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Chile, arranca nuevo ciclo de luchas sociales: 8 de julio, crónica del descontento 

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Desde el pie. Paulatinamente. Sin prisa, peso sin pausa. Reuniendo lo
distinto, pero fortaleciendo la comunidad de intereses nucleares. Así se
está recomponiendo la fuerza mínima social que el mundo de los
trabajadores y las grandes mayorías nacionales requiere, como  dínamo
inicial,  para cambiar la vida y tornarla más justa.

Las políticas antipopulares del mal gobierno, se resumen coyunturalmente
en el alza del transporte colectivo, el falso reajuste del salario
mínimo; la destrucción creciente de los derechos sociales como la
educación, la salud y la seguridad social; y las privatizaciones de las
sanitarias, los hospitales, las obras “públicas”, el mar, el agua, los
bosques y, eventualmente, fracciones de lo que queda de cobre de
propiedad estatal (27 %) y hasta de Correos de Chile. Las medidas de
Piñera, pavimentadas por los 20 años de gobiernos de la Concertación ,
hoy profundizan el empeoramiento de la sobrevivencia del 90 % de la
población chilena. En el país el 10 % más privilegiado de la sociedad
concentra el 85 % de la riqueza, y el 90 % de la gente, el 15 %.

Por eso el pasado 8 de julio hubo un conjunto de manifestaciones desde
abajo. Expresiones sociales que comienzan a construir el punto de
arranque de un nuevo ciclo de luchas sociales en Chile.

No ha sido fácil. Era absurdo sostener que de manera automática y masiva
un gobierno de la derecha histórica potenciaría la expresión
multitudinaria del descontento, toda vez que los gobiernos civiles post
dictadura destruyeron premeditadamente las organizaciones sociales y
políticas que colaboraron estratégicamente con la salida de Pinochet. El
objetivo de la Concertación, sobre argumentos míticos de un nuevo golpe
de Estado, propició la paz de cementerio y la postergación e hipoteca
de las demandas históricas de las grandes mayorías con el fin de
obstruir el movimiento real de los trabajadores y el pueblo y someterlo a
la obsecuencia ante el capital para bien del patrón de acumulación
instaurado por el régimen militar.

Todavía no hay huelgas generales, protestas nacionales, ni movimiento
popular altamente organizado. Pero los de abajo comienzan a desperezarse
contra toda alienación, terrores y amenazas.

Los Asalariados en el Ministerio del Trabajo

El Comando por los Derechos Sociales y Populares –agrupación que
constela estudiantes, trabajadores y pobladores-, realizó a las 13:00
hrs. del 8 de julio una manifestación en la entrada del Ministerio del
Trabajo y Previsión Social. Los participantes tuvieron la oportunidad de
entregarle un volante con sus reivindicaciones en las propias manos a
la jefa de la cartera, Camila Merino.

Por su parte, la Presidenta del Sindicato de Trabajadores del Banco
Paris, Magaly Soto, señaló que “protestamos por el pobre salario mínimo
aprobado, el alza del precio del transporte, el aumento del precio de
los planes de las Isapres (seguros de salud privados). Nuestros
trabajadores ganan apenas un sueldo promedio de 177 mil pesos (329
dólares)”.

El dirigente del Sindicato del Banco Itaú,  Javier Márquez, indicó que
“estamos cansados de la insolencia de los empresarios y de los aumentos
continuos de los servicios básicos”, mientras que el Presidente de la
Confederación de Trabajadores de Empresas Privadas de Chile (CEPCH),
Rubén Villanueva, argumentó que “el gobierno de Piñera es un nuevo
aliento de todo lo que instauró la dictadura militar en el país. Estamos
frente a una agresión generalizada contra los trabajadores, contra los
salarios directos e indirectos, es decir, contra la salud, la educación,
las jubilaciones. Hoy el capitalismo se debate en una crisis tremenda
en el mundo que inexorablemente llegará al país. Lo que busca el
gobierno es trasladar el costo de esta crisis sobre los hombros de los
trabajadores, y nosotros somos los únicos convocados a restablecer la
lucha y sus organizaciones, para que, como un solo puño, nos levantemos
por fin.”

En otro momento de la manifestación, la Presidenta de la Confederación
de Trabajadores Bancarios de Chile, Andrea Riquelme, planteó que
“deseamos hacer conciencia social frente a los atropellos cotidianos que
sufrimos. Se dice que los números de la economía van a crecer, pero sin
que tengamos más y mejores empleos. Ahora mismo los trabajadores del
Sindicato Proex del BBVA están en plena huelga por un conjunto de
demandas elementales y sólo han recibido respuestas negativas de una de
las instituciones que más utilidades renta en el país y en parte del
mundo. Esta situación resulta inaceptable.”

Francisco Bravo, dirigente de los trabajadores del Call Center Unísono
dijo que “el sueldo mínimo no alcanza para nada; tenemos que vivir
endeudados para estudiar y pagar la educación de los hijos. Y
protestamos porque el Ministerio del Trabajo debería cambiar de nombre y
llamarse Ministerio de los Empresarios, porque rara vez está de lado de
los que vendemos lo único que tenemos: nuestra fuerza de trabajo.”


“El 2013 el pasaje del Transantiago llegará a $ 800 pesos”

El mismo 8 de julio por la tarde, además de realizarse en Santiago
manifestaciones de protesta pacífica y denuncias sociales en La
Cisterna, La Pincoya , Quilicura y otras comunas, una serie de
organizaciones encabezada por la Federación de Estudiantes de la
Universidad de Chile realizó una concentración en la Plaza de Armas y
luego una marcha contra el alza extraordinaria del pasaje del transporte
público.

La estudiante Tania Riquelme –despejándose el cabello negro de los ojos-
expresó que la movilización no sólo era por el aumento arbitrario del
pasaje, sino también “por las demandas populares y contra la
privatización de la educación escolar y universitaria.”

El futuro abogado Camilo Lefort manifestó que el alza del transporte
colectivo “daña groseramente a la clase trabajadora. Debe haber una
reforma en la participación de la ciudadanía a la hora de fijar el
precio del pasaje. Tiene que existir gratuidad para los escolares y una
subvención para los universitarios. El pasaje no debería ser superior a
100 pesos.”

Pero en la movilización también estuvieron los conductores del
Transantiago. El Presidente de la Confederación Bolivariana de
Trabajadores del Transporte señaló que “es injusto que a la gente se le
suba la tarifa por un mal servicio. Hoy el 80 % de las máquinas del
Transantiago está trabajando en malas condiciones de freno, bloqueo de
puertas, espejos interiores, etc. De hecho, hemos tenido una gran
cantidad de accidentes por esta situación. Además,  en el Diario
Financiero ya se publicó que el alza del pasaje llegará a 800 pesos (un
dólar y medio) de aquí al 2013.”

El Presidente de la FECH, Julio Sarmiento, dijo que “este sistema de
transporte no garantiza derechos a los ciudadanos, sino que sólo a los
empresarios. Queremos frenar las alzas.”

Finalmente, el miembro del Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores
(MPT), el filósofo Marcos Díaz, sentenció que “creemos que es importante
generar espacios de unidad de lucha, en la calle. Este es el camino:
empezar a movilizarnos.”

El 8 de julio fue apenas el prólogo de nuevas manifestaciones. Mientras
el frío en Chile agrede a los castigados y vilipendiados,
volcánicamente, desde la plataforma básica del pueblo, comienzan a
conjuntarse las voluntades y la indignación. El reloj popular se
sincroniza contra la mala vida y augura nacimientos y proyecciones, de
menos a más, hacia la edificación de una alternativa política y social
que represente los intereses profundos de la mayoría.

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