Publicado el 25/02/2
El documental se centra en los movimientos juveniles que derrocaron gobiernos en países como Georgia, Ucrania, Serbia, Kirguistán y otros antiguos países socialistas de la Europa del Este, y muestra como, en sitios donde los partidos políticos estaban desprestigiados y los movimientos estudiantiles, financiados por entes estadounidenses como la NED, USAID, Fondo Nacional para la Democracia, el Instituto Republicano Internacional, el Instituto Demócrata Internacional, Freedom House, etc., les dieron apoyo que permitió derrocar a sus gobiernos.
El documental muestra la clara injerencia de Freedom House en países de Europa oriental; Freedom House está en Venezuela desde 2005, destacó Eva Golinger (Freedom House es una fundación conservadora estadoundense, que además actúa como «think tank» o creadora y divulgadora del pensamiento de derecha). Es financiada por el gobierno estadounidense y dice que busca «fortalecer la democracia» estableciéndose en países con gobiernos socialistas. Noam Chomski ha denunciado sus vínculos con la CIA.
Las entrevistas y opiniones las dan, en muchos casos, los propios injerencistas y quienes trabajan para ellos, y no dudan en reconocer que todo es un proyecto estadounidense. Muestran cómo jóvenes de Serbia iban a otros países, como Ucrania, para explicarles cómo ellos lograron su «revolución» y cómo los ucranianos podrían lograr la suya.
Explican los estudiantes: «Todos ya vieron Batman, Spiderman o Superman. Siempre hay un personaje que nadie ve, que controla la ciudad, que observa todo y está por todas partes. Es exactamente lo que tenemos que hacer, estar por todas partes y aterrorizar al poder». La simbología es importante, de allí que deben hacerse omnipresentes mostrando su símbolo en todos lados (sea el puño de Otpor, el color naranja en Ucrania o las manitos blancas en Venezuela).
Gene Sharp y su libro «De la dictadura a la democracia» se convierte en pieza central, que explica cómo influir en la policía para evitar la represión. Desde trucos sencillos como enviar niños con comida a los policías o entregarles flores, hasta el comunicarse a los mandos medios para negociar con ellos y pedirles que disuelvan los cinturones de seguridad a cambio de perdonarles en el gobierno posterior: todo forma parte de buscar la forma de debilitar el poder del gobierno establecido para derribarlo.
El millonario George Soros es otro de los financistas de estos movimientos.
El documental entrevista a Bob Helvey, quien pasó 30 años en el gobierno estadounidense y ayudó a formar la oposición en Birmania y Serbia y explica algunas de las técnicas usadas para debilidar a gobiernos inconvenientes para Estados Unidos. Henvey trabajaba en el momento de hacerse el documental, en una fundación del senador John McCain dedicada a «llevar la democracia» a países de Europa oriental.
Otras «joyitas» que pueden verse en el documental son las reuniones de opositores de Bielorrusia siendo ayudados por georgianos, y el abierto reconocimiento de que el congreso estadounidense les ha aprobado millones de dólares en ayuda, que están por llegar. «Vamos a ayudarlos, les vamos a dar varias recetas para tomar el poder», le explican los georgianos a los bielorrusos.
La descarada sujeción de Mikhail Saakashvili, presidente de Georgia, a las autoridades estadounidenses, queda demostrada en el documental.
Ante Bruce Jackson, ex oficial de inteligencia del Ministerio de Defensa estadounidense y presidente del Proyecto para las Democracias en Transición e hijo de un fundador de la CIA, el joven Saakashvili le pregunta nerviosamente cosas como «¿qué, dije algo malo?» y no deja de reunirse con él tras las sombras.
Franelas con la lista de revoluciones de colores exitosas (en Georgia, Ucrania, Kirguistán y Moldovia) y las que, según ellos, «están por venir» (en Bielorrusia, Rusia, Azerbayán y Uzbekistán) se muestran abiertamente. A la oficina de Jackson en Bielorrusia incluso llegan jóvenes de la oposición rusa a Vladimir Putin a recibir «ayuda» de su oficina injerencista. Las jóvenes explican a la documentalista cómo progresan sus planes contra el presidente ruso, hoy primer ministro.
El foro no pudo culminar sin antes mostrar a Ronel Gaglio, estudiante venezolano de la Universidad Monteávila (privada), reconociendo en una entrevista brindada al documental «Las nuevas caras, el mismo objetivo» de David Segarra, los viajes de él y de otro grupo de estudiantes opositores venezolanos a Serbia para tener ayuda y consejos de los jóvenes de Otpor que tuvieron éxito en su «revolución de colores».
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