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Carta abierta al Capitán (R) Miguel Krassnoff Marchenko 

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Querido amigos de piensaChile

Esperando que todo marche bien para Uds. les hago llegar  una carta que escribió un amigo.

Jorge es Profesor universitario, doctor en Antropólogia, especialista en la causa Mapuche. Por él me enteré que Krassnoff había condenado a su madre por haber tenido un amor con un mapuche, del cual nació una niña, una hermana, a la que Krassnoff siempre trato de ocultar de la vista pública, ya que su racismo no le permitiría nunca aceptar a alguien con sangre indígena.

Si la consideran de interés esta carta, pueden publicarla en piensaChile.

Un abrazo

Marcela


Nueva versión de la carta, corregida por su autor (01.12.2011 – 23:39 horas de Chile)

Santiago, 1 de diciembre de 2011

Carta abierta al Capitán(R) Miguel Krassnoff Marchenko

Con ocasión del homenaje que se le ha rendido recientemente en el Club Providencia, con el auspicio del Alcalde de la comuna y, como usted, ex militar y ex integrante de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), he querido dirigirme públicamente a usted para transmitirle mis impresiones sobre dicho acto y su caso particular.

Nadie que esté mínimamente informado puede equivocarse respecto al sentido de la reunión: aglutinar al sector más duro de la derecha política para presionar al Presidente Piñera y a su gobierno respecto del cumplimiento de compromisos que él les hizo durante su campaña, conducentes a la eventual rebaja o conmutación de sus penas y las de otros uniformados comprometidos en graves violaciones a los derechos humanos. Por supuesto, el patrocinador oficial, Coronel ® Cristián Labbe, no lo presenta como tal, sino como el lanzamiento de la cuarta edición del libro “Prisionero por servir a Chile”, de Graciela Silva Encina, que en lo sustancial, no hace sino reproducir sus propias palabras y carece de cualquier valor periodístico o histórico. Es una mera obra de propaganda y el acto mismo una típica maniobra de inteligencia, que no convence, perdone la expresión, sino a los tontos.

En efecto, exceptuando a los fanáticos adoradores civiles y militares de la dictadura de Pinochet, todo el mundo sabe que su testimonio, allí reproducido, es una mentira de punta a cabo. Lo saben también Labbé y todos los que estuvieron interiorizados con el aparato represivo que ustedes montaron. Ya que fueron tan valientes para hacer lo que hicieron con gente que se encontraba completamente indefensa cuando llegaba a sus mazmorras y, en un porcentaje abrumador, cuando fue secuestrada para llevarla allá, podría haber tenido un mínimo de hombría para reconocer lo que hizo y que lo hizo plenamente convencido de que era lo correcto. Al menos eso hicieron algunos criminales de guerra nazi, con los que su padre y abuelo colaboraron tan estrechamente. No celebro su trágica muerte: los crímenes del régimen estalinista merecen el mismo y enérgico repudio que los del nacionalsocialismo y los de la dictadura de Pinochet y cualquier otra dictadura, militar o no.

No voy a recordarle lo que hizo: los apremios, las torturas, los asesinatos, usted lo sabe mejor que yo. Son hoy tristemente conocidas sus acciones luego de las pesquisas realizadas por los tribunales de justicia y lo han venido a corroborar en estos últimos días algunos de los que lograron sobrevivir a usted y a su tropa de verdugos infames. Por más que lo repita, no va a ser menos falso que usted no es un prisionero político sino un criminal de lesa humanidad y esa será la condición que lo acompañará durante todo lo que le resta de su vida y después de ella. Ese será su legado a la historia, no otro, no se engañe. Aunque lo liberaran mañana de la cárcel de lujo en que se encuentra, en condiciones infinitamente más humanas que las que usted procuró a sus víctimas, seguiría siendo el mismo criminal, sólo que, para vergüenza nuestra y del mundo, un criminal sin castigo.

Y si alguna vez el horror que ustedes instauraron se ensañase nuevamente del país, no dejaría de ser menos cierto, porque no se puede engañar a un país o al mundo entero para siempre. No lo logró Stalin, que era un genio siniestro, como Hitler, ni mucho menos los que, como usted, acompañaron a Pinochet en su empeño de liberar a Chile de los “comunistas”, los “marxistas”, o los “terroristas”, como los llaman ahora.

No puedo dejar de mencionar en mi carta que, detrás de su retórica anticomunista pretenciosa – digna de ridículo o de pena, de no haber servido de justificación a tantos actos siniestros- calla usted no sólo los crímenes cometidos, sino también su antisemitismo furibundo. No creo que haya olvidado el caso de Diana Aaron, militante del MIR de ascendencia judía, embarazada, a la que usted mismo dio muerte. Si me he visto obligado a mencionarle un hecho concreto, es para recordarle que usted no sólo miente respecto a sus actos sino también respecto de sus ideas. Como cosaco orgulloso, no podría usted sino hacer honor a esa herencia, manteniendo en alto la bandera del “mundo sin judíos” y el recuerdo de tantos pogromos que los cosacos cometieron contra indefensas aldeas judías en las postrimerías de la Rusia zarista.

Lamento decirle, sin embargo, que en el mundo, sigue habiendo millones de personas de origen o religión judía, que tantos valiosos aportes hacen en el campo de las ciencias, las artes, la política, etc., y aún muchos más que siguen adhiriendo al legado de justicia, igualdad y fraternidad que dio forma al socialismo. A la vez, han aprendido de las terribles lecciones del siglo XX, que ese legado no puede sino materializarse en el pleno respeto a la democracia y a los derechos humanos. En cambio, pocos, muy pocos en el mundo podrán apelar a las ideas de Pinochet, Somoza, Videla y otros de tan negra memoria.

Consuelo de los vencidos, dirá usted, pero en realidad, se trata de la capacidad de aprender a mirar en los otros a seres humanos como nosotros, incluso a alguien como usted que, cegado por el fanatismo y el odio, tan poco respeto mostró por la vida y la dignidad de tantos compatriotas. ¡Y todavía enarbola su participación en tales actos como motivo de honra y de orgullo!

Concluyo: su peor fracaso radica, precisamente, en que la humanidad es una sola, a ella pertenecemos todos: incluyendo a los judíos, los comunistas, los musulmanes, los indígenas (y, por supuesto, a esa media hermana mapuche que usted rechaza) y los cristianos. Usted, que se dice tal, sabrá que lo espera también el juicio divino. ¡Dios tenga piedad de su alma, la piedad y el amor que nos hace ser verdaderamente humanos y dignos ante sus ojos y ante los de otras personas! Y mucho me temo, Sr. Krassnoff, que usted, que ya fue condenado por la justicia, no saldrá absuelto por su juicio ni por el de la memoria de un pueblo ni del de la humanidad toda, que repudia su causa y a sus autores.

Jorge Vergara del Solar

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2 Comentarios

  1. Pedro

    Deberîa titularse,,, Carta abierta al Criminal Krasnoff, una bestia que no merece el tratamiento de señor.
    Los cobardes no merecen tratos diplomâticos, mâs aûn si no han recibido el castigo que merecen.

  2. olga larrazabal

    ¿Y de qué se las da Krasnoff? Los cosacos eran pueblos nómades asiáticos de las estepas conocidos por su brutalidad y su crueldad, y por supuesto que los nazis consideraban tanto a los eslavos como a los asiáticos gente inferior, no aria, digna solo de ser esclavizada o exterminados. Una pequeña megalomanía. ¿Y el la repite respecto a los mapuches, que también son asiáticos de origen, como todos los pueblos americanos? ¡Qué pelmazo!

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