Acostumbrados a entendernos o autocalificarnos como el país modelo, libre de corrupción, ejemplo de una transición post dictadura, con unas Fuerzas Armadas y Policiales no deliberantes, un “oasis” de civismo frente al mundo. Sumidos en esta burbuja,  todo lo que se salga de esta realidad construida, es violencia, anarquismo, comunismo y tantos otros calificativos. Es tal esta cínica ceguera, escrita y defendida históricamente por las elites políticas, económicas, militares y religiosas, que olvidan que desde antes de ser un estado nación, estas elites emplearon los métodos más crueles y violentos para mantenerse en el poder y preservar sus privilegios, blanqueando sus crímenes y fechorías a lo largo de los años, con la ayuda de “demócratas” que, ubicados en la ambigüedad del oportunismo, como decía Víctor Jara, “no son ni chicha ni limoná”, pero por dios que hacen daño.

Aquí no  se trata de odiosidades ni de volver al pasado, pero es tanta la hipocresía que nos circunda, que a estas alturas todo el espectro político dominante, con sus declaraciones y acomodos, ofenden la inteligencia de los chilenos y chilenas. Saltan cual fusible, activado desde La Moneda, para unirse a la  condena de  la violencia, ubicándose en la conformidad de su hábitat e intereses, sin el más mínimo pudor o la necesaria actitud critica de lo que esta pasando en nuestro país.

Por mas de tres décadas esas elites políticas, trasversales, que hoy funcionan coludidas en defensa de la democracia tutelada, olvidan que ellos y ellas, no solo la dictadura, nos gobernaron con la  Constitución pinochetista y sus enclaves dictatoriales, transformando con su gestión a Chile, en el país mas desigual del planeta, administrando e imponiéndonos un sistema económico que crea desigualdades y violenta los derechos de las personas. O no se dan cuenta que y solo tomando un ejemplo, que, al mantener esa entelequia del Estado subsidiario, lo que han hecho es avalar la violencia institucional, abandonando a su suerte   a millones de seres humanos, violentados diariamente por la imposibilidad al alcanzar mínimos de subsistencia, pensiones dignas, protección social, condenando a millones de jóvenes a la delincuencia y al narcotráfico.

Pero, por el ejercicio de esa violencia que actúa diariamente en contra del pueblo no hay culpables, para estas mentalidades neoliberales esos daños son el costo social por el país que crece y se desarrolla, por lo que entonces no hay voces políticas que reclamen por ello, sin embargo, no se demoran mucho para saltar al unísono para calificar de violentas las  expresiones de soberanía popular, que desde octubre pasado se tomo las calles para reclamar sus derechos. Acostumbrados a mirar todo desde al palco del poderoso se olvidaron que la historia no es lineal, olvidaron que tal como le sucedió a la dictadura y con todo su poder, que los años de engaños y retrocesos pasan, que a pesar de la represión, del abuso se acumula rabia y mucha fuerza, que son las que hoy disparan con ímpetu el inicio de una nueva etapa de avances, augurando un nuevo estado de cosas, con un Constitución que abra paso a la construcción de un Chile distinto, pero hoy con el pueblo movilizado y participando.

La violencia entonces no está en el pueblo, pero Chile esta siendo arrastrado a la violencia, por un gobierno que transformó la violencia institucional en una necesidad y un requisito para gobernar, que con el apoyo de medios de comunicación social controlados, ejercen la violencia y luego intentan convencer de que lo hacen para terminar la violencia. Ese espiral, igualito que en la dictadura, es lo que constituye un actuar en esencia dictatorial, ejercido además, por ministros directa o indirectamente vinculados al periodo en el cual Chile fue gobernado por medio del terrorismo de estado.

En este ultimo año hemos vivido el periodo represivo mas brutal después de terminada la dictadura, los años del actual gobierno han sido los más violentos de la ultimas décadas, justificando e  institucionalizando la violencia, reprimiendo y violando impunemente los derechos humanos. La policía militarizada sobrepaso todos los limites, cometiendo crímenes de lesa humanidad similares a los  cometidos durante los años de la tiranía, hechos que fueron comprobados y denunciados en Chile y en el extranjero.

Lo que estamos presenciando entonces no es la actuación del poder político en una democracia. Lo que ejercen hoy los gobernantes y quieren mas autonomía y justificaciones para hacerlo, es el poder en términos de mando y obediencia, proceso en el cual la autoridad ejerce la fuerza o la violencia con la excusa de garantizar “la paz y la tranquilidad”. Por eso articulan todo un espectáculo, tratando de vincular la manifestación social con la delincuencia, el vandalismo y la destrucción, lo que esta vez fue un espectáculo grosero, con bandas organizadas destruyendo y saqueando en lugares en los cuales la fuerza policial cuyo objetivo es cuidar los bienes públicos y a las personas, simplemente no estaban.

Todo eso es violencia como lo es la irresponsabilidad de incitar y orientar, como lo ha hecho este gobierno, a la policía militarizada y a las FFAA, a que respondan a una guerra, a que ataquen a un enemigo, lo que se traduce en reprimir sin contemplaciones a los manifestantes que expresan su derecho a manifestarse, inventando enemigos para justificar la represión indiscriminada. Las consecuencias de esto son terribles, pero no hay denuncias de la elite política con la fuerza requerida, pero sobre todo exigiendo  responsabilidades que terminen con la impunidad imperante, cientos de jóvenes sin ojos por la represión policial, jóvenes violadas o violentadas sexualmente y lo mas reciente un joven asesinado por carabineros y hace unas semanas, otro joven lanzado intencionalmente al vacío, por un carabinero, desde un puente.

Hechos y situaciones que permiten concluir en que estamos frente al borde de una  dictadura, con un dictador sin uniforme, que, rechazado por la mayoría ciudadana, acude a la violencia institucionalizada para gobernar. Utilizando a la policía militarizada y a las Fuerzas Armadas desperfilando el rol y los objetivos de estas instituciones, para mantenerse en el poder y finalmente dañar profundamente la democracia.

Actuando de esta manera es difícil pensar cual es el objetivo final que tienen en mente, la destrucción del comunismo y el exterminio de los comunistas, socialistas , marxistas y de todo opositor caratulado de esta manera, ya no convence, por el contrario, resulta como algo propio de mentes desquiciadas. El conflicto y la violencia han estado y seguirán estando presentes en la vida de nuestra sociedad, esto porque emana, el conflicto, de situaciones y contradicciones, de intereses, que están presentes en una sociedad capitalista, en la cual la defensa del poder siempre ha recurrido a la violencia.

Y es justamente el rol del político y del gobernante, encontrar los mecanismos que le permitan solucionar lo conflictos, anteponiéndose a la violencia, pero no imponiendo, por el contrario, articulando soluciones con la gente, con el pueblo. Entendiendo que los acuerdos no son estáticos, que varían también con los intereses, no solo de las cúpulas gobernantes o dueñas del poder, sino que, también con los intereses de la sociedad y del pueblo.

Pero lo que están haciendo aquí atrincherados en la defensa, a como de lugar, de un modelo de economía y de país que la mayoría rechaza, solo les llevara al precipicio a cuyo borde llegaron los dictadores mas poderosos. Y  alguna tendrán que pararse frente a un tribunal que les juzgue por los crímenes y atrocidades cometidas.