La jubilación de la mujer de Andrade: '¡Contra el presente vergonzante!'
por Edison Ortiz (Chile)
10 años atrás 8 min lectura
El hombre que se sentía orgulloso de la vieja política en que “no había boletas falsas ni artimañas legales” y “donde se daba la cara”, no ha sabido, esta vez, cómo salir del lío y, pese a recurrir al eterno argumento de la lucha contra la dictadura, enojarse con la prensa, emprenderlas contra algunos medios y periodistas, no logra zafar del escándalo.
“El partido dará a los que luchan digno ejemplo de acción contra el mal”
(Marsellesa Socialista).
Osvaldo Andrade, el querido “Chaleco”, de estilo duro, irónico y canchero, no ha dado esta vez el ancho para explicar lo inexplicable: el altísimo monto que recibirá como pensión su mujer Myriam Olate, en un servicio que “el guatón” conoce de memoria: Gendarmería de Chile, donde hizo asesorías por mucho tiempo, algunas de las cuales fueron cuestionadas por Contraloría.
El hombre que se sentía orgulloso de la vieja política en que “no había boletas falsas ni artimañas legales” y “donde se daba la cara”, no ha sabido, esta vez, cómo salir del lío y, pese a recurrir al eterno argumento de la lucha contra la dictadura, enojarse con la prensa, emprenderlas contra algunos medios y periodistas, no logra zafar del escándalo.
Y se entiende su molestia: no es fácil explicar, menos éticamente, que una funcionaria de rango medio, a través del empleo de todos las artimañas y tecnicismos legales, acceda a una jubilación superior a la de los mismos generales, siendo estas altísimas si se las compara con la de los chilenos de a pie (perdón, de AFP).
De Joel a Andrade
Acabamos de concluir un libro, que se publicará pronto, sobre el Gobierno de Allende en las antiguas provincias de O’Higgins y Colchagua –“¿Vencidos?… Crónica de la Unidad Popular en las Provincias”–, geografía donde se jugaron dos de los procesos más significativos en que se involucró la UP: la nacionalización del cobre que culminó con la Huelga del 41 (preámbulo de su caída) y, por otra parte, la profundización de la reforma agraria que levantó el mito de Joel Marambio, quien –en una entrevista realizada por Punto Final en 1968– afirmó que eran los campesinos, y no los obreros urbanos, los verdaderos protagonistas de la revolución. Tomen nota del personaje.
Conversando con Max Marambio sobre cómo se construyó el mito de su padre en Colchagua –“el riñón de la oligarquía”–, siendo recordado hasta hoy por los campesinos como “el guerrillero”, “el Manuel Rodríguez”, el ex GAP, me comenta lo siguiente: “Lo interesante de mi padre Joel es que era un hombre que tenía conciencia de clase, sentido de clase, de manera muy fuerte y muy arraigada. Mi papá era un profesional exitoso, pero se fue empapando de sus viejos campesinos y desprendiéndose de lo material”.
Y junto con ellos Joel se radicalizó con el proceso, al punto de transformarse en un peligro vivo para los latifundistas: preso por pegarle un combo a Maximiano Errázuriz –quien lo calumniaba desde El Cóndor–, desaforado varias veces por desafiar el orden oligárquico, aunque siempre cercano a su gente: cruzando el río a nado por la noche para llegar a una reunión con los campesinos de El Huique, a quienes los Errázuriz cerraba el acceso a la hacienda por el único portón que estaba sobre el puente a partir de las 20.00 horas; encabezando pliegos y organizando la lucha por hacerlos dueños de las tierras que trabajaban; siendo candidato a diputado en 1973, cuando ya un cáncer terminal acosaba su cuerpo, solo para cumplirle a Allende.
Morirá a fines de diciembre de 1973, con su casa custodiada por militares, y a su funeral se prohibirá asistir, pero jamás será abandonado por sus campesinos. En su tumba no falta nunca una flor, aunque sí esa frase que Joel soñó que estuviera como epitafio: “Aquí yace un hombre malo, pero nunca tanto como los buenos”.
¡Militantes puros y sinceros, prometamos jamás desertar!
Hoy, como sabemos, la situación es algo distinta: algunos parlamentarios socialistas siguen siendo detenidos y desaforados –pero ahora por corruptos–; otros no escatiman en ir como candidatos en cupos del PDC, con tal de mantener las prebendas y privilegios que siempre acompañan al cargo; se cambian de Puente Alto al barrio alto, exhiben coches lujosos y ni hablar de sus hijos.
Últimamente les ha dado por asegurar a sus esposas recurriendo al máximo de las triquiñuelas legales que aprendieron de los Correa-Garretón, allá en los comienzos de los 90, que continuaron luego cuando ocuparon directorios de empresas públicas en proceso de venta, que profundizaron cuando fueron administradores municipales y se especializaron en vender hasta chatarra.
Así llegamos hasta hoy, cuando han finalizado trapeando en el suelo con la memoria socialista: la de sus fundadores y, en especial, con la figura de Allende.
Y ni hablar de lo que sucede hacia abajo, donde la conocida G-90 del PPD –cuyos escasos sobrevivientes en el Estado ahora andan como locos desarmando las empresas de servicio que habían creado– ha sido superada con creces por la sub-40 del PS o “los Bachelet-Boys”, como la adjetivamos otros: aquellos que se arrimaron al socialismo sin tener que asistir a escuelas de formación, pasando directamente al presupuesto fiscal en un cargo relevante para, desde ahí y mediante algún favor a alguna empresa, saltar directamente –sin ninguna vergüenza, esa es cosa de tontos– a su plantilla.
Me cuentan que en nuestra región el último ejemplo lo ha dado el ex intendente Juan Ramón Godoy, quien otorgó el visto bueno para la instalación de una chanchera de una filial de Agrosuper y a quien, en su oportunidad, Ricardo Rincón acusó de haber “hecho lobby ante superiores jerárquicos de los seremis para presionarlos a votar de una determinada manera”.
En el marco de la aprobación de la reforma laboral fue destituido pero, de la noche a la mañana, apareció como el flamante director de la sede de Rancagua de la Universidad de Aconcagua, propiedad de Gonzalo Vial, el ex amigo del matrimonio Dávalos-Compagnon y cuya familia es dueña de Agrosuper. ¿Queda claro?
Poco importa ya que esta mala costumbre hubiese empezado en la URSS, la RDA, Italia, Venezuela o México; que sus primeros síntomas fueran a comienzos de los 90, cuando en algunos ministerios se empezó a cobrar “por el proyecto” y un monto aparte por “su aprobación”. Que se profundizó durante Frei y Lagos cuando Escalona metió “sus manos al fuego” por un diputado procesado hasta quemárselas, hasta llegar a hoy, cuando el modelo del “pillo” se impuso no solo en el PS sino en la política en general.
El abismo que se construyó de ayer a hoy
Al revisar el periódico local luego del golpe, el 13 de septiembre El Rancagüino tituló: “Fuerza Armadas emprenden Liberación” o “Chile camina a la vida normal”.
Los ex miembros de la Unidad Popular, y en particular los socialistas, fueron acusados de todo: “extremistas” (“Numerosos cabecillas y extremistas están prófugos”), les inventaron arsenales (“El arsenal de Allende”), depósitos de mercadería (“200 sacos de azúcar acaparaba intendencia”) y algunos, como a Adolfo Lara, les fabricaron un titular como: “A balazos resistieron allanamiento de la casa del secretario general del PS”, cuando en verdad fue un adherente de Patria y Libertad quien le había dinamitado su vivienda (14 de septiembre); o cuando se tapó el asesinato a mansalva del profesor comunista Luis Almonacid por un par de carabineros, con la siguiente bajada: “Fue muerto al tratar de huir de la policía”.
Pero nunca se había hablado de corruptos, porque, tal como lo señaló el propio Presidente Allende, “podremos meter las patas, pero jamás las manos” y que, como lo reafirma Jorge Arrate en el prefacio al libro, “ningún alto dirigente de la Unidad Popular fue condenado por coimas, tráfico de influencias, soborno o enriquecimiento ilícito. Y créanme, los militares no escatimaron esfuerzos ni recursos para las investigaciones”.
Poco importa ya que esta mala costumbre hubiese empezado en la URSS, la RDA, Italia, Venezuela o México; que sus primeros síntomas fueran a comienzos de los 90, cuando en algunos ministerios se empezó a cobrar “por el proyecto” y un monto aparte por “su aprobación”. Que se profundizó durante Frei y Lagos cuando Escalona metió “sus manos al fuego” por un diputado procesado hasta quemárselas, hasta llegar a hoy, cuando el modelo del “pillo” se impuso no solo en el PS sino en la política en general.
¡Socialistas a luchar, resueltos a vencer!
No hace mucho mi ex profesor y hoy candidato al Premio Nacional de Historia, Julio Pinto, decía a The Clinic: “Hoy resulta más convocante la Unidad Popular y su derrota que la Independencia de Chile”.
Y, ¡claro!, cómo no podríamos estar más de acuerdo cuando asistimos hoy a un momento histórico en que la actividad pública, y muchos de quienes se dedican a ella, están afectados por un profundo desprestigio.
Escarbar en ese pasado heroico es también un esfuerzo, más allá de aciertos y errores, por reivindicar lo más noble de la política. Fue una época de sueños e ideales, donde la actividad pública exigía el máximo compromiso de quienes la practicaban.
Es que ese Gobierno y Salvador Allende seguirán penando por mucho tiempo. Al igual que muchos iconos de la historia universal, que sucumbieron en su intento por cambiar el mundo, siguen estando presentes en los distintos discursos y movilizaciones estudiantiles y sociales, lo que legitima aún gran parte de sus ideas. Lo dijo hace poco Pablo Iglesias: “Soy socialista, como Allende”.
Decía alguien, estos días –cuando los socialistas históricos aún no se reponían de la noticia sobre la esposa de Andrade–, que “la memoria y el ejemplo son una poderosa fuerza de cambio sobre todo si se juntan con voluntades de reconstrucción de un proyecto sólido de emancipación social que sea alternativa al capitalismo neoliberal”. En ese sentido, los movimientos sociales, las nuevas generaciones y las nuevas expresiones de la cultura abren una puerta ancha para un reagrupamiento de la izquierda.
Hay que salir de la queja y el lamento para comenzar a construir. No hay más tiempo.
*Fuente: El Mostrador
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