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El EZLN se moviliza con el resto del país contra la política bélica presidencial

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San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Una marcha multitudinaria y estremecedoramente silenciosa, un discurso articulador, una plaza colmada de zapatistas y de organizaciones y colectivos de La Otra Campaña en Chiapas en rechazo a la guerra de Felipe Calderón, todo esto y más fue la reaparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), después de más de cinco años sin movilizarse fuera de su territorio.

Es la primera vez que se mueven en silencio y quizás también la primera que se suman a una convocatoria nacional propuesta por una persona (el poeta y escritor Javier Sicilia) que alimenta un movimiento en todo el país contra la política bélica presidencial.

En lo que significó una de las concentraciones más grandes de los zapatistas en más de 17 años de lucha pública (más de 15 mil bases de apoyo, según cálculos conservadores), se presentó también la plana mayor del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN, entre ellos los comandantes y comandantas David, Tacho, Zebedeo, Bulmaro, Guillermo y Miriam.

Al comandante David, de Los Altos, le tocó leer el comunicado del EZLN, ante una plaza desbordada de zapatistas tzotziles, tzeltales, tojolabales, choles, zoques, mames y mestizos, procedentes de Los Altos, la Selva y el Norte de Chiapas, después de la acostumbrada ceremonia de los himnos nacional y del himno zapatista, que se escucharon con absoluta solemnidad.

«No se trata -dijo- de ver quién gana de entre los católicos, evangélicos, mormones, presbiterianos o de cualquier religión o no creyente. No se trata de ver quién es indígena y quiénes no. No se trata de ver quién es más rico o más pobre. No se trata de quién es de izquierda, de centro o de derecha. No se trata de si son mejores los panistas, o los priistas, o los perredistas o cómo se llame cada quien, o todos son iguales de malos. No se trata de quién es zapatista o no lo es. No se trata de estar con el crimen organizado o con el crimen desorganizado de este gobierno. No. De lo que se trata es de que para poder ser lo que cada quien escoge ser, para poder creer o no creer, para elegir una creencia ideológica, política o religiosa, para poder discutir, acordar o desacordar, son necesarias la paz, la libertad, la justicia».

Después de muchas horas de viaje desde sus comunidades, los zapatistas caminaban por la plaza central con disciplina y tranquilidad. El espacio, una vez más, fue de ellos, pero ésta vez significativamente unidos a otras personas y organizaciones, a todo un pueblo que se manifestó «hasta la madre».

La gran movilización dejó ver a las nuevas generaciones zapatistas. Muchos jóvenes que nacieron después del levantamiento armado de 1994, es decir, una generación que ha crecido con la práctica de alternativas de organización y funcionamiento en lo cotidiano.

Los zapatistas aclararon que su adhesión a la movilización nacional, y en particular su presencia silenciosa en San Cristóbal de las Casas, no sería para señalar caminos ni responder a la pregunta de qué sigue. Tampoco, dijeron, «estamos aquí para hablar de nuestros dolores, de nuestras luchas, de nuestros sueños, de nuestras vidas y muertes… Hoy estamos aquí representando a decenas de miles de indígenas zapatistas, mucho más de los que hoy somos vistos, para decirles a ese digno paso silencioso, que en su demanda de justicia, que en su luchar por la vida, que en su anhelo de paz, que en su exigencia de libertad, nosotros los comprendemos y los apoyamos. Hoy estamos aquí para responder al llamado de quienes luchan por la vida, y a quienes el mal gobierno responde con la muerte».

La importancia que el EZLN otorgó a esta movilización se pudo ver en los más de 30 comandantes y comandantas del EZLN que ocuparon el templete frente a la Catedral de la paz. Desde ahí, el comandante David explicó que el llamado a la marcha nacional nace de personas que «no nos están llamando o convenciendo para ser de una religión, una idea, un pensamiento político o una posición social. No nos están llamando a quitar un gobierno para poner otro. No nos están diciendo que hay que votar por uno o por otro. Estas personas nos están convocando a luchar por la vida. Y sólo puede haber vida si hay libertad, justicia y paz. Por eso esta es una lucha entre quienes quieren la vida y quienes quieren la muerte».

Cargando miles de pancartas realizadas en pequeñas cartulinas con las consignas «No más sangre», «Estamos hasta la madre» y «Alto a la guerra de Calderón», los zapatistas enarbolaron también enormes mantas con los siguientes mensajes: «Hermanos y hermanas, dolor sentimos por la pérdida de sus familiares, por esta guerra cruel de Calderón» y «Viva la vida, la libertad, la justicia y la paz».

El contingente de organizaciones y colectivos que se unieron fue heterogéneo: barrios y colonias de la ciudad, comunidades indígenas y campesinas de Chiapas e internacionalistas de muchas partes del mundo. Sus mantas reclamaban justicia y paz en distintas situaciones y sectores.

En una orilla de la plaza, un grupo de niños gritaba: «queremos paz, queremos paz, quiero subir a hablar, queremos paz». La movilización fue también un re encuentro, una confluencia de organizaciones y personas que hicieron a un lado sus diferencias y se concentraron en el mismo espacio como hace mucho tiempo no lo hacían.

Con los rostros cubiertos y con la disciplina que los caracteriza, partieron en filas del Centro Indígena de Capacitación Integral (Cideci), en las afueras de esta ciudad, hasta la plaza de la paz, lugar al que tardaron más de 4 horas en llegar, pues cuando la vanguardia del contingente pisó la plaza, el camino a San Juan Chamula, el barrio de San Ramón, el Puente Blanco y la calle Diego de Mazariegos, se encontraban repletas de zapatistas.

Casi al finalizar su discurso, el comandante David conminó a la repetición, siete veces, de un mensaje dirigido a todas las víctimas y familiares de la guerra de Calderón: «No están solos», una consigna que durante más de 17 años los ha acompañado a ellos y que en esta ocasión manifestaron en un sólo grito, con el puño izquierdo levantado, en uno de los momentos más emotivos de la concentración.

«Ya dijimos lo que tuvimos que decir. Aunque estamos cansados y cansadas, pues así es la lucha», dijo al final la maestra de ceremonias. Y sobre las traducciones al tzotzil, tzeltal, tojolabal y chol, señaló, con humor zapatista, «sabemos que no entendieron nada, pero ni modos, nos tuvieron que aguantar. Gracias por su paciencia». Ahora, se despidió, «así como entramos vamos a salir».

– La autora, Gloria Muñoz Ramírez, es la directora de desinformemonos.org.

Foto: Moysés Zúñiga

*Fuente: CIPAMERICAS

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