Escribí un artículo sobre Mario Vargas Llosa y lo consulté
con Marcela Pérez Silva a quien respeto y admiro por su honestidad y talento.
Peruana, al fin, no estuvo de acuerdo con las críticas al novelista. Para los
peruanos Vargas Llosa es tan sagrado como el himno nacional.
Los revolucionarios peruanos -casi todos los peruanos- están
orgullosos. Pregúntenselo al excelente poeta Arturo Corcuera o al hombre de
bien, César Lévano, director del prestigiado diario "La Primera", quienes, en
esencia, han escrito panegíricos sobre el extraordinario escritor con
suavísimos señalamientos críticos. Si ahora se lo propusiera Vargas Llosa sería
presidente del Perú con la incertidumbre y el riesgo inevitable sobre sus
relaciones con los países del Alba. Incluso a mí se me alegró el oído al
escuchar la noticia del galardón lo cual más bien debe incomodar a Vargas -si
acaso le da una ojeada, desde su olimpo, a este escrito. Considero, como un
deber, no obstante, referirme a las atrocidades de Vargas Llosa contra Fidel y
la revolución cubana, puesto que prefiero la muerte a la cobardía del silencio.
No me asusta -pero duele- saber como Marcela y la inmensa mayoría de los
peruanos no estarán conformes con mis apreciaciones.
Desde que Mario Vargas Llosa escribió "Conversaciones en la Catedral", o a lo mejor
antes, debió de haber recibido el premio Nobel.
Este premio debería ser entregado por méritos literarios y
no por inclinaciones ideológicas. Fue por la triste manera de ver al mundo y
por sus barbaridades políticas, que el brillante novelista -según se dice- no
fue galardonado. Parece ser que quienes deciden sobre esta merced se han vuelto
conservadores o menos exigentes. Le otorgaron el Nobel de la Paz a Obama, quien aún no ha
demostrado tener suficientes méritos y, ahora, a un disidente chino. Por muy
justa que sea la honra a Mario Vargas Llosa, tal decisión se enmarca, al
parecer, en esta nueva cultura derechista sueca.
Si el parámetro para dar esa distinción siguiese siendo las
bajas notas ideológicas, Vargas jamás sería digno de semejante honor.
En fecha reciente dijo: "Esta mañana he vivido esa sensación
de asco e ira, viendo al risueño presidente Lula del Brasil abrazando
cariñosamente a Fidel y Raúl Castro". Esta aversión la tiene el Nobel de
Literatura por Daniel Ortega, Evo Morales, Hugo Chávez, Rafael Correa y cuanto
revolucionario exista sobre la tierra.
Marcela -quien es revolucionaria y admiradora de Fidel-
hubiese preferido que no se dijera semejante tosquedad, pero se dijo y fue
publicada en las leídas páginas del diario, ahora derechista, de España, "El
País" y reproducida quién sabe en cuántos medios de derecha de este mundo que
son los más leídos y numerosos. No es para nada un accidente de que estos
dueños de la información del engaño perfecto resalten más las posiciones
ideológicas y políticas del afortunado Nobel que sus méritos literarios.
No le agrada al célebre escritor la amistad de Lula con
Fidel quien es objeto de reconocimiento por todos los líderes mundiales e
intelectuales de mayor renombre: Mandela, Felipe González, Mario Benedetti,
García Márquez, Julio Cortázar, el Rey de España e incontables y prestigiadas
celebridades, de casi todos los premios Novel de la Paz y de la Literatura.
La revolución cubana ha obtenido -y así lo reconocen los
organismos especializados de las Naciones Unidas- logros extraordinarios en
cuanto a desarrollo humano, abolición del racismo, acceso a la cultura,
nutrición, protección a los ancianos y al medio ambiente y mortalidad materna.
Cuba es el país más avanzado de la tierra en los índices de mortalidad
infantil. Cuba ha contribuido a eliminar el analfabetismo en Bolivia, Venezuela
y Nicaragua. Cuba ha operado con éxito a más de un millón de latinoamericanos
de cataratas y otros males de la visión, incluyendo a miles de compatriotas de
Vargas.
A Mario Vargas Llosa -quien tiene un lucero literario en la
frente y rechaza a Cuba y Fidel- no le produjo repugnancia abrazar al
repugnante cómplice de Bush y Tony Blair en la guerra contra Irak que costó más
de un millón de vidas inocentes, José María Aznar. Y le produce simpatía el
terrorista cubano Luis Posada Carriles, responsable del crimen de un avión
donde murieron casi un centenar de deportistas cubanos. Ninguno de los
matarifes, ultraderechistas de este planeta azul le producen rechazo al
exquisito escritor peruano.
Sin duda, hay una feroz y descomunal desarmonía entre la
luminosa creación del novelista con mayor estatura del Perú y sus fobias y
simpatías ideológicas y políticas. Lástima.
Un comentario de un querido amigo de Cuba:
"Mi querido Tomás: te ruego me excluyas de aquellos
peruanos que no están de acuerdo contigo.Me sitúo entre los que quisieran tener el honor de subscribir
tus enhiestas palabras.Y hay varios, en el Perú, que estamos en similar posición:
te cito a Julio Carmona, Carlos Angulo, Dante Castro, J. Garvich, etc. etc.No es posible separar al felón del buen redactor de novelas.
Es mi posición integérrima.
Un abrazo mariateguista y sandinista
Winston Orillo
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