Articulos recientes

Al navegar en nuestro sitio, aceptas el uso de cookies para fines estadísticos.

Noticias

Opinión

«Es preciso un Núremberg de los especuladores» 

Compartir:

Que nadie se deje engañar por su muy oficial cargo de miembro del Comité
Consultivo del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Tras sus gafas de
pasta de profesor de universidad, el suizo Jean Ziegler (Thoune, 1934) es un
revolucionario. Le gusta provocar y gritar lo que sus colegas diplomáticos no
osan decir ni en los pasillos de las organizaciones internacionales. Un
ejemplo: "Un niño que muere de hambre en la actualidad es un
asesinato". Otro: "Somos democracias, pero practicamos un fascismo
exterior". Ziegler es un hombre que argumenta cada frase con cifras o
citas de grandes intelectuales, como ese grito de dolor del poeta
anticolonialista Aimé Césaire: "Vivo en una herida sagrada / Vivo en un
querer oscuro / Vivo en un largo silencio". De esa herida habla Ziegler en
su último libro, El odio a Occidente (Península), un título que
responsabiliza a los países desarrollados de los males del mundo. El escritor
no pierde la esperanza y aspira a una "revolución para acabar con el orden
caníbal del mundo". En la portada de su ensayo, la "i" de la
palabra "odio" es una bomba con detonador. Queda un solo segundo para
que estalle.

¿Tan mal va el mundo?
Jamás en la historia un emperador o un rey ha tenido tanto poder como el que
posee la oligarquía del poder financiero en la actualidad. Son las bolsas que
deciden quién vive y quién muere. Pueden comer 12.000 millones de personas, el
doble de la población mundial. Pero cada cinco segundos un niño menor de 10
años muere de hambre. ¡Es un asesinato!

¿De ahí viene el odio del que habla? ¿Por qué nos odian?
Hay que distinguir dos tipos de odio. Uno, primero, patológico, como el de
al-Qaida, que asesina a inocentes con bombas. Pero nada justifica esta
violencia, ¡nada! Y de eso no trata mi libro. Me refiero a un odio meditado,
que pide justicia y compensación, que llama a romper con el sistema estructural
del mundo, dominado por el capitalismo.

¿De la crisis no hemos aprendido nada?
¿Lecciones? Es peor aún: esos bandidos especuladores que provocaron la crisis y
la quiebra del sistema occidental atacan ahora productos como el arroz y el
trigo. Hay miles de víctimas más que antes. Hay que sentar a esos especuladores
en el banquillo. ¡Hay que celebrar un Núremberg para ellos!

Usted trabaja en la ONU.
¿No cree en el papel de la comunidad internacional?

El mero hecho de que la comunidad internacional sea consciente de los problemas
del mundo es positivo. Los Objetivos del Milenio no se han cumplido, pero no
soy una persona escéptica.

¿No cree, sin embargo, que a Occidente sólo le interesa Occidente y que
mantiene adrede al Tercer Mundo en la pobreza?

¡Es verdad! Pero no se trata de donar más, sino de robar menos. En África se
pueden encontrar productos europeos más baratos que los locales, mientras que
la gente se mata trabajando. ¡La hipocresía de los europeos es bestial!
Nosotros generamos hambre en África, pero cuando los inmigrantes llegan a
nuestras costas en pateras, los echamos. ¡Para acabar con el hambre, se
necesita una revolución!

¿En Occidente? ¿Esto es posible?
La sociedad civil se ha despertado. Hay movimientos como Attac, Greanpeace y
otros que hacen una crítica radical del orden mundial. En Occidente tenemos
democracias, pero practicamos un fascismo exterior. Aunque en democracia no hay
nada imposible. "El revolucionario debe ser capaz de oír la hierba
crecer", dijo Karl Marx.

En su libro habla de la
Bolivia de Evo Morales como ejemplo
.
Es un caso ejemplar. Por primera vez en su historia, el pueblo boliviano eligió
como presidente a uno de ellos, un indígena aymara. Y en seis meses expulsaron
a las empresas privadas que se quedaban con todos los beneficios de las
energías del país. El Gobierno pudo con esos millones ganados lanzar programas
sociales y Bolivia es ahora un Estado floreciente y, sobre todo, soberano. Ojo,
no soy un ingenuo, pero en Bolivia la memoria herida del pueblo se convirtió en
una lucha política, en una insurrección identitaria.

En otros términos, Morales se merecía más el Nobel de la Paz que Obama.
¡Claro! El Nobel de Obama era ridículo, era una operación de marketing.

¿Obama no traía consigo ninguna esperanza?
Ver una cara negra de presidente de Estados Unidos en la portada de grandes
revistas ha sido increíble, sobre todo porque el bisabuelo de la esposa de
Obama era un esclavo. Pero sólo es un símbolo. El imperio estadounidense son
tres cosas: la industria del armamento, Wall Street y el lobby sionista. Obama
sabe que si toca alguno de los tres está muerto. Y no lo hará. La esperanza
viene de la sociedad civil. Si se consigue crear una alianza planetaria de
todos los movimientos de emancipación, de Occidente y del Sur, entonces habrá
una revolución mundial, una revolución capaz de acabar con el orden caníbal del
mundo.

– El autor, Jean
Ziegler, es Escritor. Diplomático internacional en la ONU, publica el ensayo ‘
El odio a Occidente’, una crítica al sistema capitalista dominado
por Europa y EEUU.

Fuente: Público

Compartir:

Artículos Relacionados

Deja una respuesta

Los campos marcados son requeridos *

WordPress Theme built by Shufflehound. piensaChile © Copyright 2021. All rights reserved.