Colombia: Factor Antanas Mockus
por Rafael Luís Gumucio Rivas (Chile)
16 años atrás 8 min lectura
Tuve la oportunidad de haber estado en Colombia durante el mes de marzo y parte del de abril y confieso que una de mis pasiones es tratar de estudiar los procesos electorales en distintos países de América Latina. No conocía muy bien el sistema electoral colombiano, que es bastante más complejo que el chileno: la sola planilla electoral contiene más nombres que las Páginas Amarillas de la guía telefónica; entender cómo marcar la preferencia exige capacidades de un verdadero técnico electoral, lo cual hace imposible la expresión de voluntad del menos conocedor de la ciencia electoral. La verdad es que la elección de Representantes fue un fraude, de comienzo a fin – así tuvo que declararlo, incluso, el jefe de los expertos electorales de OEA, Enrique Correa-; en ese entonces me encontraba en la capital del Departamento del Magdalena, Santa Marta y desde allí seguí atentamente el proceso electoral. No era necesario ser muy perspicaz para captar que un alto porcentaje de electores fue comprado por un tamal o por un vale para comprar en el supermercado – cohecho que dominó una parte importante de nuestra historia electoral durante el siglo XX.
No pretendo caer en la prepotencia de estos “argentinos mal vestidos que somos los chilenos”, pues nuestras leyes electorales y nuestras prácticas políticas tienen tantos o más defectos que las del país de Francisco de Paula Santander, al menos, en Colombia pueden votar todos los ciudadanos que viven en el extranjero – inscripción automática y voto voluntario-, cosa que aún no ocurre en la “Beocia” de América Latina, cuya democracia sólo sirve para elegir entre los personajes del duopolio. En Colombia sí hubo dos partidos políticos que efectuaron primarias abiertas, algo casi imposible en Chile, pues no les da la gana a mandoncillos – como fue el caso de Camilo Escalona y Juan Carlos Latorre-.
El caso del Partido Conservador es muy especial: es el más antiguo de la historia de Colombia, pretende ser heredero de los ideales del Libertador Simón Bolívar y había logrado sortear el derrumbe de los partidos tradicionales que otrora se repartían el poder usando como títeres a los electores; en los últimos ocho años los conservadores adhirieron al uribismo que contaba con amplio apoyo popular; cuando la Corte Suprema anuló la posibilidad de convertir a Uribe en, prácticamente, una especie de Chávez de derecha, el Partido Conservador se separó del de la U, que aglutina a todos los uribistas más recalcitrantes. Este paso de los conservadores podría permitirles una pervivencia en el espectro político, a pesar de la decadencia de los partidos conservadores tradicionales.
En las primarias del Partido Conservador lucharon Noemí Sanín – una especie de embajadora permanente de distintos gobiernos y colores políticos, algo parecida a la Virgen de Chiquinquirá, con elegante expresión, de muy buenos sentimientos y de frases y profecías un tanto crípticas, que tanto gustas a los pueblos-; su rival, Felipe Arias, alias “Uribito”, un joven ultraconservador, atractivo y de buena oratoria – una especie de joven UDI colombiano; este candidato que representaba a los conservadores partidarios del presidente Uribe y su continuidad, perdió en unas elecciones, cuyo resultado se conoció bastante tarde y, al menos al comienzo, de dudosa legitimidad-; el enfrentamiento entre Arias y Sanín ha estado plagado de mutuas injurias.
La elecciones primarias del Partido Verde fueron muy distintas: tres ex alcaldes de Bogotá se disputaban la nominación como candidato a presidente de la república: Mockus, Peñaloza y Garzón – es importante anotar que la votación en la ciudad de Bogotá siempre ha sido más favorable a la izquierda que en el conjunto de país-. Antanas Mockus logró triunfar por una amplia mayoría.
Honestamente, debo reconocer que las cosas han cambiado bastante en Colombia en el sentido de que, al menos, la equivocada e inmoral política de la guerrilla, especialmente de raptar personas inocentes, en cualquier carretera del país, está prácticamente controlada, a pesar de los métodos, muy discutibles desde el punto de vista de los derechos humanos, basado en la llamada “Seguridad Democrática”, que emplea el gobierno de Álvaro Uribe.
No parece que aún se haya puesto fin a la brutalidad criminal de los paramilitares, la guerrilla, el narcotráfico y la delincuencia común. Es cierto que todavía falta un buen trecho para lograr eliminar estos flagelos, que han tenido al Estado colombiano en una permanente inviabilidad.
Con las personas con quienes tuve la oportunidad de conversar, incluso las más fanáticas seguidoras de Uribe, estaban de acuerdo con el dictamen de la Corte Suprema que, al no permitir la reelección, evitó que el actual presidente Uribe se convirtiera en un tiranillo de extrema derecha.
A partir del segundo período del presidente Uribe ha explotado una serie de escándalos, como es el caso de las “chuzadas” por parte del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), interviniendo teléfonos de opositores y otros personajes del poder judicial; poca duda cabe de que el actual de este Organismo haya sido dirigido por el poder político. Se agrega, además, los “falsos positivos” (asesinato de pobladores y campesinos a manos del ejército para cobrar recompensa monetaria, inventando que pertenecían a los grupos guerrilleros), además, el aislamiento internacional por violación del territorio ecuatoriano, que en estos días ha provocado una demanda de los jueces del país del Mariscal Antonio José de Sucre, en contra del actual candidato uribista – en ese entonces ministro de Defensa – José Manuel Santos.
Todo parecía indicar que la disputa en la segunda vuelta sería entre el candidato del Partido de la U, Santos, y la conservadora Noemí Sanín, pero a comienzos del mes de abril empieza a surgir el fenómeno Mockus quien, desde un 6 por ciento de apoyo en las encuestas, está llegando, en la última de ellas, a un 31,6 por ciento, asegurando el paso a la segunda vuelta, pues su más cercana rival, la candidata Sanín, apenas obtiene un 16,2 por ciento. En la segunda vuelta, el profesor Mockus tendría un 47,9 por ciento contra un 42,2 de Santos; el número de indecisos es bastante bajo en esta última encuesta, y resta apenas un mes para la elección presidencial.
Cada uno puede pensar lo que quiera sobre las encuestas, pero en el caso de la última elección chilena me demostró que cuando un candidato, en una encuesta muy cercana a la elección, mantiene buenas primeras mayorías en ambas vueltas, la probabilidad de triunfo es bastante grande.
Antanas Mockus es un personaje atípico dentro de la clase política colombiana – episodios como mostrar el trasero en público o golpear a un joven contradictor, se pueden anotar en el anecdotario de este candidato-. Mockus fue dos veces alcalde de Bogotá y rector de la Universidad Nacional de Colombia; es considerado un gran docente y un político de alta calidad moral y transparencia, dentro de una casta que carece de estas cualidades, por consiguiente, nadie critica al ex rector aun cuando no lo privilegie en la votación. Como en muchos países de América Latina – incluido Chile- los electores están cansados de tener que votar por partidos tradicionales, conservadores de izquierda y de derecha, y prefieren caras y pensamientos nuevos que le den un nuevo aire a la democracia. Este es el caso de Mockus, y quizás la explicación surja del agotamiento de oligarquías, que hace muchos años debieran haber desaparecido del escenario político. Lo que está por dilucidarse es saber si clave del éxito del Partido Verde colombiano está más en la negación a causa de la corrupción y anquilosamiento del sistema político o una verdadera propuesta de construcción de un nuevo país, donde los ciudadanos sean los protagonistas.
Los conservadores de izquierda, como el Polo Alternativo, hoy completamente integrado al sistema, han sido repudiados por la opinión pública en dos ocasiones: en las elecciones de representantes al parlamento lograron sólo un 8 por ciento, perdiendo varios escaños, y la candidatura de Gustavo Petro, un brillante senador, tiene apenas un 5 por ciento. Mucha gente coincide en apreciar como muy valiosas las intervenciones de Petro en los foros presidenciales, sin embargo, el pueblo alternativo hace mucho tiempo que olvidó su “apellido” y hoy ofrece muy poco a sus electores.
El Partido Liberal ha perdido toda posibilidad de llegar al poder; lo máximo que se puede decir de este partido es que mantiene hasta ahora una mediocre votación, que no le da para constituirse en un fuerte partido opositor, pero tampoco lo conduce a la extinción y, mucho menos, al basurero de la historia. Los liberales tienes una existencia digna, pero venida a menos – como algunos partidos de la Concertación en Chile, pueden vivir sólo de sus antiguas glorias-; el candidato de ese partido, Rafael Pardo, es la expresión más perfecta del anticarisma – en la última encuesta tiene apenas un 3 por ciento de intención de voto.
Germás Vargas Lleras, del Cambio Radical, de apellidos históricos, tiene sólo un 3 por ciento, sin embargo, es considerado un buen orador y expositor.
En conclusión, en las elecciones colombianas, a realizarse el 30 de mayo, se juega la mantención del uribismo, con un candidato mucho más beligerante que Uribe, o la renovación y el cambio con un candidato que no es de izquierda, pero que plantea ideas progresistas y atractivas.
28-04-10
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