerdo a quién saludé de los primeros, pero después de dos o tres personas estaba mi hermanito chico, me dio tanta felicidad que no quería abrazar a nadie más.  Pero después abrí los ojos bien y saludé a todos. Fue  hermoso.

¿Te dio pena igual?
Sí, me dio pena por mi tía, la hermana de mi mamá que estuvo presente todos los días desde el  primer momento en que pasó todo. También estaba afectado por mis hermanos chicos. No poder hacer nada con ellos, salir, disfrutar la vida. Pero después uno piensa que todo pudo haber sido peor. No poder caminar, quedarse en silla de ruedas para siempre. Pero después de la operación la recuperación fue impresionante. Cuando la gente se enteró que estaba en la casa, me venían a ver. Esa solidaridad la voy a agradecer toda mi vida.

-¿Cómo fue tu proceso de recuperación?
Difícil, pero se logró. Había días que me ponía a llorar porque no podía más con esto. No podía levantar el brazo, tenía las muñecas con placas y tornillos, no tenía fuerza y no podía hacer nada. Mi mamá me tenía que dar la comida en la boca. Para bañarme me ponía bolsas de basura en las manos para que no se me mojaran los yesos.

Este periodo coincidió, además, con la muerte de un tío tuyo a manos de un carabinero en Panguipulli. ¿Cómo viviste ese proceso?
Venía llegando de unas vacaciones en Arica. Me acuerdo que había llegado a Buin, donde recién nos habíamos cambiado, estaba durmiendo siesta en la pieza y me acuerdo que entra mi mamá y me dice: «Anthony mira, mataron al Pancho». Yo le dije ¡qué!, así recién despertando. Después agarré mi celular para ver qué había pasado y no paré de llorar. Mi tío nunca fue una mala persona, nunca molestó a nadie en toda su vida. Él era feliz con lo que hacía, el malabarismo, que lo usaba para hacer felices a los demás.

-¿Qué recuerdos tienes de él?
Que salíamos para todos lados. Al cerro, a la plaza, al principio no me gustaba pero  después me empecé a acostumbrar. Salíamos con mi hermano mayor y mis primos. Íbamos para todos lados, siempre le gustó estar al aire libre. Era de espacios grandes, abiertos. Le gustaba andar solo. Me acuerdo que cuando supo lo que me había pasado, se vino de Panguipulli a verme. Quedó mal. Me dijo que iban a pasar cosas feas en el país.

 

“No me gusta votar”

Hace ya varios meses que Anthony y su familia abandonaron Bajos de Mena y se fueron a vivir a Buin. Un lugar tranquilo donde ha comenzado a subir cerros y retomar una de sus pasiones de toda la vida: el fútbol. Hace dos semanas comenzó a jugar nuevamente con su antiguo club en Bajos de Mena. “Jugué 20 minutos y tuve que pedir cambio. Me estoy adaptando de a poco”.

-¿Es cierto que cuándo chico querías ser futbolista?
Sí, una vez me fui a probar al Colo y quedé, pero como en mi casa todos trabajaban nadie podía llevarme a entrenar. Tenía como 13 años y tenía que irme solo de Puente Alto a Macul. Hasta que comencé a faltar y dejé de ir.  A veces pienso que desperdicié la oportunidad, que pude haber tenido mejor futuro, aunque igual me daba lata porque era de la U.

-¿Y cómo vas en los estudios?
Estoy en un dos por uno, haciendo primero y segundo medio. No soy muy bueno para el estudio, pero me estoy dando ánimo. El otro año voy a retomar bien. Ahora estoy más enfocado en el deporte.

-¿Te ves estudiando una carrera en el futuro?
Ojalá pueda estudiar construcción o telecomunicaciones que es lo que estudiaba antes.  Me gustan los números.

-¿Has vuelto a Plaza Dignidad?
He andado, pero tranquilo. El jueves estuve de cumpleaños, cumplí 18, por eso me estoy cuidando. No estoy ni ahí con caer preso. Tengo compañeros de lucha que están adentro sin pruebas ni nada, por eso me estoy cuidando.

-Pero la otra vez te pillaron rayando el memorial de Jaime Guzmán.
Sí, las cámaras me siguieron. Estaba en el Parque de los Reyes y llegaron a buscarme cuarto pacos en moto. Me apuntaron y salí arrancando en la bici. Pero fue imposible. Venían cuatro pacos en moto, un auto de civil, tres retenes, un guanaco y un zorrillo. De ahí me llevaron a una comisaría en Las Condes. Me insultaron harto, pero yo pensaba: “si estos ni siquiera conocen la vida”.

-¿Como has visto la lucha ahora, luego de la instalación de la asamblea constituyente?
No le he tomado mucha atención, pero considero que es la misma mierda que ha pasado toda la vida. Pienso que va a ser lo mismo de siempre. Chile va a cambiar, pero poco, porque la gente no cambia sus ideales, sólo piensa en la plata. Así funciona el sistema todavía.

-¿Crees que la lucha que dieron ustedes ha sido en vano?
Sí, ha sido en vano. Han pasado dos años y seguimos en lo mismo. No se si van a existir grandes transformaciones, todo depende si la gente actúa y sale a la calle. Esa es la única forma de generar cambios.

-¿Estás disponible para salir a la calle de nuevo?
Para que le voy a mentir, estoy disponible para salir, aunque me estoy dando cuenta que la gente sale para puros días conmemorativos, se sacan fotos, después se van a sus casas y no salen más. Hay muchos que son pura pose.

-¿Y ahora que tienes 18 años vas a votar por algún candidato?
No me gusta votar, son los mismos de siempre y el sistema sigue igual. Boric es un vendido, Sichel es un Piñera más y Kast es full derecha. Si creo que hasta salió hablando de mí en la tele.

-¿Te sientes decepcionado?
Hace rato. Hay gente que reclama más por el 10 por ciento, que por los presos del estallido. Dijeron que la nueva constitución no se iba a desarrollar mientras hubieran  presos políticos. ¿Y qué pasó? Puras mentiras.

*Fuente: ElDesconcierto

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