Educación pública para Chile
por Mauricio Weibel Barahona (Chile)
13 años atrás 4 min lectura
Construir una educación pública, ciudadana y de calidad demorará entre 15 y 20 años. Esa es la magnitud del desastre político y social que hoy padecemos como país, producto de la mercantilización de la educación en los colegios, los centros técnicos y las universidades, luego de tres décadas de intervención neoliberal. Esa es la profundidad de la segregación educativa que hoy tenemos.
Política y socialmente, las autoridades futuras deberán entregar señales claras y contundentes de su compromiso con esta transformación profunda del modelo educacional. Es la única forma de dar hoy gobernabilidad a los cambios estratégicos que el país requiere para el futuro.
Acabar con el lucro y establecer un cronograma transparente para la gratuidad son dos iniciativas que deben estar resueltas lo antes posible. Idealmente en 2014.
Sin embargo, ambas acciones son sólo el comienzo de las enormes transformaciones que el modelo educacional demanda y que son indispensables para construir una educación inclusiva, liberadora, que impulse el desarrollo y que sea capaz de establecer diálogos con los procesos científicos y sociales de América latina y el mundo.
Todo ello demanda una actitud activa del Estado y de las comunidades académicas y estudiantiles. Una transformación de esta índole no puede ser soportada por la tecnocracia, por cierto. El desafío es demasiado grande y exige consensos políticos y sociales, fortalecidos continuamente.
Actualmente, la educación escolar es una de las áreas más precarizadas de nuestro sistema educativo. La segregación social se expresa en ella de manera dramática y vergonzosa.
El Estado dejó de proveer educación escolar para entregarla al mercado, como si fuera un bien de consumo. Todos sabemos que los niños de los liceos municipales están casi condenados a reproducir sus niveles de pobreza y marginalidad, producto de esta operación educativa neoliberal.
Es cierto, necesitamos una educación para el desarrollo económico, pero antes que eso requerimos una educación para la democracia y la igualdad. ¿De qué nos sirve capacitar obreros calificados si no formamos ciudadanos comprometidos con su democracia, con su memoria?
Es importante recuperar la presencia del Estado en la educación escolar, eliminado en el largo plazo el negocio (lucro) de los colegios subvencionados, es importante establecer una institucionalidad que garantice el desarrollo y calidad de nuestra educación escolar. Es decir, establecer estándares mínimos obligatorios de calidad.
La dictadura, con un poder omnímodo, tardó una década en privatizar la educación escolar. Tardaremos mucho más en reconstruirla.
Para que estos procesos fructifiquen, es indispensable incorporar a los docentes activamente a estas transformaciones y, aún más, a las familias. La educación debe ser entendida como una acción colectiva, desde el propio diseño de las políticas públicas.
En la educación universitaria, es importante revitalizar el papel central del Estado y las comunidades académicas y estudiantiles.
El modelo de educación superior debe favorecer el desarrollo, la igualdad y el diálogo de nuestras universidades con los procesos políticos, sociales y académicos en curso en América latina y el mundo.
Algunas medidas básicas son devolver al Estado y las comunidades académicas la tuición sobre los procesos de acreditación en todos sus niveles, impulsar la inversión equilibrada en ciencia y tecnología abandonando las ópticas economicistas imperantes las últimas décadas, desarrollar programas de cooperación y formación de redes al interior del país y entre las universidades chilenas y sus pares globales.
Sin embargo, lo central es restituir al Estado su papel en la educación pública, como eje de la democracia y el desarrollo.
Una iniciativa interesante en el programa del futuro gobierno de Michelle Bachelet es la idea de que las universidades privadas declaren de forma expresa su manifestación pública.
A esta condición de universidades privadas con manifestación pública sólo podrían optar casas de estudios acreditadas, con altos niveles de inclusión social, que respeten los aranceles de referencia del Estado y que no lucren. Hasta ahora sólo la Universidad de Arte y Ciencias Sociales expresó públicamente su voluntad de acogerse a esta iniciativa.
Es de esperar que muchas otras lo hagan. Chile requiere reconstruir una educación pública, gratuita y de calidad. Es un esfuerzo enorme y es tarea de todos por los próximos 20 años.
– El autor, Mauricio Weibel Barahona, es Director de la Escuela Latinoamericana de Postgrados de la Universidad de Arte y Ciencias Sociales -ARCIS
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