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La Iglesia nunca se ha separado del Estado 

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En 1925, el Estado se separó constitucionalmente de la Iglesia, pero según el Arzobispo de la época, Crescente Errázuriz, “la Iglesia nunca abandonará el Estado” – sentencia que se ha cumplido hasta ahora -. La Iglesia Católica no puede vivir sin el poder político: su reino es de este mundo y, contradiciendo a su fundador, que afirmaba lo contrario; es heredera del tirano Constantino y no del pacífico Jesús de Nazaret.

Chile no es una república, sino una monarquía; tampoco es un país laico en el estricto sentido de la palabra, sino un “concubinato” entre los curas y algunos laicos. En el fondo, la Iglesia Católica siembre ha gobernado sobre la base de partidos confesionales – conservadores, democratacristianos y la UDI, preferencialmente -. En la antigua república, los diputados católicos hicieron casi imposible la ley del divorcio, que la diputada radical, Inés Enríquez, presentara en reiteradas oportunidades, veto que se extendió hasta el año 2004, cuando fue promulgada la nueva ley del matrimonio civil.

La iglesia Católica, que se ha creído siempre madre y maestra, ha pretendido mantener un sector de la educación bajo su alero: se trata de que los niños y niñas, desde su más tierna infancia, reciban las enseñanzas evangélicas y, posteriormente, se transformen en depositarios de la herencia de Constantino en la lucha política. No conforme con los colegios confesionales donde se educa a los hijos de los ricos que, por lógica, van a formas las filas de los nuevos dirigentes políticos – debido, principalmente, a sus redes de poder – han ampliado su radio de acción en las universidades pontificias que, se supone, dependen de un monarca extranjero – el Papa – pero que en Chile, particularmente, las financia, en parte, el Estado -.

Cualquier cambio en educación, por ínfimo que sea, despierta la voz tronante de los sucesivos Arzobispos – baste recordar el rechazo a un buen proyecto de ley, presentado durante el gobierno de Salvador Allende, como el de Escuela Nacional Unificada, en que se perseguía la educación continua desde la infancia hasta vejez. La jerarquía, en esa época, amplió el ataque de la derecha, tipificándola como “la formación del hombre nuevo guevarista”. No podemos dejar de reconocer que el proyecto no fue pedagógicamente bien explicado, tarea muy difícil en un período de radicalización de la lucha de clases.

Es innegable que un sector de la jerarquía – nominado por los Papas Juan XIII y Pablo VI – tuvo una actitud muy valiente durante el período dictatorial. Pero no se puede negar que Nuncio Apostólico, el cardenal Ángelo Sodano, un pinochetista fanático y que siempre ejerció su poder a favor de los tiranos de derecha – un purpurado fascista de tomo y lomo -.

A partir del largo período del papado de Juan Pablo II, la iglesia abandonó la “opción por los pobres” parece centrarse en temas tan mundanos y privadas, como la sexualidad femenina: sus elocuentes homilías se centraban en la condenación del aborto, incluso el terapéutico, el matrimonio entre personas del mismo sexo y, en política, a salvaguardar la propiedad privada – el nuevo dios del neoliberalismo -.

En la actualidad, la Iglesia que no pretende abandonar el Estado, comienza a deslizar sus ácidas críticas al proyecto de reforma educacional, por ejemplo, el Padre Fernando Montes, un jesuita que se ha convertido en defensor de las universidades privadas y en enemigo del CRUCH (Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas); el recién nominado cardenal, Ricardo Ezzati, un italiano bastante reaccionario, se ha lanzado contra el tema de la gratuidad en la educación que, según él, tiene el peligro de “uniformarlo todo y que puede conducir, finalmente, a que el Estado se convierta en dueño de la educación”. Estas críticas sólo esconden la defensa de los colegios privados, que reproducen el chile segregado.

No sé cuándo terminaremos con la república chantajeada por los partidos y parlamentarios católicos, pero sí tengo claro que empieza a aparecer un cambio de paradigma que plantea una república laica y un nuevo Estado docente descentralizado.

12/05/2014

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3 Comentarios

  1. libertad joan

    Es lo que todos y todas queremos un nuevo estado docente. Es cierto la Iglesia Católica, no puede desentenderse de la sociedad, que no la llama, que no la necesita. En la Encíclica Gaudium et Spes ( Gozo y Esperanza ) hay un capítulo que habla de la inserción de los ciudadanos en el mundo actual. Vale decir , que esta Encíclica se encuentra inserta en el libro Vaticano II, también .. Pero llama poderosamente la atención las reglas que se entregan al mundo cristiano y también al mundo que no lo es. La Iglesia le cuesta entender que debe despegar…que debe ir sola con sus feligreses, no puede insistir en debe dictar normas morales, si no se esfuerza en voltear la mugre que lleva por dentro. Es cierto que se han llevado a cabo algunos actos semi heroicos de despedir a unos tantos curas , pedófilos. Pero necesitamos más esfuerzos. Tendrían que pagar a las familias cuyos hijos se han dañado, pagarles lo mismo que hizo los gobiernos con la gente dañada en dictadura chilena. Eso es un buen ejemplo.No solamente pagarle a los laicos que tienen dinero para defenderse y pagar abogados, sino a esos pobres desvalidos que los curas avasallaron con su predominio sexual hacia los niños y niñas en algunos casos, pero preferentemente a niños abusados . Debieran cancelarles un dinero de por vida, por daño moral, esa sería una forma que la Iglesia cupular tomara conciencia que le sale caro que sus » curitas» seaprovechen de esos pobres niños chicos y de paso roben esa fe que ellos tanbto predican.Por eso, estaríamos muy contentos (as) que dejaran actuar al Estado en forma libre, como ciudadanos y no como feligreses de la religión católica.

  2. olga larrazabal

    Las religiones son sistemas organizados en estructuras, y por lo tanto luchan por mantenerse vivas, a toda costa. La Iglesia Católica es una estructura que además tiene un Estado propio, tiene bancos, embajadores, y aliada con las monarquías europeas se ha mantenido 1500 años ejerciendo el poder. Difícil que lo suelten así como así. Lo ideal sería que se remitieran a sus prácticas religiosas sin interferir en la vida del prójimo, ni en la política interna del país.Pero los gobiernos, que son políticos, saben que cuando se topan con la Iglesia, ésta con sus 1500 años de experiencia en política les puede armar un follón de película, entonces les aguantan todo. Habría que hacer lo mismo que hicieron los mexicanos cuando reanudaron después de décadas sus relaciones con el Vaticano. Estos mandaron un Nuncio y el gobierno mexicano que también sabe de intrigas, lo mandó a espiar y descubrió que tenía una casa chica con mujercita y todo. Reestablecida la ecuación de poder, el gobierno descansó y el Nuncio no molestó ostensiblemente.

  3. José Maria Vega Fernandez

    Las Iglesias del mundo son o pretenden ser consideradas como Instituciones.
    Las Instituciones, como una forma estable de Organizacion de personas individuales que, entre otras prerrogativas, pretenden encontrar en la Estructural Organizacion de su Institución, la fuerza que individualmente no poseen.
    Del mismo modo que una persona resulta siendo el balance entre sus virtudes y sus defectos, sean interiores o exteriores, visibles e invisibles, potenciales y/o manifiestas, ella siempre tratará de ocultar su lado oscuro y aún ni muy conocido ni dominado, y proyectará con toda sus luces su imagen bonita y trabajada, con creces, hacia su entorno cercano.
    Pero -siempre hay uno, maldita sea- nuestra infatuación personal no encuentra mejor argucia que formar parte de una Parte Mayor. Con mayúscula.
    Con la pretensión de que Ella llegará donde yo no alcanzo, hará lo que está mas alla de mis fuerzas, y durará, sobretodo, muchos siglos. Muchos.
    Quisiera agregar que casi todos tienen a su Religión principal de un modo u otro haciendo política, mas directa o indirectamente.
    «Mi Dios siempre puede lo que yo no puedo…Solo es cuestión de pedírselo, de rogárselo, e insistir una y otra vez….»
    Algunos piensan que se necesita una desgracia para que un ateo se vuelva creyente.
    Lo cierto es que ella también suele convertir a un creyente en ateo….
    Pero lo mas sano es considerar a dios en tu propia interioridad, y consultarlo allí tranquilo y cuando quieras, mientras hace lo mejor que puedes para dar al Cesar lo que es del César de modo que tus nietos tengan futuro sobre este planeta transitorio.

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