El nuevo amo de Kabul estuvo preso en Guantánamo
por VoltaireNet
4 años atrás 7 min lectura
REGRESO DE LOS TALIBANES AL PODER
Después de haber sido ministro del Interior, de 1997 a 1998, en el gobierno de los talibanes, Khairullah Khairkhwa fue apresado por el ejército pakistaní, entregado a la CIA y enviado en 2002 a la cárcel que Estados Unidos abrió en la base naval que ese país mantiene ilegalmente en suelo cubano, en Guantánamo.
Durante 12 años, este ex ministro de los talibanes fue sometido en Guantánamo a las torturas sistematizadas por el profesor estadounidense Martin Seligman, según el modelo concebido después de la guerra de Corea por el doctor, también estadounidense, Albert D. Biderman. El objetivo de esas torturas no era la obtención de información sino “formatear” la mente del torturado inculcándole ciertos comportamientos 1.
Khairullah Khairkhwa fue liberado –por orden del presidente Barack Obama y junto a otros 3 prisioneros– durante un intercambio organizado a cambio del sargento estadounidense Bowe Bergdahl, intercambio de prisioneros que el entonces presidente afgano Hamid Karzai saludó como un “gesto de paz”.
Finalmente resultó que el sargento Bergdahl había sido capturado por los talibanes cuando intentaba desertar del ejército estadounidense. Por consiguiente, Bergdahl fue condenado a una pena de cárcel por una corte marcial estadounidense.
A principios de 2021, Khairullah Khairkhwa estuvo entre los miembros de la delegación de los talibanes que participó en las negociaciones de paz entre estos y Estados Unidos, Rusia y China. Durante aquel encuentro, este ex ministro del Interior de los talibanes declaró rotundamente que su intención era continuar la yihad hasta alcanzar la victoria.
El 15 de agosto de 2021, después de la huida del presidente afgano Ashraf Ghani ante el avance de los talibanes hacia Kabul, Khairullah Khairkhwa estuvo entre los miembros de los talibanes que tomaron la sede de la presidencia.
*Fuente: VoltaireNet
Notas:
1«El secreto de Guantánamo», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia) , Red Voltaire, 6 de noviembre de 2009.
* * * * *
En reacción a lo publicado, el profesor Martin Seligman, escribió a VoltaireNet una carta, que Usted puede leer aquí:
https://www.voltairenet.org/article165978.html
piensaChile, por su cuenta buscó mas información sobre este sicólogo tan exitoso e importante en el mercado norteamericano y encontramos que Seligman ha escrito varios superventas sobre psicología positiva, como The Optimistic Child, Learned Optimism, Authentic Happiness y What You Can Change and What You Can’t.
Pero también encontramos esto, el portal suizo: www.watson.ch
Cómo los investigadores estadounidenses ayudaron a la CIA: Los psicólogos de la tortura
Autora: Jana Hauschild
Los métodos modernos de tortura fueron desarrollados en gran medida por los psicólogos. No sólo eso: científicos de renombre de Estados Unidos también apoyaron activamente los interrogatorios de la CIA.
Guantanamo
Les pones unos auriculares insonorizados, les pones una venda en los ojos y les das ropa que hace imposible sentir las superficies: no poder ver, oír o sentir nada durante horas o incluso días vuelve a la gente loca, y rompe su voluntad. Empiezan a alucinar después de uno o dos días, se vuelven locos.
Ideal para los interrogatorios con prisioneros recalcitrantes, al parecer esto pensó la CIA: desde hace décadas, el experimento se encuentra como la llamada técnica «Alicia en el País de las Maravillas» en el libro de texto de interrogatorios del servicio de inteligencia estadounidense CIA. Los psicólogos crearon la base con sus investigaciones.
Sin embargo, desde que se publicó el informe sobre los interrogatorios de la CIA, ha quedado claro que la psicología no sólo le sirvió a la CIA de inspiración para las técnicas de interrogatorio. Dos psicólogos participaron en la optimización de esas técnicas de interrogatorio, ganaron millones con ellas, y también las probaron ellos mismos. Sin embargo, la intensa colaboración de los dos psicólogos de la CIA, James Mitchell y Bruce Jessen, es sólo la punta del iceberg.
Las técnicas de interrogatorio desarrolladas por cuestionables psicólogos han sustituido a las palizas, patadas u otro tipo de violencia física, y con razón: «La tortura está absolutamente prohibida, sin ninguna concesión, por todas las normas jurídicas internacionales», afirma el psicólogo Rainer Mausfeld, profesor de la Universidad Christian Albrechts de Kiel. Sin embargo, si se quiere seguir utilizándola, hay que encontrar métodos que no sean tan fácilmente reconocibles como tortura para el público, la llamada «tortura blanca».
Entre ellas, está la privación de sueño durante días, la exposición a música rock a todo volumen durante horas o la permanencia en una posición incómoda durante mucho tiempo. Por sí solos, estos métodos no tuvieron un efecto tan drástico como la violencia física, explica Mausfeld. Pero en combinación y en dosis elevadas, pretendían destruir a la persona como tal: «La sustancia interna muere, pero la cáscara permanece intacta».
La decisiva ayuda de la Asociación Americana de Psicología (APA)
Los psicólogos y sus hallazgos desempeñan un papel fundamental en las técnicas de interrogatorio de la CIA, como reveló la investigación de Mausfeld. Un ejemplo: el renombrado científico del comportamiento Martin Seligman y sus experimentos con perros.
Seligman había administrado repetidamente a los animales suaves descargas eléctricas contra las que no podían defenderse. Después, cuando se sentaron en una caja de la que simplemente tendrían que haber saltado al recibir una nueva descarga, permanecieron en ella gimiendo. Su resistencia estaba quebrada, nació así la teoría de la «indefensión aprendida».
Los experimentos ya se habían llevado a cabo a finales de la década de 1960, pero Seligman dio una amplia conferencia sobre ellos en 2002 en un simposio sobre «métodos innovadores de interrogatorio» del Pentágono y la CIA. También presentes: los psicólogos de la CIA Mitchell y Jessen. A continuación, desarrollaron la llamada caja para perros, en la que se encerraba a los prisioneros acurrucados, durante días.
Seligman es miembro principal de la Asociación Americana de Psicología (APA), que se considera un modelo para las asociaciones de psicólogos de todo el mundo. No es el único psicólogo de esta categoría que ha participado en el desarrollo de métodos de tortura. El antiguo presidente de la APA, Joseph Matarrazo, también estuvo involucrado en la empresa de Mitchell y Jessen, que desarrollaba métodos de tortura para la CIA, y trabajó él mismo para el servicio secreto.
El psicoterapeuta John Leso, también miembro de la APA, fue el supervisor del interrogatorio de Mohamed al-Qahtani, que lleva diez años detenido. Amnistía Internacional informa de que, durante los interrogatorios de 2002, en la celda de Al Qahtani se oían constantemente ruidos fuertes, estaba muy iluminada, se le obligaba a permanecer en posiciones incómodas durante horas, se le intimidaba con perros y se le obligaba a estar desnudo durante largos periodos de tiempo. Ese mismo año, la APA también flexibilizó sus directrices éticas. Quien esté en conflicto entre el código ético de la asociación y una directiva legal puede seguir esta última.
Los investigadores pensaron que sus acciones están justificadas
«Los psicólogos se hicieron culpables de tres cosas», dice el profesor Mausfeld. Participaron en la elaboración de los métodos de tortura utilizados y también en su aplicación. «Finalmente, los representantes de la APA seguían justificando los métodos de interrogatorio de la CIA y la participación de los psicólogos en ellos».
¿Pero por qué? ¿Acaso los psicólogos no se preocupan por sus propias normas éticas? Probablemente no, como explica Mausfeld: «Las personas que actúan así suelen estar convencidas de que violar las normas éticas y legales establecidas y sus propios valores morales está justificado si se les hace creer que los fines superiores lo exigen.» Así, los psicólogos habrían subordinado su obligación ética profesional, de prevenir el daño al individuo, a la supuesta obligación patriótica de prevenir el daño a la nación mediante la tortura. Entonces consideraron que sus acciones estaban justificadas y no vieron nada censurable en ellas.
De hecho, el portavoz de la Comisión de Ética de la APA, Stephen Behnke, dijo en 2006 que ayudar a los interrogadores militares había sido una valiosa contribución. Al fin y al cabo, con ellos se habría evitado el terrorismo. No es ético ni moral poner los derechos de los individuos por encima de lo que es mejor para la comunidad, justificó Bryce Lefever, miembro de la APA, la posición asumida por la Asociación ya en 2009.
En noviembre de 2014, la asociación anunció una investigación independiente sobre su participación en las técnicas de interrogatorio de la CIA, según informó el New York Times. Esto ocurrió poco después de la publicación del libro Pay Any Price, que, entre otras cosas, reconfirmaba los vínculos de la asociación de psicólogos con el escándalo de la tortura a través de conversaciones por correo electrónico entre investigadores de alto nivel y la CIA.
Traducido para piensaChile: Martin Fischer
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