Defensa democrática a la vulneración de los derechos humanos y políticos
por Alex Ibarra Peña y Nora Merlin (Le Monde Diplomatique)
9 años atrás 4 min lectura

En la historia del colonialismo en América Latina se puede encontrar un importante listado de mártires que fueron perseguidos, torturados y asesinados. La historia ha descrito con elocuencia los relatos de grandes líderes que pusieron su pecho frente a la bala del opresor, sustentados en el convencimiento de que se merece vivir mejor y que no es justo aceptar las condiciones que impone el capitalismo destructor del planeta y sus habitantes. América Latina y sus recursos naturales, es un objetivo del proyecto colonizador-capitalista que intenta apropiarse de todo. Sin embargo las víctimas no son sólo esos grandes héroes que construyen epopeyas sino millones de personas. No sólo el torturado, también el oprimido y el engañado. Pese a eso la región latinoamericana no ha logrado denunciar la barbaridad de este problema.
El neoliberalismo es apoyado, lógicamente, por las personas que gozan de una serie de privilegios inalcanzables para cualquier ciudadano normal, por ejemplo: estudiar en las universidades más prestigiosas del mundo, ocupar a la vez altos cargos políticos y financieros, acceder a un buen sistema de salud, disponer de equipos jurídicos que defiendan sus ilícitos, acumular propiedades y dinero, etc. Sin embargo se constata que también lo apoyan sectores sociales desfavorecidos por el neoliberalismo que, como se sabe, se caracteriza por la acumulación del capital financiero en manos de unos pocos.
¿Cómo entender el sometimiento de personas y hasta de países enteros que eligen gobiernos neoliberales que favorecen a las minorías privilegiadas? Una de las respuestas a esta contradicción reside en que las prácticas injustas y elitistas se naturalizan y se instalan en la cultura como destinos inamovibles. El poder utiliza la táctica de la creencia en la “meritocracia” que significa la mentira institucionalizada de que con esfuerzo individual todo se consigue. Sabemos que si no hay igualdad de posibilidades para acceder a la salud, la educación, la vivienda y el trabajo, es muy difícil que todos accedan a las mismas metas y status social. Muchos no ven que el sistema del libre mercado implica un darwinismo social en el que sólo quedará el más fuerte económicamente. La supuesta libertad y la competencia neoliberal significan la negación del otro.
La cultura neoliberal que ha conseguido instalarse promueve una valoración desmedida por el dinero y el individualismo, es corrosiva para los lazos sociales la dignidad humana y la solidaridad.
Esto no sólo sucede en Chile que carga con el rótulo de país neoliberal, sino que es el proyecto homogenizador que se impone en América Latina. De ahí que una respuesta urgente sea desarrollar líneas de reflexión política que sean capaces de producir un pensamiento crítico.
La contienda contra el capitalismo implica dar una permanente batalla cultural, inclusive hay que volver sobre algunas que ya pensábamos que habían sido ganadas. Parecía que con la llegada de los gobiernos democráticos habíamos logrado instalar el respeto de los derechos humanos y políticos. Los gobiernos neoliberales no sólo son de derecha sino que han mostrado una agresividad brutal y una ideología antidemocrática que va en contra de los logros democráticos conseguidos. Una cuestión que parecía abolida es el preso político o la persecución a los que luchan. Por estos días nos encontramos con casos gravísimos de violación a los derechos.
Esto nos coloca frente al hecho de que los ciudadanos comunes pueden sufrir el padecimiento que les impone un sistema de administración de la justicia que los vulnera. Ya es grave que la justicia no sea la misma para todos, pero peor aún cuando la administración de la justicia asume una función de disciplinamiento social a favor de los que concentran el capital.
Hay dos casos visibilizados, en parte, por los medios de comunicación que tienen un fuerte grado de semejanza: la machi mapuche Francisca Linconao y la líder social Milagro Sala. Nos referimos a dos líderes mujeres e indígenas. Tengamos en cuenta que ambas pertenencias identitarias de estas dos sujetos han sido históricamente vulneradas en América Latina que ha estado sometida a un patrón homogenizador machista y racista.
Ambas líderes son perseguidas por un sistema de administración de justicia que está a favor de los capitalistas. Las dos han sido detenidas y encarceladas violándose el derecho básico de justicia conocido como “presunción de inocencia”, que se aplica, parece, sólo a algunos ciudadanos privilegiados. Es inaceptable ese modo injusto de aplicar la justicia que no es igual para todos, de ahí que reclamen y se pronuncien organismos internacionales como Amnistía (en el caso de la machi) y la ONU (en el caso de la líder social).
Cabe hacernos la pregunta si es compatible la democracia y el neoliberalismo, siendo éste último no sólo un sistema económico injusto sino que también vulnera los pilares de la democracia.
Alex Ibarra Peña y Nora Merlin.
Grupo de Trabajo “Surandino”.
*Fuente: Le Monde Diplomatique
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