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La amenaza de la ultraderecha en Francia 

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En los años 30 del siglo pasado, bajo la influencia del triunfo del fascismo en Italia y, posteriormente, el nazismo en Alemania, surge una serie de movimientos de ultraderecha, como “Acción Francesa”, dirigido por Charles Maurras; “Los Cruces de Fuego”, cuyo jefe era el coronel François La Roque, y muchos otros, que en conjunto explotaron en una manifestación, el 4 de febrero de 1934, frente al Palacio del Congreso, en la cual, la indecisión del coronel La Roque impidió que la ultraderecha ocupara el Parlamento. Posteriormente, la conspiración “la Cagoule” contra la Tercera República, que también fracasó.

La única vez que la extrema derecha ha llegado al poder, con Philippe Pétain, fue durante el período de la ocupación alemana, en la llamada “Francia Libre”, en Vichy, sin duda, con la ayuda de los alemanes. Uno de los más notables partidos colaboracionistas del régimen de Vichy fue el Partido Popular Francés, dirigido por Jacques Doriot, antiguo líder comunista que devino en fascista, y que poseía un enorme poder como orador y agitador de masas.

Una vez liberada Francia de la ocupación nazi, la ultraderecha francesa se sumergió en un letargo, pues era muy difícil, en la época, declararse admirador de Pétain de la France de Vichy, y mucho menos del nazismo.

Así, la ultraderecha renacería en las guerras coloniales de Indochina y Argelia; ahí empieza a aparecer la figura de Jean Marie Le Pen, entonces como ayudante de Pierre Poujade, que encabezó una agitación de la derecha atrayendo a las capas medias contra el gobierno de Pierre Mendés France, movimiento llamado “pujarismo”, que fracasó igual que los anteriores.

La extrema derecha resucita a partir de la guerra de Indochina y se radicaliza en Argelia. El ejército francés, durante esta última guerra, fue muy cruel empleando métodos de tortura, empleados, hasta hace unos pocos años, bajo las dictaduras de seguridad nacional. La Prensa ha acusado varias veces al militar Jean Marie Le Pen de haber practicado la tortura en forma sistemática y, aunque él lo niega, no ha podido desmentirlo fehacientemente.

En las elecciones presidenciales de 2002, donde competía con Jacques Chirac, Leonel Jospin, y otros candidatos, sorpresivamente, Le Pen llegó en segundo lugar, después de Chirac, con 5.525.00 sufragios, el 16,8%, aventajando a Jospin, que obtuvo 4.610.000, el 16,1%. El terror de que ganara la ultraderecha posibilitó una alianza de todas fuerzas políticas contra el fascista Le Pen, lo cual permitió el triunfo de Jacques Chirac.

El resultado de las elecciones del Parlamento europeo, del 25 de mayo de 2014, representa la más alta votación obtenida por el Frente Nacional – partido de Jean Marine Le Pen – hija del fundador – en su historia, con el 26%, contra el 20,6% de la Unión del Pueblo Francés –UNP- y el 13,8% del Partido Socialista.

Este terremoto político abre las posibilidades ciertas de que Francia pueda ser gobernada por un partido petanista, esta vez elegida por los ciudadanos y no impuestos por los ocupantes nazis. Este nuevo viraje de la política francesa, y en general, de la europea, merece que le dediquemos varias columnas. En la próxima, analizaremos el vació político que estás dejando el derrumbe del “duopolio” democratacristiano y socialdemócrata, o en caso francés, entre el gaullismo y el socialismo. Pienso que aún no se valora lo suficiente el rechazo masivo a la Europa, dirigida por la democracia bancaria, y de cómo el populismo chauvinista de Marine Le Pen y de otros movimientos similares en Europa logran aprovechar y administrar la crisis para erguirse en un movimiento fascista de masas.

27/05/2014

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