Prodigioso enunciado que va a hacer temblar la filosofía del siglo
venidero. La trágica noticia fue entregada a los hombres por una de las
mentes más luminosas de la filosofía, cuya luz se oscureció el 25 de
Agosto de 1900. Friedrich Nietzsche ha muerto, lo que no significa que
murió.
Si bien es cierto que la proposición Dios ha muerto fue expresada
anteriormente por Hegel en la Fenomenología del Espíritu ésta
correspondía a una concepción muy diferente al significante filosófico
que le dio Nietzsche tanto en “La gaya ciencia” como en su gran obra
“Así habló Zaratustra”.
Dios ha muerto: murió la trascendencia y con ella su relación espuria
con el hombre. Con su muerte empieza el primer paso hacia el
Ubermensch. El supra hombre es un hombre de espaldas a la trascendencia,
no la busca ni la necesita, vivirá su existencia sin esperanzas
escatológicas, sin teleologías, en la insufrible soledad del paraíso
perdido, pero en el gozoso dolor de su volitiva plenitud. Nietzsche
exclama: “Nunca ha habido un superhombre. He visto desnudos al hombre
más grande y al más pequeño. Todavía los dos se parecen demasiado. Aún
al más grande lo encontré-demasiado humano”.
Con la muerte de dios, también muere el hombre; ambas muertes son
necesarias para el hombre vencedor de su propia esclavitud, del hombre
encontrándose nuevamente para que continúe el eterno retorno.
Pero, ¿qué significa este rayo estruendoso que cae sobre la humanidad,
último quejido lanzado por un dios agónico que se disuelve en la
emergencia del “hombre nietzscheano”? Se ha escrito mucho sobre
Nietzsche, desde luego los grandes filósofos del siglo XX han recibido
su influencia y han analizado su obra. Heidegger, Foucault, Deleuze han
aportado bellísimos estudios sobre su pensamiento.
Este artículo no es un análisis de la obra nietzschana. Las palabras de
este escrito son simples, e insuficientes frente a esta obra colosal.
La locura no ha tocado con su gracia a quien escribe. Sólo un loco, en
su maravillosa des-razón puede proferir esta sentencia, Nietzsche lo
sabe, siempre jugueteando con la locura, viajando con ella, como su
sombra. Serán sus palabras las que alumbrarán este artículo.
¡Oigamos, oigamos!
“¿No habéis oído hablar de aquel loco que, con una linterna encendida en
pleno día, corría por la plaza y exclamaba continuamente?:”¡Busco a
Dios! ¡Busco a Dios!”
(…) “¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto! ¡Y lo hemos matado nosotros!
(…) ¿No es demasiado grande para nosotros la magnitud de estos hechos?
¿No tendríamos que convertirnos en dioses para resultar dignos de
semejante acción? Nunca hubo un hecho mayor -¡y todo el que nazca
después de nosotros pertenecerá, en virtud de esta acción, a una
historia superior a todo lo que la historia ha sido hasta ahora!”. Al
llegar aquí, el loco se calló y observó de nuevo a sus oyentes: estos
también se habían callado y le miraban sin entender. Por último tiró la
linterna al suelo que se rompió y se apagó. “Llego demasiado pronto,
dijo luego, mi tiempo no ha llegado aún. Este formidable acontecimiento
está todavía en camino, avanza, pero aún no ha llegado a los oídos de
los hombres. Para ser vistos y oídos, los actos necesitan tiempo después
de su realización, como lo necesitan el relámpago y el trueno, y la luz
de los astros. Esa acción es para ellos más lejana que los astros más
distantes -¡aunque son ellos los que la han realizado!” [1]
En “Así habló Zaratustra se produce el mismo asombro: Zaratustra
dice:”Será posible? Ese viejo santo en su bosque no se ha enterado aún
de que Dios ha muerto”.
La muerte del hombre es sacrificial y dolorosa para Nietzsche, más es un
acto de amor. A pesar de su desconfianza el filósofo ama a los hombres.
Leemos en el Zaratustra: “…y un día se levantó al romper la aurora, se
puso cara al sol y le habló como sigue: “¡Qué sería tu felicidad,
radiante astro, si no tuvieses aquellos para los que brillas!”. ¡Qué
mayor declaración! Más tarde, en su encuentro en el bosque con el hombre
santo Zaratustra le dice: Yo amo a los hombres. Y esta afirmación la va
a repetir varias veces más.
Nietzsche es un hombre atemporal, desde luego no pertenece a su siglo,
tampoco le ha sido auspicioso el que le sigue. Él lo admite con
frecuencia. “Lo que a mí me pertenece es el pasado mañana. Algunos
hombres nacen póstumos, declara en el prólogo del Anticristo, y en el
Zaratustra, lo explicita dramáticamente:
“Me adentré demasiado en el futuro y fui presa de espanto. Y cuando miré en torno ¡he aquí que el tiempo era mi único coetáneo!
Entonces me volví atrás, huyendo con cada vez mayor rapidez –así llegué a
vosotros, los hombres del presente, y al país de la ilustración. Por
vez primera llegué bien dispuesto hacia vosotros, más aún, embargado por
nostálgico afán.
Peo ¿qué me pasó? ¡No obstante mi azoramiento tuve que reir! ¡Nunca había visto nada tan abigarrado!
Reí de buena gana, mientras me temblaban las piernas, y también el
corazón. ¡He aquí la patria de todos los tubos de colores! Me dije para
mis adentros.
¡Con las caras y miembros salpicados de cincuenta manchas estabais sentados ahí, los hombres del presente, con gran asombro mío!
¡Y rodeado de cincuenta espejos que halagaban y reflejaban vuestro juego
de colores! ¡No podríais llevar, los hombres del presente, máscara más
eficaz que vuestro propio rostro! ¡Cualquiera os reconoce!
Cubiertos los signos del pasado y con estos signos cubiertos de nuevos
signos -¡qué bien os habéis puesto al abrigo de todos los intérpretes de
signos!
Vuestros velos son un muestrario abigarrado de todos los tiempos y
pueblos; en vuestros ademanes hablan todos los credos y costumbres.
Quien os quitase los velos y mantos y colores y ademanes se quedaría con lo justito para espantar los pájaros.
(..) ¡Todos los tiempos disparatan unos contra otros en vuestro
espíritu; y los sueños y disparates de todos los tiempos fueron más
reales que vuestra lucidez!”
“Sois estériles; esta es la razón de que no creéis en nada. El creador
siempre ha tenido también sus sueños –verdades y signos luminosos- ¡y
creía en la fe!
“¡Sois puertas entreabiertas donde esperan sepultureros. Y vuestra realidad es ésta: “todo merece hundirse”. [2]
En lo anteriormente citado, “Del país de la ilustración”, también se
vislumbra el pensamiento de Nietzsche sobre las premisas de la
modernidad y su crítica a la razón y los imperativos morales de su
época, el gran debate con Kant que se desprende de sus escritos. Su
desprecio por la moralina, por la absolutización de la ciencia, por las
ideas antropocéntricas los va a relevar en gran parte de sus escritos.
Leemos en El Anticristo: “…estábamos aquejados de esta modernidad, de
una paz pútrida, de un compromiso perezoso, de toda la virtuosidad
impura del sí y del no modernos.(…) Vale más vivir entre los hielos que
entre las virtudes modernas y otros vientos meridionales”.
Y luego agrega: “La humanidad no representa una evolución hacia algo
mejor y más fuerte o más alto, como hoy se cree. El progreso no es más
que una idea moderna; esto es, una idea falsa. El europeo de hoy está
muy por debajo del europeo del Renacimiento; un desarrollo sucesivo no
es absolutamente, con cualquier necesidad, elevación, ni incremento, ni
refuerzo” [3]
También en “Sobre la verdad y mentira en sentido extra moral” Nietzsche
va a volver sobre el mismo pensamiento: “Como hemos visto, en la
construcción de los conceptos trabaja originariamente el lenguaje; más
tarde la ciencia. Así como la abeja construye las celdas y,
simultáneamente, las rellena de miel, del mismo modo la ciencia trabaja
inconteniblemente en ese gran columbarium de los conceptos, necrópolis
de las intuiciones; construye sin cesar nuevas y más elevadas plantas,
apuntala, limpia y renueva las celdas viejas y, sobre todo, se esfuerza
en llenar ese colosal andamiaje que desmesuradamente ha apilado y en
ordenar dentro de él todo el mundo empírico, es decir, el mundo
antropomórfico. Si ya el hombre de acción ata su vida a la razón y a los
conceptos para no verse arrastrado y no perderse a sí mismo, el
investigador construye su choza junto a la torre de la ciencia para que
pueda servirle de ayuda y encontrar él mismo protección bajo ese
baluarte ya existente. De hecho necesita protección, puesto que existen
fuerzas terribles que constantemente le amenazan y que oponen a la
verdad científica “verdades” de un tipo completamente diferente con las
más diversas etiquetas.”
En su obra, especialmente en el Zaratustra, libro de singular belleza,
Friedrich Nietzsche regala a los hombres del futuro, traídos por el
eterno retorno dos dones: La posibilidad del supra hombre y la
transformación por la belleza. Sólo el poder de la estética podrá
construir un hombre más allá del hombre. El ideal helénico, tan caro a
Nietzsche, se envuelve en la idea heraclitiana del eterno retorno en el
camino al devenir. Dionisos baila alegremente entre los hombres. El
debate con Platón se ha cancelado, ha sido superado por el ígneo fluir
del logo del Oscuro. También Heráclito ha vencido a Parménides. La posta
fue tomada por Heidegger, luego Foucault y otros. Lo que falta, está
por construir.
Para concluir este pequeño homenaje al gran pensador alemán cito un
párrafo de Heidegger de su obra “¿Qué significa pensar?”: “…El aprender
no se puede lograr a fuerza de regaños. Y sin embargo en ocasiones uno
tiene que alzar la voz mientras está enseñando. Hasta tiene que gritar y
gritar, aún donde se trata de hacer aprender un asunto tan silencioso
como es el pensar. Nietzsche que era uno de los hombres más silenciosos y
retraídos, sabía de esta necesidad. Sufrió el tormento de tener que
gritar. En una década en que la opinión pública no sabía todavía nada
de guerras mundiales, en que la fe en el “progreso” casi se estaba
haciendo la religión de los pueblos y estados civilizados, Nietzsche
lanzó el grito: El desierto está creciendo…” Este grito escrito de su
pensamiento es el libro que intituló: “Así habló Zaratustra. (..) Un
libro para todos y ninguno.” ¡Que inquietante es la forma en que este
subtítulo de la obra se ha verificado en los setenta años que han pasado
desde su aparición –pero en el sentido exactamente inverso! Llegó a ser
un libro para cualquiera, y no asoma ningún pensante que esté a la
altura del pensamiento fundamental de este libro y su oscuridad.” [4]
Dios ha muerto: ocurrió un 25 de agosto de 1900. Nietzsche nos entrega
una frase imposible: “El hombre es un cuerda tendida entre el animal y
el supra hombre –una cuerda tendida sobre un abismo”. Terrible
pensamiento.
-La autora es Licenciada en Sociología Universidad ARCIS. Diplomada en Estudios Griegos y Bizantinos de la Universidad de Chile
– Artículo enviado a piensaChile por el periodista Jordi Berenguer
Notas:
1. Nietzsche, F. La gaya ciencia, M.E. Editores, S.L. Madrid, 1995, P. 139
2 Nietzsche, F. Así habló Zaratustra, Malinca Pocket, Buenos Aires, 1963, p.94
3 Nietzsche F. El Anticristo, Ediciones Fausto, Buenos Aires,1993, p. 21 y 23
4. Heidegger, M. “Qué significa pensar” www.scribd.com/doc/14425982/Heidegger-Martin-Que.significa-pensar
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