A las autoridades culturales les falta discurso político
por Patricio Olavarría (Chile)
11 años atrás 6 min lectura
Lo de siempre, la cultura avanza a tropezones. Por mucho que las autoridades digan lo contrario, los hechos lo desmienten y el sector cultural desde el gobierno tiene problemas que se traducen fundamentalmente en una agenda legislativa pobre, y que pone en evidencia la carencia de una mano política más fuerte en el sector. En lo concreto hay un 0% de correspondencia entre los proyectos presentados por el actual gobierno y las iniciativas comprometidas en su programa de campaña, lo que significa que ningún proyecto corresponde a las promesas del Ejecutivo, y casi un 70% de los proyectos existentes se encuentran sin movimiento en el congreso.
Es cierto que culminó el proceso de la célebre Consulta Indígena, y que el proyecto estrella que crea el “Ministerio de las Culturas, las Artes, y el Patrimonio” cerró una reunión con casi doscientos representantes de los pueblos originarios. Proyecto que debería ser ingresado por el Ejecutivo antes de la Cuenta Pública el 21 de mayo, y que finalmente implicará una serie de acuerdos que suponen el reconocimiento de los pueblos ancestrales y la creación de un “Departamento de los Pueblos Originarios”, que vale la pena decir, existió bajo la administración de Claudio Di Girólamo en la División de Cultura del Ministerio de Educación, y fue borrado de golpe y porrazo. Sin embargo, el asunto es más de fondo porque no se trata sólo de la creación del tan anhelado Ministerio, el que será ingresado como una “indicación sustitutiva” al proyecto de la administración del ex Ministro y ex actor de teatro y televisión Luciano Cruz-Coke, también están en juego una serie de medidas y promesas de campaña que hasta el día de hoy son un deslavado panegírico.
En el Programa de campaña “Chile de todos” de la Nueva Mayoría, la cultura aparece con una serie de medidas que se enfocan en temas que fueron parte del ideario permanente de los gobiernos de la concertación desde el inicio de los años ´90. Cuestiones como la “desigualdad en el acceso”, la “formación y educación de las artes”, el “financiamiento y fomento de las artes” y el “patrimonio” bajo la idea de “la cultura como factor de desarrollo social” son asuntos que han estado en la discusión ideológica desde los inicios de la transición a la democracia, y hoy no revisten una innovación mayor, y son solo parte de la retórica discursiva de las autoridades de turno. En los hechos solo palabras porque los problemas en rigor, y las carencias de la gran mayoría de la población siguen siendo las mismas en lo relativo a la cultura y la educación. Es más, todos estos, han sido temas formulados en los documentos de políticas culturales que partieron en el año 2004 con el documento “Chile Quiere más Cultura”, bajo la conducción de Ricardo Lagos, y luego con el documento “Política Cultural 2011-2016” redactado en el gobierno de Sebastián Piñera. En otras palabras, nada nuevo bajo el sol.
En lo que concierne a la Institucionalidad propiamente tal, solo como ejemplo, porque son muchos más, se propuso incorporar al Consejo Nacional de Televisión CNTV al Ministerio de Cultura y del Patrimonio. Sabemos que las conversaciones no son alentadoras y que existe una fuerte resistencia del Gobierno en integrar este Consejo al sector cultural. También se plantearon modificaciones en materia de televisión pública en el nuevo escenario de la tv digital con frecuencias abiertas y gratuitas haciendo énfasis en una señal educativa y cultural. Según el Observatorio de Políticas Culturales OPC, no hay avances. Obviamente no hay señales más que conversaciones en un tema como el de la televisión chilena que sabemos, de pública poco tiene, y TVN que tiene este afán funciona simplemente como un canal privado, con lógicas binominales en su directorio, y en lo cultural, dando cumplimiento a las exigencias de cuatro horas semanales de programación cultural, y que sabemos eso significa cualquier cosa. Recomiendo ver el informe entregado por el CNTV y se podrá constatar lo ridículo, y fatal de lo que entienden nuestras autoridades por televisión cultural.
Si uno sigue desgranando el choclo, nos encontramos con que las medidas del programa cultural del gobierno, no solo son la consecuencia obviamente de un trabajo que se ha realizado por más de dos décadas, y en especial desde que se creó el CNCA el año 2003, asunto que ya pone hoy al modelo cultural chileno en la encrucijada de un modelo carente de innovación, y sin una visión autocrítica de la cultura como problema país. Más bien se trata de un programa y un patrón de institucionalidad continuista, lo que se traduce claramente en la actual administración que hoy dirige el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que pareciera estar inmovilizada, con muchos programas y asesores de todo tipo, cuya obsesión por la industria no dan cuenta de una estrategia política clara no solo hacia el sector cultural, sino también hacia la ciudadanía.
Si hay algo de lo que carecen las actuales autoridades culturales en Chile, es de un discurso político. Hoy las autoridades más bien hablan desde la gestión como si fuera esta la panacea, o desde la administración, o simplemente como productores de eventos y programas como si fueran la solución a la pobreza estructural que tiene el país en materia cultural. No basta ni es creíble tampoco hacer una apología a la “industria creativa” como ejes de una acción cultural, porque si bien, es cierto que estamos insertos en un modelo económico neoliberal y poco regulado en Chile, la cultura no puede llegar y entregar el brazo a la economía, y si las autoridades del CNCA están en esa línea, hay que estar atentos a que no le estén entregando la oreja al mercado.
El diagnóstico no es bueno. No hay señales muy claras, y hasta ahora lo que vemos es una institucionalidad incolora, agotada en sí misma, excesivamente tecnocrática, deficiente en su administración, incapaz de proponernos un proyecto y relato de país cultural por mucho que se hable de un Ministerio, con una consursabilidad desprestigiada que privilegia a fundaciones de consorcios económicos y excluye a creadores con prestigio, con directorios ensimismados en negociaciones e intereses, y sin poder resolutivo frente a los reales problemas de la población. Una institucionalidad con miedo a problematizar y abrirse a las coyunturas actuales acorde a los cambios y debates que se están dando en la sociedad, que están en la palestra como la desigualdad, y la representación social y política, lo que obviamente pone el problema de lo cultural en la coyuntura del debate de una nueva Constitución Política o una Asamblea Constituyente.
Es poco probable que las autoridades culturales tomen el toro por los cuernos. Más bien parece que nadie tiene la conducción del problema cultural en este país, al menos desde lo institucional, porque el pensamiento, la cultura y la creación existen en diferentes partes y rincones de Chile. Ojalá quienes están en el gobierno y los cargos en donde se toman las decisiones, y se administran los recursos, se puedan sacudir y se dejen de mirar el ombligo porque de lo contrario, no pasará nada, y los únicos beneficiados con la cultura no serán otros más que ellos.
– El autor, Patricio Olavarría es Analista de Políticas Culturales.
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Exactamente Patricio Olavarría. Ahora en mi comentario este medio tiene la deferencia de publicarme con mi escultura «Danza para mi hija» que el año 1999 emplace en ….se suponía un jardín del nuevo hospital San José, cuyas autoridades habían comprometido pagar mi trabajo en función de la Ley de Donaciones Culturales. Y esa obra la realice el año 1997. Actualmente no existe ese jardín sino que un sitio de estacionamientos. hasta la fecha no he recibido ningún pago por mi obra. Vine especialmente de España en donde resido con mi familia. En conclusión tanta parafernalia de organismos con títulos pomposos para nada. Si a un autor como es mi caso no se ha tenido el debido respeto a mi trayectoria profesional-artística con años de amor al oficio ,que queda para las nuevas generaciones.