Libro vivisecciona decadencia del Parlamento chileno: ¿Cuánto “pesa” la dieta de un parlamentario?
por Ernesto Carmona (Chile)
8 años atrás 6 min lectura
Las 170 páginas de «La Dieta de los honorables. Los trapitos sucios de la Cámara de Diputados» (Ed. Planeta, 2017), de la periodista Nancy Guzmán, traen a la memoria el estilo irreverente y sarcástico utilizado antaño por el periodista Eugenio Lira Massi (1934-1975) en sus libros y crónicas políticas publicadas en los desaparecidos Clarín y Topaze.
Con las numerosas reediciones de sus libros “La Cueva del Senado y los 45 Senadores” (1968, Abumohor Impresores) y “La Cámara y los 147 a Dieta” (1968, Ed. Te-Ele) Lira Massi contribuyó a que los ignaros y los distraídos comprendiéramos mejor el codiciado trasfondo lucrativo del negocio de “representar al pueblo” en el sacrosanto congreso nacional, el parlamento, así… con minúscula.
El Círculo de Periodistas de Santiago invitó a un debate público sobre el candente “agujero negro” de la política que explora este libro, con motivo de su presentación, a efectuarse el jueves 19 de octubre, a las 19:30 horas, en la Biblioteca del Círculo, Amunátegui 31, piso 3.
Evocación de Lira Massi
Casi medio siglo después, exactamente a 49 años, Nancy Guzmán siguió la huella de Lira Massi y picoteó la misma veta periodística, sólo que hoy tiene su sede en Valparaíso. Y su radiografía muestra que la corrupción, las cuestionables ganancias “vía informes copiados de Internet” y toda suerte de chanchullos parlamentarios son mucho más potentes, desenvueltos, corporativos e impunes que hace medio siglo (claro, descontando los 17 años que la dictadura lo borró). Y para culminar este trabajo probablemente la autora tuvo que soportar tediosas sesiones de sala y comisiones (“donde pocos hablan de corrido”), charlas, conversaciones de pasillo y entrevistas a la pléyade de incumbentes, oportunistas y otros especímenes dedicados a la “loable tarea de legislar para el pueblo que los eligió”. En resumen, el rentable negocio de “ejercer” como prócer parlamentario de la democracia es hoy mucho más lucrativo y cínico que hace medio siglo.
Buenos salarios para legislar
Los legisladores chilenos son los mejor pagados de América del Sur, según comparaciones internacionales… y quizás por eso haya tanto incumbente o repitentes, donde muchos cumplirán 30 años sacrificándose por la nación en las dos cámaras. Cada uno de los actuales 38 senadores le cuesta 615.000 dólares al año al erario nacional (374 millones de pesos), incluyendo la dieta, gastos operacionales y asesores, mientras cada uno de los 120 diputados consume 485.000 dólares (296 millones), según datos de febrero de 2017. Este gasto que pagan «todos los chilenos» para preservar la democracia aumentará significativamente en 2018, cuando se eleve a 50 el número de senadores y a 150 el de diputados.
La contraportada del libro de Nancy Guzmán afirma: “…han sido complejos los últimos años para Chile, sobre todo si sumamos la corrupción empresarial y el desprestigio de la política y las instituciones republicanas al desgaste de los proyectos de gobierno de la Concertación y la Nueva Mayoría. Por lo mismo, durante un año de elecciones se vuelve urgente la reflexión crítica sobre la representatividad del Poder Legislativo y, en especial, de los ciento veinte “honorables” que permiten o impiden los cambios en nuestro país.
En este detallado y no menos irónico análisis, la periodista Nancy Guzmán desnuda con humor qué hace y deja de hacer cada diputado, cuál es su real participación en la construcción de leyes que representen el bienestar común y cómo se van reuniendo entre “rebeldes”, “preciosas”, “pirulas”, “ achorados”, “care palo” y “mediáticos” para justificar su dieta”. Tal como lo hizo Lira Massi en 1968, en este año electoral 2017, Nancy Guzmán vivisecciona a los parlamentarios. “La dieta de los honorables, además de una revisión satírica del estado de cosas en el Congreso, es una breve e intensa historia del mismo y una guía para pensar si estos ciento veinte ciudadanos son los más aptos para representarnos”, dice la contraportada.
Merecido reconocimiento
La autora rinde un merecido tributo contra el olvido de este periodista irreverente que murió en París en 1975, perseguido por la dictadura cívico militar cuyos inspiradores y “cómplices pasivos” ahora disfrutan de representación parlamentaria: “Como era de esperarse, los libros (de Lira Massi) fueron un éxito editorial. Se agotaron las más de diez ediciones de cada uno. Fue tema de conversación, de bromas, risotadas, serios comentarios políticos y de largos discursos de descarga personal en el Congreso, como escribiría Lira Massi, “a costa del erario público”. Algunos de los mencionados le quitaron el saludo, lo pusieron en su lista negra y más de alguno quiso aplicarle alguna sanción o acusación por la osadía de desnudar los hemiciclos sagrados de la democracia. Otros rieron de buena gana con sus ingeniosos comentarios, festinaron en los pasillos y en las comidas. A más de alguno le sirvió de propaganda política y lo usaron en los mítines. Pero lo cierto es que a contar de ese momento el Congreso y los congresistas se dieron cuenta de que eran fiscalizables, que sus actos quedaban en la retina pública y sus acuerdos y complicidades con los dueños de la prensa local ya no tenían ningún valor, porque los libros permitían alcanzar la siempre ansiada libertad de expresión y se volvían peligrosos, casi condenables.”
“Siguiendo esta pista y sabiendo lo necesario que fue para la democracia de ese tiempo conocer al Congreso y a quienes estaban en cargos de tanta trascendencia para la sociedad, nos pareció un compromiso con nuestro tiempo y un empeño valioso actualizar y retomar el ingenio de un periodista que hizo de la información política un tema atractivo para las mayorías”, escribió Nancy Guzmán.
“En definitiva, la libertad de expresión los hacía vulnerables, les quitaba ese halo de próceres intocables que habían mantenido desde la creación del Congreso, que había nacido y se había desarrollado a espaldas del ciudadano. Ese nuevo escenario les traería nuevos desafíos y dificultades a la hora de pedir el voto. Al fin comenzaba el empoderamiento ciudadano que le otorgaba conocer las debilidades de estos hombres de la política profesional”, añadió.
La lectura comienza con una muy bien elegida cita del escritor colombiano José María Vargas Vilas: “Y a los grandes vencidos del pasado, que si pudieran llorar, llorarían con lágrimas de eternidad la inutilidad de su sacrificio heroico y la pompa estéril de su sueño inerte…(Los divinos y los humanos). Sin duda este libro hacía falta, da en el clavo. Nos muestra facetas de uno de los lados más oscuros, espesos y turbios de “la democracia a la chilena”.
Por Ernesto Carmona – Mapocho Press
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