Ricardo Lagos: La involución de un líder
por Máximo Kinast (Chile)
13 años atrás 5 min lectura
viernes, 23 de septiembre de 2005
Conocí a Ricardo Lagos en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, allá por el año 56. La memoria se nubla y se confunden los recuerdos, algunos nítidos y otros borrosos por los años. Me parece que militaba en el GUR, (Grupo Universitario Radical), aunque no podría jurarlo, pero si estoy seguro de que era un líder de opinión, un referente.
Teníamos la misma edad, pero Ricardo iba un par de cursos por delante de mí. Tenía fama de buen estudiante. Los alumnos le respetaban y hasta murmuraban que algún día sería
Presidente de Chile. Se le consideraba un intelectual y un hombre de acción, de izquierda, por supuesto. Nadie ponía en duda su inteligencia ni su integridad.
Su popularidad tuvo un boom cuando publicó su Memoria para obtener el título de abogado, titulada ‘La Concentración del Poder Económico’, que fue editada y vendida como un best seller. Era un interesante estudio de las nueve familias dueñas de Chile, que hizo a través del análisis de los directorios entrelazados de las sociedades anónimas más grandes. Dividió estos grupos o familias en ‘dominantes’ e ‘influyentes’, lo que fue una idea original. Los primeros ejercían el Poder desde la presidencia de las sociedades, pero eran más débiles que los segundos, que con un simple miembro del directorio influían decisivamente en la sociedad anónima en que participaban.
Fue una obra que tuvo gran aceptación. Al fin alguien decía la verdad. Mi conclusión y la de la mayoría de lectores fue que Chile era un país plutocrático gobernado por sólo nueve familias que se turnaban en el ejercicio de los demás poderes a través del dominio económico. Admiré su valor y sufrí por las consecuencias que su audaz estudio podría acarrearle, pero me equivoqué. No hubo sanciones directas ni indirectas. Simplemente lo premiaron con un viaje a los Estados Unidos. Creo que fue una beca. Después de eso regresó cambiado. El cambio era sutil, pero había cambiado. Seguía siendo un líder, pero no era un revolucionario. Si hubiese existido la palabra en esa época, yo habría dicho que regresó neoliberal.
Admiro su paciencia. Supo esperar hasta que le tocó el turno de ser Presidente de Chile y entonces, sólo entonces, ejerció de neoliberal, aunque ya antes había participado en los pactos secretos de la transición, sólo se mostró realmente como es cuando ganó las elecciones. Pero no con claridad, abiertamente, sino que lo hizo con la sutileza e inteligencia que le caracteriza. Como un automóvil, con el volante a la izquierda, pero siempre transitando por la derecha.
A veces se le escapaban cosas que lo retrataban, pero Ricardo Lagos siempre supo disimular. Como por ejemplo, cuando dijo que él suscribía todo lo que hacía Paz Ciudadana, esa fundación tenebrosa de Agustín Edwards, el traidor a la Patria, que recibió dinero de Kissinger y de Nixon para desestabilizar Chile. Ahí, en esa declaración, Ricardo
Lagos mostró el plumero, como se dice en España. Pero como es cuidadoso nunca divulgó sus cenas mensuales con los directores de la SOFOFA y con Agustín Edwards, su amigo traidor. ¿Qué podía esperar de un inverecundo como Agustín Edwards? Al final terminó traicionándolo.
Total, le queda tan poco tiempo de Presidente que bien se puede prescindir de su amistad, debe haber razonado acertadamente Agustín Edwards.
No lamento lo que le ha ocurrido. El líder juvenil ha involucionado y terminará en el olvido, en el mejor de los casos. Por mucho cuidado que se tenga, las obras siempre nos muestran la realidad. Los árboles se conocen por sus frutos y las personas por sus obras.
Ricardo Lagos ha sido el mejor Presidente de Chile que haya podido tener la clase patronal.
Ricardo Lagos ha contribuido a la privatización de los recursos de Chile, especialmente el agua.
Ricardo Lagos ha apoyado la impunidad para el Innombrable Vitalicio a través del Consejo de Defensa del Estado y de su Presidenta, doña Clara Impronunciable.
Ricardo Lagos ha intentado lo imposible por poner punto final al ‘problema’ de los derechos Humanos, desde Mesas de Diálogo (¿o de Cahuín*?) hasta leyes de olvido y perdón, en beneficio de los genocidas.
Ricardo Lagos ha sido el Presidente de Chile más fiel y el mejor servidor de la política internacional de los Estados Unidos de América.
Ricardo Lagos quisiera ser uno de esos ‘otros hombres’ que mencionó el Compañero Presidente Dr. Salvador Allende y calificar como abridor de alamedas, pero en su ambición olvida y confunde las palabras exactas, o quizás no olvida y sólo tergiversa, cuando realmente es un hombre que ayuda a cerrar alamedas.
Ni el pueblo ni la historia perdonan a los traidores. Ricardo Lagos Escobar vivirá lo suficiente para llegar a comprender lo que digo. Entonces sólo podrá lamentar la oportunidad que ha perdido de ser un hombre digno, un político consecuente, fiel a su pueblo.
*Cahuín es palabra mapuche que se entiende en Chile como enredo, confusión, tergiversación o contubernio, aunque no es ese su significado en mapudungun, la noble lengua de la tierra.
*Fuente: El Clarin
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No se por qué me recuerda el caso del viejo Alessandri que subió al poder acarreado en andas por su «amada chusma» y terminó con su familia instalada en pleno poder y vinculación con todos los directorios de las sociedades anónimas del país, y su familia pasó a ser símbolo de la clase alta chilena con mucho estreno en sociedad en el Zig Zag.
Una de las formas de romper la endogamia de la casta alta en Chile, ha sido la política, ya que los servicios se pagan cooptando a los líderes que encabezan movimientos de reivindicación, que suelen ser personas interesantes y con mucha muñeca y así esos movimientos se diluyen y todo queda igual, como en el Gatopardo.