¿Una ley de responsabilidad socioambiental?
por Leonardo Boff (Brasil)
15 años atrás 4 min lectura
Ya existe la ley de responsabilidad fiscal. Un gobernante no
puede gastar más de lo que le permite el importe de los impuestos recogidos.
Esto ha mejorado significativamente la gestión pública.
La acumulación de desastres socioambientales ocurridos
últimamente, con derrumbe de laderas, crecidas devastadoras y centenares de
víctimas fatales, unido a la destrucción de paisajes enteros nos obligan a
pensar en la instauración de una ley nacional de responsabilidad
socioambiental, con penas severas para quienes no la respeten.
Ya se ha dado un paso con la conciencia de la
responsabilidad social de las empresas. Ellas no pueden pensar solamente en sí
mismas y en los beneficios de sus accionistas. Deben asumir una clara
responsabilidad social, pues no viven en un mundo aparte: están en una
determinada sociedad, con un Estado que dicta leyes, se sitúan en un
determinado ecosistema y están siendo presionadas por una conciencia ciudadana
que reclama cada vez más el derecho a una buena calidad de vida.
Que quede claro que responsabilidad social no es lo mismo
que la obligación social prevista por la ley referente al pago de impuestos,
encargos y salarios; ni puede ser confundida con la respuesta social, que es la
capacidad de las empresas de adecuarse a los cambios en el campo social,
económico y técnico. La responsabilidad social es la obligación que asumen las
empresas de buscar metas que, a medio y largo plazo, sean buenas para ellas y
también para el conjunto de la sociedad en la cual están ubicadas.
No se trata de hacer para la sociedad, lo que sería
filantropía, sino con la sociedad, involucrándose en proyectos elaborados en
común con los municipios, ONGs y otras entidades.
Pero seamos realistas: en un régimen neoliberal como el
nuestro, siempre que los negocios no son rentables, disminuye o hasta
desaparece la responsabilidad social. El mayor enemigo de la responsabilidad
social es el capital especulativo. Su objetivo es maximizar los beneficios de
las carteras y portafolios que controla. No ve otra responsabilidad, sino la de
garantizar ganancias.
Pero la responsabilidad social no es suficiente, pues no
incluye lo ambiental. Son pocos los que se han dado cuenta de la relación de lo
social con lo ambiental. Es una relación intrínseca. Todas las empresas y cada
uno de nosotros vivimos en la tierra, no en las nubes: respiramos, comemos,
bebemos, pisamos los suelos, estamos expuestos a los cambios de clima, inmersos
en la naturaleza con su biodiversidad, habitados por miles de millones de
bacterias y otros microorganismos. Es decir, estamos dentro de la naturaleza y
somos parte de ella. La naturaleza puede vivir sin nosotros como lo hizo
durante miles de millones de años, pero nosotros no podemos vivir sin ella. Por
lo tanto, lo social sin lo ambiental es irreal. Los dos nos llegan siempre
juntos.
Esto que parece obvio, no lo es para gran parte de la gente.
¿Por qué excluimos a la naturaleza? Porque somos todos antropocéntricos, es
decir, pensamos solamente en nosotros mismos. La naturaleza es algo externo,
para nuestro disfrute.
Somos irresponsables con la naturaleza, cuando derribamos
árboles, cuando vertemos miles de millones de litros de pesticidas en el suelo,
cuando lanzamos a la atmósfera anualmente cerca de 21 mil millones de toneladas
de gases de efecto invernadero, cuando contaminamos las aguas, destruimos la
vegetación ribereña, no respetamos el declive de las montañas que pueden
desmoronarse y matar a la gente, ni observamos el curso de los ríos que, si
crecen, pueden llevarse todo por delante.
No interiorizamos los datos que biólogos y astrofísicos nos
proporcionan: Todos tenemos el mismo alfabeto genético de base, por eso somos
todos primos y hermanos y hermanas, y formamos así la comunidad de vida. Cada
ser posee valor intrínseco y por eso tiene derechos. Nuestra democracia no
puede incluir solamente a los seres humanos. Sin los otros miembros de la
comunidad de vida no somos nada. Ellos valen como nuevos ciudadanos que deben
ser incluidos en nuestra concepto de democracia, que pasa entonces a ser una
democracia socioambiental. La naturaleza y las cosas nos dan señales. Nos
llaman la atención sobre los eventuales riesgos que podemos evitar.
No basta la responsabilidad social, debe ser socioambiental.
Es urgente que el Parlamento vote una ley de responsabilidad socioambiental
para imponerla a todos los gestores de la cosa pública. Sólo así evitaremos
tragedias y muertes.
2011-01-28
*Fuente: Koinonia
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