«Si no os convertís, todos pereceréis»
por Leonardo Boff (Brasil)
17 años atrás 4 min lectura
Dice Jesús en los evangelios: «Si no os convertís, todos pereceréis». Dicho de otro modo: «Si no cambiáis de modo de ver y de actuar, todos pereceréis». Nunca estas palabras me parecieron tan verdaderas como cuando presencié la Crónica de Copenhague, un documental de la TV francesa, emitido a través de un canal de pago en Brasil y, supongo, que en todo el mundo. En la COP-15 celebrada en Copenhague en diciembre pasado, se reunieron los representantes de las 192 naciones para decidir la reducción de las tasas de los gases de efecto invernadero, productores del calentamiento planetario.
Todos fueron allí con el deseo de hacer algo. Pero las negociaciones, después de una semana de debates intensísimos, llegaron a un punto muerto y no se decidió nada. ¿Cuáles fueron las causas de este impasse que provocó decepción y rabia en el mundo entero?
En primer lugar, creo que no había suficiente conciencia colectiva de las amenazas que pesan sobre el sistema-Tierra y sobre el destino de la vida. Era como si los negociadores hubiesen sido informados de que un Titanic se estaba hundiendo sin darse cuenta de que esa era la nave en el cual ellos estaban, la Tierra.
En segundo lugar, no se tenía claro que el objetivo principal era: impedir que el termómetro de la Tierra suba más de dos grados centígrados, porque entonces conoceremos la tribulación de la desolación climática. Para evitar tal tragedia urge reducir la emisión de gases de efecto invernadero, con estrategias de adaptación, mitigación, concesión de tecnologías a los países más vulnerables y financiación abundante para estimular tales medidas. La preocupación ahora no es garantizar la continuidad del statu quo sino dar centralidad al sistema Tierra, a la vida en general y a la vida humana en particular.
En tercer lugar, faltó una visión colectiva. Muchos negociadores dijeron claramente: estamos aquí para representar los intereses de nuestro país. Error. Lo que está en juego son los intereses colectivos y planetarios y no los de cada país. Eso de defender los intereses del país es propio de los negociadores de la Organización Mundial de Comercio, que se rigen por la competencia y no por la cooperación. Cuando predomina la mentalidad de los negocios la lógica que funciona, denunciada por muchos bien intencionados en Copenhague, es la siguiente: no hay confianza pues todos desconfían de todos, todos están a la defensiva, no ponen las cartas sobre la mesa por miedo a la crítica y al rechazo, todos se reservan el derecho de decidir sólo en el último momento como en un juego de póquer. De los grandes jugadores, China observaba, Estados Unidos callaba, la Unión europea quedó aislada, y los africanos, las grandes víctimas, ni siquiera fueron tomados en consideración. Brasil mostró coraje al final con las palabras de denuncia del Presidente Lula.
Por último, el fracaso de Copenhague —bien lo dijo Lord Stern allí presente— se debió a la falta de voluntad para vivir juntos y pensar colectivamente. Tales cosas son herejías para el espíritu capitalista enfundado en su individualismo. Éste no está en absoluto interesado en que vivamos juntos, pues la sociedad para él no pasa de un conjunto de individuos disputando furiosamente la mayor tajada del pastel llamado Tierra.
Jesús tenía razón: si no nos convertimos, es decir, si no cambiamos este tipo de pensamiento y de práctica hacia una línea de cooperación universal, jamás llegaremos a un consenso salvador. E iremos al encuentro de los dos grados Celsius de calentamiento, con sus dramáticas consecuencias.
La valiente negociadora francesa Laurence Tubiana al hacer el balance final dijo resignadamente: «los peces grandes siempre se comen a los pequeños y los cínicos siempre ganan la partida, pues ésa es la lógica de la historia». No podemos aceptar ese derrotismo. El ser humano es resiliente, o sea, puede aprender de sus errores y, en la urgencia, puede cambiar. Me quedo con el paciente jefe de los negociadores, Michael Cutajar, que al final de un fracaso dijo: «mañana lo haremos mejor».
Esta vez la única alternativa salvadora es pensar juntos, actuar juntos, soñar juntos y cultivar la esperanza juntos, confiando en que la solidaridad sea lo que fue en el pasado: la fuerza secreta de nuestra mejor humanidad.
* Fuente: Koinonia
Artículos Relacionados
«En Chile la atención de salud ya está privatizada»
por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)
16 años atrás 7 min lectura
Movimientos ciudadanos de derecha
por Ernesto Medina Aguayo (Chile)
20 años atrás 3 min lectura
Presidente de Colombia preocupado por movilizaciones estudiantiles en Chile
por KrohneArchiv
15 años atrás 7 min lectura
Obispo de Bariloche, ante el asesinato de joven mapuche: «Están armando un enemigo”
por
9 años atrás 4 min lectura
Tranzar sin avanzar
por Guillermo Muñoz (Bloque por el Socialismo Revolucionario)
18 años atrás 14 min lectura
Pepe Escobar: Porque la campaña de Lula perdió el contacto con Brasil
por Nima R. Alkhorshid (desde Brasil)
1 hora atrás
09 de octubre de 2026
La crítica que Pepe Escobar hace al PT, al Partido de los Trabajadores, de Lula, es válida para la inmensa mayoría de los partidos políticos, independiente de su color político. Y esto a nivel mundial.
El embajador de EE.UU., Brandon Judd, debe ser declarado «Persona Non Grata»
por piensaChile
18 horas atrás
8 de octubre de 2026
Únase a nosotros en defensa de la soberanía chilena y de nuestros derechos indiscutibles sobre el Estrecho de Magallanes. Firme esta petición para exigir respeto y dignidad ante las relaciones internacionales. Su apoyo es clave para proteger lo que somos.
1096 dias desde el 7 de octubre
por La Base (España)
2 días atrás
07 de octubre de 2026
En el programa de hoy, Pablo Iglesias, Irene Zugasti, Pablo Hurtado y Eduardo García analizan, a tres años del 7 de octubre, la historia de la ocupación y la resistencia palestina, con la participación del analista y activista Daniel Lobato.
El legado de nuestro abuelo Timoteo, parte de la Memoria del Caliche
por Julio Cámara Cortés (Chile)
4 días atrás
05 de octubre de 2026
Tenga plena conciencia que la manera más digna de honrar el legado de nuestro abuelo Timoteo, es continuar trabajando y aportando en la construcción de un Chile mejor, con mayor justicia y dignidad.