La demanda de una Asamblea Constituyente se inscribe en la justa lucha de un pueblo por sus derechos civiles. En cualquier sociedad democrática una asamblea ciudadana permite el cambio radical de la constitución de un país. No es cierto que se trate de una conspiración del “comunismo” como alegan algunos. Tampoco es cierto que se requiera una “revolución” o una crisis terminal para ello, como sostienen otros. No fue así en Colombia, no fue así en Ecuador y muchas otras naciones. No es cierto, por último, que anhelar otra constitución para Chile sea fruto de una pipa de opio, argumento tan tosco como falaz.
En el caso de nuestro país, hay razones más que justificadas para plantear con toda seriedad una Asamblea Constituyente. La actual carta constitucional que nos rige es sentida como ilegítima por una gran parte de la población, especialmente por las nuevas generaciones. Esto es así porque toda la arquitectura legal vigente está viciada en su origen. Quienes concibieron la constitución en los años ochenta lo hicieron de espaldas a la soberanía popular, en el contexto de una dictadura militar que se erigió violando, precisamente, el orden legal existente y los derechos ciudadanos.
Los chilenos vivimos sumidos hasta el presente en una “constitución de facto”, un cuerpo legal que usurpa la soberanía de los ciudadanos, tal como hicieron sus creadores. No es casual que sea esta constitución la que revista de “legalidad” lo que todos entendemos como “impunidad”, permitiendo que los verdugos de otrora sigan posando con ropajes democráticos de última hora. No es casual que sea esta constitución la que revista de “legalidad” el abuso y el lucro de grandes empresas y la entrega de nuestras riquezas básicas a capitales extranjeros. No es casual que sea esta constitución la que asigna grandes sumas del erario nacional a la manutención de la “familia militar” tanto activa como aquella que permanece camuflada en organizaciones fantasmas; todo ello en desmedro del mezquino gasto social en educación, salud y previsión social. La actual constitución prolonga el poder instituido por la dictadura militar para sostener un orden social oligárquico y neoliberal.
El actual ordenamiento constitucional chileno será analizado algún día como una didáctica pieza jurídica de antología que muestra hasta dónde puede llegar la estupidez y el delirio autoritario humanos. Al igual que los manuales de la inquisición, todo está previsto para que sea imposible cualquier modificación. Resulta ilegal pretender modificar esta constitución ilegal, incluida, por cierto, una Asamblea Constituyente. Esta aberración política y jurídica es tan grave que convierte todo el andamiaje institucional chileno en una “asociación ilícita” En estas circunstancias corresponde a la ciudadanía pronunciarse por una nueva constitución que garantice no solo los derechos de todos los ciudadanos sino la dignidad misma de nuestro país.
-El autor es Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS
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El centralismo democrático, formulado por Lenin, es un principio organizativo que combina libertad de discusión interna con unidad de acción hacia el exterior. Lenin lo resumió con precisión: “La libertad de discusión, la unidad en la acción”.
Muchas gracias por su articulo, quisiera agregar que la refundacion de la republica pasa inexorablemente por la reconstitucion juridica existente en el pais hasta el dia 10 de septiembre de 1973; incluyendo las 40 medidas del gobierno elejido constitucionalmente y por tanto. LA RECUPERACION de todas las riquezas naturales y las empresas estrategicas del estado que fueron robadas (privatizadas), osea todas las leyes dictadas a partir del 11 de septiembre de 1973 quedarian nulas, un pueblo que fue despojado de su bienestar jamas podra reconciliarse, nunca ha existido la reconciliacion y no es valido lo que nos fue impuesto por la fuerza. Que lo entiendan bien; solamente una constituyente emancipatoria, democratica y popular podra crear una patria justa para todos y todas, la historia que escribieron los vencedores sera escrita de nuevo por las nuevas generaciones, como profetizara nuestro presidente martir. Saludos.
Como no conozco al detalle la situación política actual de
Chile,he recurrido a internet para enterarme de algo.
Sólamente con enterarme de que el actual presidente,
Sebastián Piñera,es hermano del exministro de Pinochet
José Piñera y además,empresario con una de las mayores
fortunas del país,(posíblemente acumulada ilegálmente
durante la dictadura),no me hace falta ser profeta para
saber ya,lo que se os viene encima.Si a esto añadimos el
apoyo que ya tiene o va a tener de la CIA,,el chantaje está
claro:O ACEPTAIS MI CONSTITUCIÓN O VOLVERÁ LA
DICTADURA,porque aún quedan elementos comunistas en
Chile.NO SE LO PERMITAIS. Y tened cuidado con la Iglesia,
que es quien arrastra a los analfabetos a votar a favor de
los ¿delincuentes?.