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A repudiar la farsa electoral que legitima el golpe de estado en Honduras 

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América Latina se enfrenta a la mayor amenaza para la voluntad y soberanía de los pueblos en décadas. El golpe militar que derrocó al Presidente electo Manuel Zelaya y tomó el poder en Honduras en junio ahora está tratando de legitimar su gobierno ilegal mediante el reconocimiento internacional de las elecciones del 29 de noviembre. Ese reconocimiento daría una luz verde a los partidarios del autoritarismo antipopular en todo el continente, pues quedaría establecido que los golpes militares serán tolerados.
 
El gobierno de EE.UU., aparentando que se oponía al golpe, pretende legitimar mediante elecciones fraudulentas el derrocamiento de Manuel Zelaya, impulsándolo a la trampa de las negociaciones que frenaron la protesta popular masiva.
 
El candidato del Partido Nacional, derecha, fue declarado el ganador de esta elección hecha a punta de pistola. Al igual que Micheletti, los candidatos Lobo y Santos son todos ricos miembros de la oligarquía hondureña.
 
Aunque los funcionarios serviles a la dictadura pretenden maximizar la participación electoral, la oposición ha insistido en que entre el 65 y 70 por ciento de los votantes hondureños no participaron en las elecciones.
 
Era imposible que el 29 de noviembre, se realizara una celebración de elecciones libres y soberanas. Los derechos humanos, libertad de reunión, asambleas y de prensa han sido atacadas en Honduras. La represión bajo el régimen de golpe de Estado ha causado al menos 20 muertos, más de 600 personas heridas y 3.500 personas detenidas. La votación del domingo se celebró en condiciones de la militarización completa del país, con más de 30.000 militares en las calles y la policía se movilizó para intimidar a los opositores del régimen.
 
En esas condiciones, no se pueden realizar elecciones libres y soberanas sino un fraude, como los que vimos realizar en Chile en los “plebiscitos” falsos de 1976 y 1980. Por diez años más, la dictadura criminal de los grandes capitales, bajo la figura del Presidente Pinochet, se prolongó la apariencia de un gobierno legitimado y todo el mundo sabe que fue un régimen espurio. Por eso, los que se definan demócratas no pueden avalar un régimen surgido del derrocamiento de un presidente legítimo y del desconocimiento de la voluntad soberana.
 
Adolfo Pérez-Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, ha dicho: “La comunidad internacional, los gobiernos y pueblos latinoamericanos no pueden avalar las elecciones inmorales e ilegítimas realizadas en Honduras. El gobierno de los EEUU es cómplice y gestor del golpe de Estado en ese país; un golpe realizado para someter al pueblo e imponer políticas de dominación y saqueo en la región. El manifiesto apoyo del gobierno de Obama al llamado a elecciones por la dictadura, es intentar justificar lo injustificable, ocultar y desconocer a la soberanía de todo un pueblo”.
 
Los trabajadores y los pueblos de América Latina y el mundo no deben reconocer jamás las elecciones realizadas bajo un régimen de golpe militar.
 
Por el momento, casi todos los gobiernos de América Latina han declarado que ellos no lo harán.  Por el contrario,  Estados Unidos ha reconocido a un gobierno producto de estas elecciones ilegítimas: "Reconocemos que hay un resultado en Honduras en estas elecciones”. Eso está bastante claro. El apoyo norteamericano a los supuestos ganadores, es la mejor prueba de que el fraude electoral ha sido hecho a la medida de los EE.UU.
La política reaccionaria en Honduras, llevada a cabo por Estados Unidos, aceptada por los gobiernos regionales y llevada adelante por Micheletti, demuestra que la lucha por derrotar al régimen golpista está indisolublemente ligada a la lucha contra los patrones, su personal político-militar y el imperialismo.
 
La experiencia de Honduras muestra, una vez más, que sólo los trabajadores del Continente en alianza con los sectores populares, y con sus propios métodos de lucha, pueden enfrentar consecuentemente al imperialismo, a las burguesías y a las oligarquías locales.
 
En consecuencia, llamamos al gobierno de Chile a actuar por principios verdaderamente democráticos y a desconocer el gobierno que pretenden imponer la oligarquía hondureña y la Casa Blanca.
 
Instamos al gobierno chileno a no dejarse someter una vez más a las presiones de Estados Unidos y a no avalar las maniobras de instituciones serviles a éstos, como es la OEA.
 
El gobierno chileno no debe entrar en tratos y negocios políticos o económicos con vándalos políticos de cuello y corbata, como el usurpador Micheletti y el candidato Lobo.
 
Exigimos una respuesta efectiva de las autoridades chilenas ante esta situación de legitimación de un golpe militar en contra de la voluntad popular. Que el gobierno chileno y otros que se dicen “progresistas” llamen al desconocimiento de estas elecciones, y especialmente lo haga frente al gobierno de los Estados Unidos, que pretende legitimar el golpe. A mantener el congelamiento de las relaciones diplomáticas de Chile con la dictadura de Honduras, que debe quedar aislada en el escenario internacional.
 
Lo que está sucediendo en Honduras es una prueba de que deben ser los pueblos, a través del ejercicio del poder popular soberano, los que ejerzan constantemente el control sobre el aparataje de los estados, llevando a la práctica una verdadera democracia no sometida a los intereses corruptos de las oligarquías políticas y económicas.
 
Ello es una prueba de que no podemos avalar los cambios de mando al interior de las oligarquías; por eso nuestras organizaciones, en Chile,  hemos optado por el voto nulo activo, conciente e informado en las elecciones de diciembre.
 
Llamamos a las organizaciones de trabajadores, a los partidos populares y a los de vocación democrática y progresista de nuestro país, a hacer un alto en la farsa electoral local, para romper el silencio y pronunciarse ante la farsa electoral hondureña, expresando que el golpismo, civil o militar, diplomático o con tropas invasoras, no puede imponerse sobre la voluntad soberana. Y esta voluntad adquiere su perfección, no en las “democracias” vigiladas y sumisas a los megapoderes, sino en la construcción de una sociedad y de una institucionalidad donde los pueblos manden soberanamente. Esa construcción la denominamos socialismo.
 
Llamamos a nuestras organizaciones hermanas a nivel Continental y mundial, a manifestarse, a pronunciarse y plantear similares exigencias a los gobiernos respectivos. 

Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores – MPT –Chile 

Santiago, 2 de diciembre de 2009

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