Los casos Penta, Caval, Soquimich y la crisis sistémica

Desde hace mucho los sectores históricamente dominantes colocan a Chile como ejemplo de democracia y estabilidad en la región, como paradigma de desarrollo: se habla de la loable seguridad jurídica que el sistema logró respecto a las inversiones, etc. Pero, en Chile lo que prospera es el neoliberalismo. Es decir, la corrupción, la exclusión y los negociados de unos pocos, de quienes se vieron favorecidos con el golpe que acabó con la vía al socialismo imponiendo posteriormente políticas de apertura del mercado a través del terror de la dictadura.

Triunfa la marginación porque en la “democracia” impuesta por la fuerza de una Constitución fraudulenta, los derechos son abstractos cuando se trata de las necesidades de los trabajadores. Desde esa perspectiva se entiende la urgencia de un frente de convergencia de izquierda, de ese que batalle contra la lógica de los grupos dominantes quienes, sin duda, son los vencedores en esta tragedia que hoy se nos revela en su máxima gravedad con los casos Caval, Penta y Soquimich porque ellos nos reafirman el vínculo de la política con el dinero y la existencia de las grandes mafias.

La necesidad de un frente popular, fuerte e independiente política y estratégicamente hablando, es producto (en la medida en que la lucha se imponga) de la seriedad de la exclusión y de la pobreza que el neoliberalismo inaugura. En Chile ese modelo fue llevado hasta sus últimas consecuencias por la dictadura y posteriormente por la Concertación y la Alianza de manera que sería archivada la transición a la democracia del pueblo y de su gente. De hecho, hoy en nuestro país los trabajadores estamos fuertemente presionados por las exigencias de un modo de desarrollo, de producción y de distribución de las mercancías que defiende los intereses corporativos. En ese contexto, son las transnacionales los sujetos políticos centrales del sistema.

Por otro lado, las penurias de amplios sectores del pueblo aumentan por el abuso de aquellos créditos usurarios, por tarifas e impuestos regresivos e injustos que liberan a la élite de sus deberes y agobian al más desfavorecido, al pobre y al marginado pero también a los que vivimos de nuestro esfuerzo, de esa fuerza que vendemos como mercancía. La nula posibilidad de ascender en la escala social se centra en la construcción de un abismo de desigualdad basado en los ingresos. Se expresa además en el deterioro de la educación, de la salud, de las jubilaciones y de otros elementos que son característicos del neoliberalismo.

Por último, la falta de expectativa también se basa en la conmovedora discriminación que vulnera el derecho de todos a una vivienda digna, en el hacinamiento y en múltiples carencias que fomentan el intentar sobrevivir de cualquier manera. Cabe mencionar que en Chile la “democracia” no goza de buena salud. Lo demuestra la corrupción, también el sistema electoral que discrimina en términos democráticos. En estas circunstancias hay que considerar que este último refleja de manera extrema que el sistema electoral en el seno del capitalismo garantiza la continuidad y conciliación con los grupos económicos predominantes. Al mismo tiempo, mantienen intacta la fragmentación social. Es decir, las elecciones no fueron diseñadas para organizar sino para fragmentar al pueblo y darle así esa falsa sensación de participación. Pero, el régimen no es inmutable, puede cambiar. De nosotros depende.

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3 Comments

  1. De acuerdo en todo con el autor.
    Me pregunto ¿cómo formar empresas con tan alto sentido de participación que tanto los mas altos ejecutivos, directores, como los empleados de todos los niveles, obtengan recursos justos y necesarios para vivir decentemente? ¿Puede lograrse esto con una nueva Constitución solamente?
    ¿No habrá que cambiar nuestro apetito personal por tener siempre más que el vecino, diferenciarme más que parecerme a los demás, dejar de formar partidos políticos como clubes futboleros, etc?

    1. José: El cambio de Constitución no tiene sentido si no surge desde las bases del pueblo, como una demanda que nos ayude a resolver nuestras propias necesidades de empleo, de alimentación, de educación, capacitación, salud, etc. Al respecto es central nuestra participación a partir de las juntas de vecinos, de los sindicatos, de las escuelas, liceos y lugares de trabajo. Es un desafío tremendamente democrático, de participación de todos los que anhelamos un Chile mejor; te lo planteo de esa manera porque a pesar de que cada uno tiene sus ideas, aunque podemos estar o no de acuerdo con determinadas políticas, seremos los trabajadores los que definiremos el país en el que queremos vivir. Sobre la derecha duopólica no me hago ilusiones porque si se trata de una real democratización, sin letra chica digamos, ellos mismos se excluyen. Y lo hacen porque no son democráticos; felizmente son la minoría. Es lo que pasó en países como Bolivia, Ecuador y principalmente en Venezuela donde a pesar de todas las elecciones, a pesar de la continua ratificación del socialismo del siglo XXI en las urnas, la derecha insiste que en ese país hay una dictadura.

  2. Muy cierto chile se creía un país democrático y figuraba dentro de esos estándares frente a otros, pero lo cierto es que es un país corrupto con una constitución fraudulenta. De democrático e igual no veo nada. Espero que esto ayude a que la política actual derecha, izquierda,centro, etc declinen, lo que necesitamos es una nueva clase política moderna.

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