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Chilian way o el roto muere en la cárcel o en el hospital 

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De los 33  mineros  a los
81   presos Auge y caída del populismo  Piñerista
 

Encierro y muerte, el destino de los pobres. 

El Hospital El Salvador, un verdadero monumento histórico, fundado en el
período de Federico Errázuriz Zañartu, es uno de los pocos monolitos que, el
afán destructivo del chileno y su falta de respeto por la memoria histórica,
aún no ha demolido, sin embargo, no me parece necesario que tan antigua
edificación continúe prestando servicios a los pacientes: en la Prensa se critica, con
razón, que en algunos lugares pululan los roedores y otras alimañas. La
penitenciaría es de la época de José Manuel Balmaceda [1]: los reportajes de
televisión han demostrado el estado repugnante e inhumano en que se encuentran
las calles de este viejo edificio. 

No es aceptable que los ciudadanos, sobretodo los más pobres, sientan temor
al tener que hospitalizar algún paciente. El hospital no debiere ser el reinado
de Tanatos, sino el de Esculapio, en el sentido de proteger la vida y no enviar
a los pobres pacientes del quirófano al sepulcro. El Hospital de Talca, con
desaciertos médicos frecuentes – y que aún las intervenciones de otras
autoridades no logran superar- propaga el pánico en los que han tenido la mala
suerte de habitar en la Región
del Maule. 

Ahora le ha correspondido al hospital  Felix  Bulnes convertirse
en una muestra del abandono en que están los más desprotegidos respecto de la
salud pública que, a mi modo de ver, debiera ser de la misma calidad que la
privada. Nada más criminal que el neoliberalismo. ¿Por qué la salud va a ser un
comercio? ¿Por qué los más adinerados tienen mayor esperanza de vida y los pobres
están condenados a una muerte prematura? Cada día está más claro que, a pesar
del esfuerzo de médicos y paramédicos, la salud pública pasa por una crisis
gravísima; el presupuesto debiera ser duplicado y no sólo conformarse con la
construcción de nuevos hospitales  

Creo que la
Constitución debiera garantizar prestaciones médicas de
calidad, que pudieran ser exigidas al Estado ante los Tribunales de Justicia.
Lo que ocurre actualmente en algunos de los hospitales públicos francamente
clama al cielo; es insostenible, desde el unto de vista de los derechos
humanos, que mujeres jóvenes pierdan la vida, sea por una negligencia o,
incluso, por un hecho culposo. Cuando las crisis llegan a su cúspide es preciso
resolverlas de cuajo.  

Carlos Pezoa Véliz es, quizás, uno de los escritores chilenos, de principios
del siglo XX, quien más denunció, por medio de su poesía, la podredumbre del
Chile del Centenario. A propósito del tema de los hospitales, vino a mi mente
su poema Tarde en el hospital

"Sobre el campo el agua mustia/ cae fina, grácil, leve;/ con el agua cae
angustia/ llueve…/ y pues, solo en amplia pieza/ yazgo en cama, yazgo enfermo,
/ para espantar la tristeza, / duermo". 

Las cárceles, otra de las grandes manchas del Chile del Bicentenario, sólo
sirven para encerrar a los pobres que atentan contra la santa propiedad privada
que, en este país, es más divina que el mismo Jesucristo. Con razón una
distinguida jurista de la
Corte Suprema las calificó como un lugar donde se atropella
flagrantemente los derechos  humanos. En 1910, Luís Emilio Recabarren, en Ricos
y pobres,
describía como si fuera hoy el pésimo estado del sistema
carcelario chileno que, en cien años no ha mejorado un ápice: 

"El régimen carcelario es de lo peor que puede haber en este país. Yo creo
no exagerar si afirmo que cada prisión es la escuela práctica profesional más
perfecta para el aprendizaje y progreso del estudio del crimen y del vicio. ¡Oh
monstruosidad! ¡Todos los crímenes y todos los vicios se perfeccionan en las
prisiones, sin que haya quien pretenda evitar este desarrollo!". 

"Yo he vivido cuatro meses en la cárcel de Santiago, cuatro en la de Los
Andes, cerca de tres en la de Valparaíso y ocho en la de Tocopilla. Yo he
ocupado mi tiempo de reclusión estudiando la vida carcelaria y me he convencido
de que  la vida de la cárcel es la más horripilante que cabe conocer. Allí
se rinde fervoroso y público culto a los vicios solitarios…La inversión sexual
no es novedad para los reos. Los delincuentes que principian la vida del
delito, encuentran en las cárceles a los profesores y maestros para
perfeccionar el arte de la delincuencia". (Cit. por Gazmuri, 2001:266). 

La descripción de Luís Emilio Recabarren es casi la copia de la realidad
actual de las prisiones; pareciera que el maestro hubiera revivido, cien años
después, y describiera el mismo cuadro dantesco de la vida en prisión, que hoy
nos muestran los reportajes televisivos. Para rematar la brutalidad, los
políticos de derecha quieren encerrar a los pocos pobres que quedan libres en
las calles, so pretexto de la famosa "puerta giratoria"; por cierto que no
están en la cárcel los delincuentes de cuello y corbata, por ejemplo, los
genios de la colusión o los magos de las fusiones monopólicas. 

Los gendarmes viven la misma vida de encierro de los reos, ganando sueldos
miserables, arriesgando su integridad personal y, no pocas veces, su
existencia. Ya llevan semanas de huelga sin que el gobierno dar solución al
conflicto, incluso exonerando a algunos de ellos y amenazándolos con medidas
coercitivas. 

Como en el Centenario, los hospitales y las cárceles constituyen el hoyo
negro a donde van a caer los pobres. Está comprobado que un alto porcentaje de
hijos de padre y/o madre en prisión terminan por seguir este camino. 


[1]Nota de la Redacción:
Se equivoca don Rafael. La
Penitenciaría de Santiago, fue construida en 1843 bajo el
gobierno del General Manuel Bulnes, convirtiéndose en el símbolo del
nuevo
sistema punitivo que se intentó imponer durante el siglo XIX en Chile.
Véase: Wikipedia

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