Estados Unidos consideró ofrecer asilo al dictador chileno Augusto Pinochet
por The Guardian
12 años atrás 4 min lectura
Traducción para piensaChile: HB
Documentos detallan los debates ocurridos en los niveles más altos del gobierno de Reagan acerca de las opciones para facilitar la salida de Pinochet.
The Guardian, Jueves 11 de septiembre de 2014.

El gobierno de Ronald Reagan estaba tan preocupado que la oposición de izquierda al general Augusto Pinochet pudiera desencadenar una guerra civil abierta, que en 1986 el gobierno norteamericano consideró ofrecer asilo al dictador chileno.
Documentos recientemente descubiertos en archivos de EE.UU., revelan que una misión encabezada por el general John Galvin, del Ejército Norteamericano, fue a Chile en 1986 para evaluar las crecientes protestas callejeras y los esfuerzos de la guerilla para poner término al impopular régimen de Pinochet.
Cuando EE.UU. comenzó a comprender la profundidad y pasión de la oposición, temores de una guerra civil obligaron a los funcionarios de la administración Reagan a buscar alternativas, incluyendo, como se afirma en un documento: “Una partida honorable para el Presidente Pinochet, quien sería recibido como un invitado de nuestro gobierno”.
Los documentos, desenterrados por la periodista chilena Loreto Daza, en los archivos y registros nacionales de EE.UU., en Maryland, detallan debates en los más altos niveles de la administración Reagan, acerca de opciones políticas para facilitar la salida del poder de Pinochet.
“Unas de las posibilidades fue ofrecerle asilo a Pinochet. Se le ofrecería que viajara a Estados Unidos y abandonara el poder”, dijo Loreto Daza, quien es también Decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad del Desarrollo, en Santiago.
Mientras EE.UU. presionó en favor de un golpe militar para derrocar al gobierno legítimamente electo del socialista Salvador Allende, a mediados de los años 80 Pinochet había llegado a ser una figura tan polarizante que los funcionarios de la Casa Blanca temían que su continuación en el poder pudiera ayudar a la izquierda chilena a ganar el apoyo popular, dijo Peter Kornbluh, autor del libro: Pinochet: Los Archivos Secretos [Editorial Crítica, Barcelona, 2004].
“Un capital como Pinochet se transforma en una desventaja cuando ya no se lo ve como capaz de detener las fuerzas de la izquierda, y de crear un clima económico estable”, dijo Kornbluh. “Reagan admiraba a Pinochet y quiso ir a Chile a agradecerle personalmente por “salvar a Chile”, y a decirle a Pinochet “que ya era tiempo de irse”, dijo Kornbluh, citando documentos desclasificados de la Casa Blanca, “pero George Shultz, entonces Secretario de Estado, dijo absolutamente que no. Pinochet tiene demasiada sangre en sus manos”.
Kornbluh dijo que la intransigencia de Pinochet, incluso con las facciones democráticas más conservadoras, lo hizo perder el favor de EE.UU., y que en 1986 el gobierno norteamericano había decidido ayudar a poner fin a la dictadura y a restaurar un gobierno civil moderado.
Se sospecha que el general Galvin, quien era entonces Comandante en Jefe del Comando Sur del ejército norteamericano, con base en Panamá, habría informado al gobierno chileno en 1986, acerca de un masivo cargamento del gobierno cubano, destinado al ala armada del Partido Comunista Chileno, un grupo conocido como el FPMR, Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
Los cubanos estimaban que el descontento social contra la dictadura había alcanzado un punto de ruptura, y que un ataque en dos frentes, esto es, grupos de resistencia armada junto con las masivas protestas callejeras, echarían abajo el reinado de Pinochet, que ya había durado trece años.
La internación de miles de libras de lanza-cohetes, fusiles automáticos, granadas y munición, había sido coordinada por medio de una masiva operación clandestina, que incluía el entierro de las armas a lo largo de la costa del norte de Chile. Sin embargo, antes de que la resistencia armada pudiera utilizar el grueso de su armamento y lanzar su ofensiva, el gobierno de Pinochet se dejó caer, requisó las armas y arrestó a numerosos activistas. Algunas de las armas ocultas habían sido distribuidas y fueron usadas en un fallido intento de asesinato de Pinochet en septiembre de 1986, en el cual fueron muertos varios de sus guardaespaldas, y aquél apenas salvó su vida.
Mientras los historiadores continúan poniendo en orden el legado de los tratos entre Estado Unidos y Chile durante la dictadura de Pinochet, las protestas callejeras continúan esta semana en Chile. Marchas, disparos, y una misteriosa bomba, marcaron el aniversario del derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973.
El lunes, una pequeña bomba explotó en la Estación Escuela Militar del Metro de Santiago, que hirió a un número estimado en 14 civiles, y que provocó un temor generalizado. Ningún grupo se declaró responsable, y las acusaciones han cubierto un rango que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda, aunque los funcionarios policiales sospechan que un anillo de anarquistas estaría detrás del último de los más de 200 bombazos que han estremecido Santiago en la última década.
En la víspera del aniversario del Golpe manifestantes armados con piedras y bombas Molotov, se enfrentaron a la policía, y la menos un bus fue incendiado.
*Fuente: The Guardian
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