De la monarquía oligárquica a la república virtuosa
por Rafael Luis Gumucio Rivas, padre (Chile)
11 años atrás 4 min lectura
El historiador Mario Góngora escribió acerca de las planificaciones globales: la Revolución en Libertad, de Eduardo Frei Montalva; la de “con empanadas y vino tinto, de Salvador Allende; la del ultra neoliberalismo, de Augusto Pinochet, con la consiguiente destrucción del Estado y tiranía del mercado – de esta última visión de la historia de Chile surgen las obras, ensayos y otros escritos, sobre la crisis del modelo -. Como ocurre casi siempre en Chile, las adaptaciones de teorías extranjeras a la realidad nacional tienen algo de bastardas, por ejemplo, el corporativismo fascista neoliberal que se impuso en Chile durante la dictadura – y que continuó con los gobiernos de la Concertación – en muchos aspectos no cumple con las ideas de los padres fundadores del neoliberalismo, pues a F. Hayek no se le hubiera ocurrido jamás salvar a los bancos de la bancarrota, por el contrario, los hubiera dejado quebrar.
Personalmente, pienso que hay que buscar una pista que contemple el largo período, a fin de entender el Chile actual; creo que la clave está en la monarquía oligárquica, que se mantuvo y se radicalizó con la llamada “revolución pinochetista”, y es en razón de esta idea que en la mayoría de mis escritos recurro a la historia comparativa para visualizar las analogías entre el período oligárquico de la república parlamentaria y la coyuntura actual. En el fondo, a pesar de la diferencia respecto de los regímenes políticos: parlamentarismo bastardo y monarquía hiper presidencialista, en el fondo, en ambos regímenes, el verdadero actor está conformado por las oligarquías duopólicas – otrora alianza liberal-coalición conservadora y Concertación-Alianza, en la actualidad.
Respetando las diferencias temporales y espaciales, muchos de los temas del parlamentarismo siguen constituyendo el elemento central del escenario actual, por ejemplo, el desprestigio e ínfimo apoyo de la ciudadanía al parlamento y a otras instituciones, la mezcla entre la política y los negocios – esta última, considerada como la vía para el enriquecimiento ilícito de nuevas capas sociales –, la política versallesca, que teme y pretende ignorar a los movimientos sociales y, por último, el “reinado de grandes personajes” millonarios, antes pertenecientes a grandes familias aristocráticas y hoy, salvo los Matte – venidos de familias extranjeras, hábiles y exitosas en los negocios que han sido incorporados a bloque de poder oligárquico -.
Este bloque actual de poder oligárquico se había mantenido incólume sobre la base de la llamada “democracia de los acuerdos” y, sobre todo, porque la Concertación se mostró más eficiente que Pinochet para perfeccionar las ideas matrices de este modelo plutocrático, ahora vestido con ropaje democrático y de gran acogida y apertura internacional. El neoliberalismo bastardo así, se convirtió en un modelo admirado por Estados Unidos, especialmente, y a imitar por los países de América Latina.
Aún no me atrevería a lanzar la hipótesis de que estamos pasando por una crisis de dominación oligárquica, similar a la de los años 20, pero sí se puede adelantar que las protestas sociales de 2011: las estudiantiles, las regionalistas y las ecologistas, principalmente, constituyen un primer paso importante hacia la ruptura de este bloque de poder.
Las ideas centrales de estas protestas corresponden, a mi modo de ver, a antiguos ideales republicanos del Chile de otrora: la educación laica, gratuita, pública y de calidad, es heredera de las ideas del Estado docente de grandes pensadores como Valentín Letelier, José Abelardo Núñez, Enrique Molina, Alejandro Venegas, Darío Salas, Pedro Aguirre Cerda, y muchos otros más. Es en razón de esta continuidad histórica que me atrevo a llamar a esta lucha social como la búsqueda de la república virtuosa, pues coloca en el primer plano ideales de una alta potencialidad ética, que le confiere el poder convocante de grandes mayorías. Si revisamos la historia, la II República española tuvo varios elementos de esta característica virtuosa – hasta hoy resta en el recuerdo las misiones educacionales y la labor cultural de Federico García Lorca y de Antonio Machado -.
El desarrollo de esta lucha por la república virtuosa, cuyo actor principal es la calle, aún está verse, sin embargo, hay bastantes atisbos de que posee la capacidad de ir provocando el quiebre del bloque oligárquico, provocar la crisis y dar paso a un colapso de este bloque dominante, requisito fundamental para la refundación república.
10.02.2016
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Las «republicas virtuosas» que existían en el ideario de la clase media antigua chilena, ilustrada y educada (no confundir con lo que ahora se llama clase media, reyes de la cumbia y del 4×4) y
la idea de «nobleza obliga» ya no es tan atractiva para la actual clase media, como lo fue.
Casi 50 años, nos separan, de las nuevas generaciones que viven preocupadas del facebook, y del móvil sacándose «selfies». Es cosa de ver a los políticos haciendo declaraciones por Twitter, lugar que no permite un debate de ideas. Ya no se debaten ideas, se gobierna por voluntarismo, y por compromisos políticos, de los que manejan el tinglado del gobierno. Las aspiraciones son materiales, lo que no es malo en si, si es que le dieran también cabida a las reflexiones sobre nuestra vida en común y como organizarnos y como conocernos mejor en nuestra naturaleza humana. Es decir a la inteligencia reflexiva.
Porque si todos aspiran y obtienen un 4×4, hay que pensar en ampliar las carreteras, los estacionamientos, en como evitar la contaminación, que hacemos con los esqueletos de los 4×4, como nos movilizamos en la ciudad, cuanto gastamos en repuestos importados o en petróleo importado. Y eso necesita organización, conocimiento estratégico, reflexión racional, ya que el mercado no resuelve automáticamente los problemas de la organización social.
Yo personalmente añoro una república que además de virtuosa, sea inteligente, porque se puede ser virtuoso y con pocas luces, lo que da muy mal resultado.